1914. En un pueblecito de montaña vive Angélica, quien a sus treinta años es todavía una mujer ilusa y soñadora. Ha vivido siempre a la sombra de su madre, doña Pilar, y al amparo de la prosperidad que esta supo labrarse. Pero la vida de Angélica dará un vuelco cuando doña Pilar, ya moribunda, le exija el cumplimiento de su última quiere que exhume y aleje los restos de un grupo de soldados franceses, muertos un siglo atrás en una batalla cercana, que fueron enterrados por los vecinos en una fosa común en el pueblo. La anciana teme que, debido a la cercanía de esos restos que considera de hombres condenados al fuego eterno, se pueda contaminar su propia alma cuando la entierren, evitando así el camino hacia su salvación.Angélica se verá arrastrada a una lucha contra el tiempo que le queda a su madre de vida por dar con la solución al problema que la llevará por una senda imprevisible entre vivos y muertos. 10
Angélica y los muertos franceses es una novela muy especial. Aparte de tener una premisa sumamente original y estar escrita de maravilla, incluye una serie de puntos de giro cruciales y muy bien colocados que logran mantenerte en vilo durante toda la historia. El viaje de la heroína que emprende Angélica, que se debe más a secretos y a culpas ajenos que a lo que ella se cree que se debe en realidad (es que no quiero hacer spoilers :)) no sólo está perfectamente trazado, sino que, además, logra modelar a su protagonista con una coherencia estupenda. Súper recomendable, la verdad. ¡Espero pronto la siguiente, Iago! Sin presión :)
Me ha gustado mucho. Entré de lleno en la trama y de hecho, me leí el libro del tirón. La trama, de inicio, es sencilla y fácil de seguir, pero en realidad el autor no da puntada sin hilo y ante la sencillez inicial se esconde una trama llena de reflexiones sobre la vida, sobre cómo afrontar el pasado, sobre cómo conducir el presente, sobre quiénes somos y lo mas importante y mirando hacia el futuro, sobre quiénes queremos ser. Novela corta que atrapa, que te arrastra a reflexionar y que no necesita florituras ni relleno extra para causar impresión. Bravísimo, Iago!