Camila Villegas, en su ópera prima Lo demás es silencio, nos entrega un relato que
es a la vez un canto, un grito y un susurro. Ambientada en el corazón de la Sierra
Tarahumara, esta novela es mucho más que una historia sobre Montejo Lobo, un
exsacerdote que busca restaurar el bien en una comunidad fracturada por la
violencia y el narcotráfico. Es una exploración profunda de las conexiones
humanas, de los sueños compartidos y de los mundos que resisten en las sombras
de la llamada modernidad.
La novela está dividida en tres partes, cada una aludiendo a elementos esenciales
en la cosmovisión y la vida cotidiana rarámuri: el fuego, la tierra y el agua. Estos
elementos, más que simples referencias simbólicas, son los hilos que tejen la
narrativa, dotándola de una profundidad que se siente tanto en el texto como en el
espíritu del lector. Cada uno de los 79 capítulos, por sí solo, podría ser una pieza
literaria independiente, un pasaje lleno de poesía y cadencia que refleja el ritmo
sereno pero incesante de la Sierra, su entorno y su gente.
Camila Villegas vivió durante dos años con las comunidades rarámuris. Desde esa
experiencia nace esta obra, que no solo es un homenaje a ese mundo mágico, sino
también una oda al descubrimiento del otro y de uno mismo. Uno de los momentos
más conmovedores del texto lo describe ella misma: “Quien llega a un campo de
faldas sembrado en el patio, cientos de flores de colores hablantes en la parroquia,
pañuelos en las cabezas, criaturas en las espaldas... quien tiene esa primera
impresión nunca se repone.”
Camila tradujo una vivencia transformadora para ella en un relato que desdibuja
los límites entre lo propio y lo ajeno, entre lo universal y lo profundamente
personal.
La prosa de Camila en cada página es un manjar poético. Cada frase está
impregnada de un ritmo único que evoca el lenguaje y la cadencia de las
comunidades rarámuris, donde las palabras son lentas, contemplativas y
profundamente significativas. Hablar conlleva una responsabilidad tremenda en
esas comunidades. Porque la palabra lo vale todo. Las palabras en la Sierra no se
las lleva el viento, sino que el viento lleva a la gente de la Sierra a mencionar y
repetir la palabra con toda la responsabilidad que eso significa. Los pies ligeros son
el vehículo de los mensajes, y son el lazo más sólido de las comunidades. (Por eso
cuando Reyes “se pierde”, se intuye de inmediato que algo pasó, algo cambió)
Los sueños, por su parte, no son meros fragmentos del subconsciente, sino el
tejido de la vida verdadera: “En los sueños es donde está la vida verdadera, la que
uno quiere, la que uno anhela. Sueños de niños y caricias. Sueños de amaneceres y
trinos. Todos juntos el mismo sueño. Eso quisiera Eulogio que pasara.” Es este
énfasis en lo colectivo lo que eleva a la novela, recordándonos la importancia de
compartir sueños en un mundo que, como los chabochis, tiende a soñar en
solitario.
Y por supuesto el silencio, que atraviesa toda la novela como una constante
poderosa y ambigua. Montejo Lobo y los demás personajes enfrentan no solo la
violencia del narcotráfico, sino también el peso de los silencios no dichos, las
palabras que se arremolinan en las lenguas y no llegan a salir. Como bien ilustra
Villegas: “No es la distancia la que separa a la gente, es el silencio.” El fuego y el
silencio, presentes a lo largo de toda la obra, son símbolos de destrucción y
regeneración, de vacío y de resistencia, de muerte y resurrección.
Leer Lo demás es silencio es enfrentarnos a la fragilidad de nuestras certezas.
Nacer y crecer en una ciudad nos da la ilusión de que conocemos el mundo, de que
entendemos lo importante y lo correcto. Pero Camila , con esta novela, nos invita a
derrumbar ese castillo de naipes y a descubrir que hay otros mundos, otros
universos que viven y resisten. Mundos que alguien como ella nos ayuda a ver, con
honestidad y con amor. Esos mundos olvidados por la historia “universal”, pero
que se niegan a desaparecer.
Esta novela es, en última instancia, un homenaje al ser y al dejar ser. A través de
las palabras, nos sumerge en un mundo mágico y humano, lleno de contradicciones
y belleza, de pérdidas y redenciones. Es un libro que, como la Sierra misma, no se
olvida, se nos queda dentro, a veces en silencio. Al cerrar sus páginas, queda la
sensación de haber descubierto algo inmenso, algo que trasciende el papel y se
queda en el corazón. Lo demás es silencio no solo se lee, perdura. Esta frase de
Sándor Márai que está en algunos de los separadores “Solo obtienes algo de los
libros si eres capaz de poner algo tuyo en lo que estás leyendo” al menos para mi,
fue inevitable al leer Lo demás es silencio. Gracias Camila.