«¿Los meteoros? Nos hemos acostumbrado a llamar “meteoros” únicamente a los astros errantes, las estrellas fugaces o los rayos. Ahora bien: todos los fenómenos que tienen lugar en la atmósfera responden a este hermoso nombre. El granizo, la niebla y los pétalos de la rosa de los vientos son meteoros, como lo son también la cencellada, la cellisca y el deshielo, el arco iris y el halo de la luna, y como lo son asimismo los silenciosos relámpagos de la canícula, en los que se libera la angustia de las noches de julio; meteoros son, por último, el arrebol del ocaso y los verdes centelleos del alba. Tras devolverles su verdadero nombre a todos estos semidioses alados, también tendremos que devolver a nuestros embotados sentidos su sutileza original. A partir de entonces, todos los placeres de los meteoros volverán a mostrarse accesibles para nosotros».
Marie Gevers pasó toda su infancia en la finca familiar de Missembourg —paraíso verde legendario ya en la historia de la literatura belga—: su casona, su estanque y su jardín son el marco de esta narración fulgurante. En este libro mágico y secreto, en esta joya escondida, caprichosa y llena de encanto, se narra la historia de una iniciación: la de una mirada entrenada para ver el lado misterioso de las cosas. A través de la amorosa observación de la naturaleza que la rodea, con una prosa evocadora y exquisita, y mejor que muchos tratados filosóficos, Marie Gevers nos incita a descubrir la inanidad de nuestros odios o la fragilidad de nuestras aspiraciones; nos devuelve sin cesar a lo esencial, que es el lento ascenso de la vida, a pesar de los cataclismos y los furores.
Marie Gevers (30 December 1883 – 9 March 1975) was a Belgian novelist.
She was born in Edegem, near Antwerp. Educated by her mother, she had a special interest in literature. Very early in life, she composed bucolic poetry, encouraged by Verhaeren. Married in 1908 to Jan Frans Willems and mother of Paul Willems, she dedicated her entire life to her family. In fact, one of the distinctive traits of her poetry was the love of her origins and familial roots.
In 1917 her first anthology, Missenbourg, was published. Later, around 1930, she began to focus on writing in prose: Madame Orpha ou la sérénade de mai (1933), Guldentop (1934) and La ligne de vie (1937) continue this constant interest in the little people and life in Antwerp. Marie Gevers was the first woman to be elected to the "Académie Royale de Langue et de Littérature Françaises de Belgique" (Royal Academy of French Language and Literature in Belgium) in 1938. In 1960, she was awarded the grand quinquennial Prize for French Literature. She died on 9 March 1975.
(from Wikipedia)
Marie Gevers était une romancière flamande qui écrivait en français.
3,5 Tenía las expectativas muy altas con este libro, pensé que se volvería uno de mis favoritos:(. Pero es que se me hizo bastante denso aunque sea cortito. Tiene descripciones súper bonitas, pero debería habérmelo leído mejor y buscando información para poder haber entrado más e imaginarme las cosas mejor. No sé, ha estado bien, pero no lo he disfrutado tanto como esperaba...Es un libro para olvidarte de todo y leer sobre naturaleza e intentar conectar con la forma en lo que te lo cuenta la autora con los cambios de cada mes
Si tuviera que casarme con un libro sería con este.
Parece desliz de vuelta a la literatura de jardines en este libro calendario de observación natural. Pero hay más. La literatura es una ventana a la vida, no solo al ingenio, y está formada de palabras, no de ideas, y esto tendemos a olvidarlo.
Lo digo porque parece ilegítimo cambiar la prescripción por la descripción en materia de frases y conceptos. No tiene sentido para mí enfrentarlos, pero cansa ver a los sentidos claudicar ante la mente. Como si, tomados por sí mismos no nos dieran un fruto provechoso, funcional, o en el mejor de los casos, entretenido. Como si su valor fuera el de adornar la composición, el de llevar a equívoco velando la verdad, perversores del mundo, sucios artesanos de la imagen.
Este libro es lo contrario. Dame observación y un lienzo inteligente, que la naturaleza esculpirá su blasón en el fondo singular de tu memoria. Son árboles, charcas, aves, flores... son personas y animales, la nieve y las mañanas, los paseos, los colores, las auroras, las semanas... todo. Pero no hay virtud en un todo personal y absoluto, no, es un todo personal diminuto. Es cortito (geográficamente). En este lado del mundo esto. Y con esta atención podría nacer un poema en cada región del planeta que haría justicia al ciclo de cambio y la vida verde y animada nos tendría como hijos para siempre.
Recogemos el testigo divino de la poesía oriental y la saboreamos despacio. Doce meses, cuatro estaciones, tantos días que podremos empezar mañana. La tarea del verdadero retrato del cosmos es más justa que la revolución, pues salvaremos el mundo, pero luego ¿Qué podremos decir? "Hablar con un niño de la Naturaleza nunca es en vano".
Y al cruzar el umbral del más allá no nos pedirán historias ni canciones, nos mirarán con ojos de añoranza y mancharemos el don de la palabra explicando, malamente, a qué sabe un sonido, a qué huelen los hombres, cómo acaba el verano...
Marie Gevers pasó toda su infancia en la finca familiar de, donde su casa, su estanque y su jardín son el eje de esta obra. En este libro tan mágico y poético encontramos una joya llena de encanto, donde conoceremos a fondo la naturaleza de esa zona y sus cambios con el paso de los meses y las estaciones. Como buena amante del otoño, mis pasajes favoritos han sido los de octubre y noviembre. Cómo habla Marie sobre el deshoje de los árboles, el olor a tierra mojada, las primeras lluvias y los crepúsculos de la tarde, es una delicia.
A través de la observación de la naturaleza y lo que nos ofrece, con una prosa evocadora y lírica, la autora nos revela que no hay nada más importante que estar en paz con uno mismo y dar valor a los pequeños momentos de la vida.
El placer de los meteoros es una oda a la alegría, al placer y al bien que nos llega a provocar la naturaleza. Un elogio de amor a todos los fenómenos naturales que nos rodean y el valor que debemos tener hacia todo lo efímero para así conseguir estar en armonía con nosotros mismos y nuestra existencia.