“Este libro es un fermento”. Recoge las historias de siete plantas y las derivas de un grupo de mujeres que cultivaron su relación con ellas durante un hondo proceso de estudio. Su encuentro produjo un sistema que teje analogías entre el propio cuerpo y las formas en que se relacionan gentes no-humanas, bien sean plantas, animales, fungi, lugares en el territorio o fuerzas telúricas. Cada texto revela las hambres, heridas y venenos de quien estudia y ofrece intimidad y trabajo, como también secreto y brujería.
“En algunas tradiciones del piedemonte amazónico y del altiplano, al preparar la chicha, se mastica el maíz seco y se lo escupe en un moyo de cerámica. Después se agregan el agua y la panela; la mezcla reposa en un lugar fresco adonde no llegue la luz directa del sol, en espera de que empiece la fermentación...]. En ciertos lugares, a propósito de las mingas o de algún acuerdo colectivo, se prepara una chicha entre todxs. Las personas presentes mascan y escupen en el moyo. Así se declara y se encuerpa la voluntad de juntarse. Cada familia o persona se lleva para su casa una parte de la semilla y esta va pidiendo lo que el cuerpo colectivo y el propio acuerdo necesitan: más materia o más dulzura, más ligereza o firmeza. La chicha habla y muchas veces dice lo que la gente no”.
Plantas narrándose en 1era persona y reflexionando acerca del duelo, el placer, las maternidades, el dolor, la feminidad y la naturaleza. Místico, poético y ecofeminista.
“Conocer la ciclicidad del agua y su eterno retorno en nosotras: somos sólidas, líquidas, vapor, éter, rayo y trueno, orgasmo.”
“Imagino las cicatrices que no veo, las de piel adentro, esas que fruncen la carne, (…) recuerdo que la herida también es umbral, rendija que me permite entrar y salir de mi cuerpo. Paso la mano y agradezco la costura en la piel que teje una geografía propia.”
Cuando yo digo: "Qué libro tan bonito." Me refiero a libros como éste. Es un tejido de belleza entre plantas, mitos, maternidades, no maternidades, seres humanos, investigaciones. Es un ir y venir, o más bien un estar, como el mito, como ese tiempo que no es pasado y que se cuenta como presente, pero que marca lo sucedido. Qué cosa tan bien lograda, hasta las bofetadas te las da con esa sensación etérea.
Un libro profundamente bello, donde estas siete plantas se entretejen entre ellas y en la narración con el mito, con el veneno, con la poesía, con la anécdota, con la investigación. Me encanta que, de alguna u otra forma, sea una evolución de lo que leímos ya en Plantas de ciudad. Seguiré leyendo lo que tengan ustedes para decir y las demás plantas que tenga por contar.