(EPISODIOS NACIONALES, PRIMERA SERIE –NOVELA #7)
Es la única de las diez novelas de la primera serie de la Guerra de Independencia Española, que no es narrada por nuestro gran protagonista, Gabriel Araceli. Quiso don Benito Pérez Galdós contar la terrible historia del sitio de Gerona, pero, al ser éste estrictamente contemporáneo con el de Zaragoza (su novela precedente), y no ser materialmente posible estar en dos geografías al mismo tiempo, se vio obligado a cambiar de voz narrativa, para delegarla, también en primera persona, en Andresillo Marijuán, el joven compañero de armas de Gabriel en Bailén (novela #4), para quien aquél hace todo el relato, desde su punto de vista protagónico, en tanto participante activo en la defensa de esta ciudad. Y en la plática inicial con Gabriel, en la broma de minimizar la tragedia de Zaragoza en la comparación con la de Gerona, dirá Andresillo a Gabriel:
–Dime, teniente de almíbar, ¿en Zaragoza comisteis ratones flacos y pedazos de estera fritos con grasa de asno viejo?
Porque es éste el eje diamantino sobre el que gira esta novela: El Hambre.
La presencia de los cañonazos, la destrucción y el destrozo de los cuerpos –la guerra en sí, con sus vívidos colores–, va a un segundo plano, y su presencia será solo latente, para dar paso a este caballo negro de los cuatro del Apocalipsis, quien campeará por sus respetos en la ciudad sitiada, debilitando a sus heroicos defensores por la falta de comida y la epidemia, hasta convertir a éstos y la población toda en un ejército de sombras desfallecientes, rodeadas de cadáveres.
Entran en esta novela nuevos personajes, vecinos de la infortunada ciudad. El doctor Nomdedeu y su hija Josefina; Siseta y sus tres pequeños hermanos, y algunos otros. El doctor Nomdedeu tiene obsesión con el cuidado de su hija, sorda y choqueada desde el primer sitio a la ciudad, y trata, no sólo de que no le falte la comida, sino de que ni siquiera sepa del nuevo asedio. Siseta y sus hermanitos han quedado huérfanos y Andresillo, enamorado de la muchacha, asume la tutela de los cuatro. Paralelamente al hambre y las enfermedades, los predicamentos, no menos extremos, envuelven a sus personajes, ficticios y reales, abocándolos en enfrentamientos en donde las cuerdas de la condición humana se tensan hasta extremos inconcebibles. Desde la degradación moral del buen doctor Nomdedeu, cuyo paternalismo enfermizo lo lleva hasta el umbral de la antropofagia, hasta el obstinado voluntarismo de ese general de acero, ese don Mariano Álvarez de Castro, comandante de la sitiada Gerona, dispuesto a la prolongar la resistencia a los franceses más allá de lo humanamente posible.
Centrada en esos pocos personajes de ficción, juveniles e infantiles mayormente, la novela cuenta sus peripecias de sobrevivencia en la ciudad sometida a la inanición, sin faltar, en ciertas descabelladas aventuras, un cierto soplo de humor en medio de las penurias, necesario al valor y el decoro humanos cuando se trata de rescatar la dignidad personal.
Gerona finalmente cedió, se rindió. Pero nunca antes de que su histórico comandante de la plaza cayera desfallecido él mismo por la debilidad y los días sin probar bocado. Los franceses entraron, y terminaron el sitio y el hambre. Pero también se ensañaron con los vencidos, en especial con el jefe de la heroica defensa, a quien hicieron prisionero y después asesinaron, en un comportamiento indigno del honor de verdaderos militares, y muy por debajo del de una ciudad que supo defenderse más allá de la hidalguía que el momento histórico reclamaba.