Muro, un joven con un poder que nadie debería albergar, es arrancado de las entrañas del subte, la ciudad bajo la superficie en la que ha crecido y sobrevivido, y arrastrado a la Madriguera. En este complejo de alta seguridad residen algunas de las personas más poderosas y peligrosas del mundo, agentes con habilidades extraordinarias y letales a quienes entrenan para misiones con fines muy particulares.
Por suerte o por desdicha, su curioso y casi imposible origen convierte a Muro en uno de los activos más valiosos de la Madriguera. Allí descubrirá por fin de dónde viene e iniciará un oscuro descenso por los intrincados recodos de su pasado.
En Limítrofes, Cristina Jurado, una de las más brillantes escritoras de ficción especulativa patria, da un oscuro giro a las historias clásicas de superhéroes y construye un mundo lleno de sentido de la maravilla y posibilidades, dolor y pérdida.
Cristina Jurado Marcos es una escritora española residente en Dubái, licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad de Sevilla y Master en Retórica por Northwestern University (EUA).
Es complicado tratar de hacer algo diferente en el terreno de los superhéroes. A día de hoy la frase ¡se ha hecho de todo! viene siendo la más común. También la de esta no es la típica historia de superhéroes. Limítrofes, de Cristina Jurado, se apega absolutamente a la segunda afirmación (y sale airosa), siendo una novela más cercana a la aproximación de los superhéroes que hizo M. Night Shyamalan en su trilogía Unbreakable (El protegido, Múltiple y Glass) y a la visión de Noah Hawley durante sus tres (espléndidas) temporadas de Legión (2017) que a la rama superheroica de masas perteneciente a Marvel o DC. Una novela caleidoscópica cuyo meollo es lo traumático que puede llegar a ser tener superpoderes, situada en un universo que nació con el relato Limítrofes (Obscura. Diez relatos, 2020) y continuó creciendo en otras historias como Muro, incluidos también en la novela, y que al final, forman parte de un todo que la reina del weird en España ha sabido reformular con mucho acierto.
Esta no es la típica historia de superhéroes ¿Cómo te sentirías si tuvieras el poder de transmitir una depresión tan aguda a los demás que los se convirtiesen automáticamente en suicidas? El poder de Lazlo es complicado, un poder que nadie debería tener. Arrancado de las entrañas del subte, una ciudad bajo la superficie en la que ha sobrevivido mientras crecía, es arrastrado a la Madriguera, un complejo de alta seguridad. La Madriguera, una residencia para las personas más poderosas y peligrosas del mundo, agentes de habilidades letales con fines particulares, se entrenan y forman para vender su talento al mejor postor. Allí Lazlo descubrirá por fin de dónde viene e iniciará un oscuro descenso por los intrincados recodos de su pasado.
Combinado explosivo de reflejos Limítrofes no es solo una especie de puzle donde las fichas les cuesta encajar, si no que narrativamente también es un complejo de fragmentos, de saltos temporales entre capítulos y narradores que ofrece información continuamente deslavazada para el lector. Por supuesto, todo tiene un sentido, y realmente debe ser así para que el impacto que produce resolver los acertijos de Limítrofes sea lo más emocionante posible. Al final todo es una especie de combinado explosivo de reflejos, de trozos de espejos que se miran, de laberintos de historias que confluyen en torno a la Madriguera, un lugar marcado para nosotros desde la óptica de los personajes que van apareciendo.
Ramona "la Bocas" puede hablar cualquier idioma a nivel nativo, o Corqui, que puede hacerte olvidar partes de tu memoria, son otros de los jóvenes que acompañan a Lazlo en este complejo, a los que conocemos a través de Lazlo, pero que también nos hablan en ciertos momentos. Como los jóvenes de Misfits, los tres buscan su identidad, su lugar en el mundo, y sobre todo, conseguir aceptar el poder que les ha sido concedido. ¿Cómo aceptas ese poder que te hace daño usar? El dolor y la pérdida tiene a todos marcados de diferentes formas, igual que el lugar que habitan, esa Madriguera, que se erige como extraño escenario, como lugar de mercadería y academia militar, que evita que unos niños especiales puedan tener una vida normal.
Las consecuencias del poder Si eres lector de Brandon Sanderson, conocerás sus leyes de la magia. Si no, te explico. La segunda ley nos dice que los defectos, las limitaciones y los costes son más interesantes que los poderes, Es decir, todo poder tiene su coste, o como dice el antiguo adagio, todo poder conlleva una gran responsabilidad. Por ejemplo, ya que estamos hablando de superhéroes y Sanderson, en su trilogía The Reckoners, cada poder sobrenatural tenía una especie de punto débil. Aquí, Cristina Jurado, utiliza algo parecido, pero como ha hecho con toda la novela, lo retuerce un poco. Los poderes de los personajes de la novela tienen consecuencias asociadas a sus características, como migrañas, discapacidades o incluso no poder tocar a nadie.
Eso hace del poder algo más interesante, por que usar sus poderes les causa daño o dolor a los protagonistas, convirtiéndose en una especie de antihéroes trágicos. En un mundo de espíritu ciberpunk, hostil, sucio y oscuro, ostentar semejante capacidad es un arma de doble filo que, por supuesto, hay personas, entidades políticas y económicas están dispuestas a aprovechar (y dominar) a cualquier coste. Aquí el poder lo ostenta el puro capitalismo, el que puede costear comprar esos servicios. Sin embargo, eso hace que nuestros protagonistas pierdan cualquier atisbo de moral o humanidad, por que la Madriguera los desarraiga, les quita todo derecho a elegir y los convierte en soldados ciegos que solo obedecen ordenes.
Realidad en la ficción Dice David Calpa en su reseña que como buena historia de género, nos encontramos con un trasfondo en el que el uso de lo fantástico permite hablar de lo cotidiano. Por que más allá de ser un futuro distópico o algo que nos queda demasiado lejos, diría que el escenario de Limítrofes es todo lo contrario, uno de futuro cercano, donde existen esas zonas marginales que nadie ve y donde el poder lo ostentan aquellos que tienen el poder monetario para hacerlo. Y si, es una novela de superhéroes que rompe esquemas, pero también es un retrato social occidental bastante cercano centrado en la psique, más aproximado de lo que plantea The Boys, de lo que sería tener poderes sobrenaturales en estos días. Aquí no hay grandes peleas ni borbotones de sangre, si no una historia íntima, repleta de giros, en un escenario social reconocible, pero a la vez, de viñeta.
Desde que era pequeñito me fascinaban todas aquellas historias de superhéroes. Esas en las que un tipo común descubría tener una habilidad única que le diferenciaba de los demás y que ponía a disposición de la sociedad para hacer del mundo un lugar mejor, pese a que las consecuencias de sus acciones repercutieran en su propia realidad. Ese don y esa maldición puesta al servicio de lo correcto implicaba admirar a aquellos personajes con los que soñaba entre las paredes de mi cuarto, imaginando lograr algún día esa virtud reservada solo a los grandes seres de los cuentos. Cristina Jurado cuenta en Limítrofes una historia diferente, en donde nos presenta a seres humanos dotados con ciertos talentos dentro de una sociedad cercana, muy alejada de aquellas metrópolis donde lo maravilloso se respira entre columnas y estatuas de diáfano marfil. Este certero detalle ensombrece cada una de las páginas de la historia acercándola a unos terrenos mucho más inquietantes, oscuros y, sobre todo, reconocibles. Porque los dones de sus protagonistas se sienten cercanos, alcanzables, lógicos. No son seres con la capacidad de alzarse a los cielos, atravesar paredes o lanzar hechizos que cambien la realidad a su antojo. En limítrofes, la verosimilitud de los poderes otorgan una cierta ventaja evolutiva a los personajes que les permiten hablar varias lenguas, influir en los demás o pasar desapercibido entre las multitudes. Dones fantásticos cuyo uso implica tener que pagar un elevado precio que les atormenta. Y es ahí donde Cristina aprovecha su premisa, confusa por momentos, plagada de personajes que entran y salen en la historia, que muestra varias perspectivas y líneas temporales, ocultando sus verdaderas intenciones a los supuestos héroes de la historia, y a los lectores, para ir conformando un armazón que funciona a la perfección cada vez que les quitas las capas de fantasía para desvelar la realidad que esconde limítrofes. Porque, como buena historia de género, nos encontramos con un trasfondo en el que el uso de lo fantástico permite hablar de lo cotidiano. Los personajes que habitan en Limítrofes sufren las consecuencias de sus actos y les atormentan hasta el punto de tener que buscar ayuda en un sistema que les quiere sumisos, débiles y, como no, al límite. De ahi que traten de rebelarse contra una realidad que les atenaza desde lo único que les permite sentirse vivos, la amistad, la lealtad o la mera sublevación de querer un mundo mejor en sus entrañas. Esto permite a Cristina Jurado explorar los terrenos de la salud mental, las adicciones, los cuestionamientos éticos o la mismisima responsabilidad parental. Y es que la realidad camuflada de ficción siempre fue más terrible de asimilar porque trata de esconderse entre capas de lo fascinante y de lo maravilloso. Pero las sombras que la cobijan suelen mostrar una profunda oscuridad que, aquellos que disfrutamos de los superhéroes, nos negamos a ver.
A través de un punto de partida inicial muy Alan Moore, con toques new weird de Miéville, «Límitrofes» nos cuenta la historia de Muro y todos los otros miembros de la Madriguera, una organización secreta de gente con superpoderes. Però va molt més enllà d’això, acaba sent una reflexió sobre com el capitalisme ho devora tot, fins i tot aprofitant-se de la teua salut mental per fer negoci. El hecho que sea fix-up provoca que la cosa sea un poco más confusa, que tardes un poco a volverte a ubicar, y que en algunks tramps eches de menos una trama más sólida. Igualment, però, és una lectura molt entretinguda i que es llegeix amb un sospir. ¡Me encanta el personaje de la Bocas, muy divertido! Highly recommended!
Me ha gustado mucho la vuelta de tuerca que le da a la historia de los superhéroes, superhéroes que son contratados por una agencia, la “Madriguera”, para temas un poco más “oscuros”… unos superhéroes más humanos de lo que a simple vista pueden parecer, con sus cuestionamientos internos y ansiedades. Me he quedado con ganas de saber más, de conocerlos más.
Está es una novela no muy extensa de ciencia ficción sobre superhéroes, pero tratada de una forma distinta, y es que en este mundo creado por Cristina Jurado, tener poderes no está muy bien visto. Con un tono oscuro, entraremos en un mundo parecido al nuestro pero llevado al límite: los ciudadanos de segunda viven en el submundo subterráneo, un entorno duro y cruel donde vagabundean para sobrevivir. Conoceremos a Muro, un joven que por sus peligrosísimos poderes, se ve arrastrastrado a la Madriguera, una organización secreta que educa y entrena superhéroes. A través de las vivencias de Muro en la Madriguera, iremos conociendo a otros personajes con poderes y sus duras experiencias. Sin embargo, no he conectado emocionalmente con ninguno de los personajes. Mientras que podríamos pensar que está ambientado en un futuro distópico, por otro lado nos hace reflexionar sobre lo parecido de nuestra realidad: esas zonas marginales que nadie quiere ver ni reconocer y de las que una vez que entras es muy difícil salir. El estilo narrativo me pareció algo frío, rápido y con muchos momentos de acción. También me parece importante reseñar que mientras la trama empieza muy bien con la historia de Muro, luego la sentí diluirse a través de las historias del resto de los personajes.
Si os gustan las historias oscuras sobre superhéroes que desde jóvenes son entrenados para convertirse en asesinos, desde luego esta historia es para vosotros
Muro es llevado a la madriguera para entrenar su poder, uno que lo convierte en un arma letal y limpia. Aunque la agencia que lo recluta esconde sus secretos.
Oscura, dura y brutal. Cuando fui a la presentación me hizo reaccionar esta obra con The boys, pero nada que ver salvo que hay gente con poderes. Me has gustado la trama, los personajes y el novedoso sistema de habilidades que poseen los protagonistas.
Esta historia me parece un ejercicio de escritura impresionante, muy difícil de ejecutar, del que la autora sale muy bien parada. Mi más sincera enhorabuena.
hoy vengo a hablaros de Limítrofes esta oda distópica a los súper héroes y a la salud mental de Cristina Jurado que nos llega de manos de Obscura editorial.
Y como hablaros de Limítrofes y explicaros que tenéis que leer esta historia sin haceros un spoiler …🤔 Lo voy a intentar
Nos encontramos con una historia que nos habla de unos “héroes” atípicos, chicos y chicas adolescentes con talentos, pero que por las circunstancias de su propia vida y de su entorno, pasan del rechazo y los abusos al auto odio, las autolesiones; que están fracturados, sobreviviendo de pedazos en el Subte y en La Madriguera, el lugar donde les “adiestran” para convertirse en “superhéroes”.
Conoceremos a Lazlo, nuestro protagonista que vive en el subte, la zona más marginada de la tierra No ha conocido a sus padres y lleva cuidándose solo desde que tiene memoria. Es un personaje joven, tierno, abandonado y gris, y entre todo lo que es, tiene un “talento” destructivo y letal. Por ese talento será buscado, perseguido y deseado. Y conoceremos también al resto de personajes que lo acompañan en este camino: Abril, Corqui, La bocas, Etc y el Alpha del grupo que da las órdenes.
Es una historia dura y oscura que nos habla de supervivencia, marginación, explotación y de la cara más ingrata de la humanidad. Cristina ha creado un mundo único que merece ser descubierto y su narrativa te envuelve y no te suelta, metiéndote en la cabeza de cada uno de los personajes.
“La organización se reconoce como el agujero que da cobijo a seres limítrofes, criaturas improbables que existen en este plano dimensional por accidentes caprichosos de la naturaleza y de los hombres, a medio camino entre la realidad y la leyenda, como especi-menes conservados en formol y puestos a trabajar para sacar rédito de su imposibilidad misma.”
Una narrativa sin ritmo alguno, no hay inicio, nudo ni desenlace, son cosas que pasan sin más.
Gasta todas las balas de su misterio resolviéndolo en las primeras cuarenta páginas.
Una deconstrucción floja que te repite como cinco veces "esto no es una historia de superhéroes, esto es la vida real" cuando lo único que hace es repetir otros tropos y clichés quemados en los últimos 40 años.
Personajes planos.
Hay potencial en las ideas, pero la estructura como de relatos cortos pegados al final no permite que vayan más allá.
Limítrofes es una novelette de ciencia ficción que te arrastra al lado oscuro de la sociedad y te muestra que, a veces, los verdaderos monstruos se esconden en la superficie.
Esta historia narra la vida de Muro, un chico con una habilidad inquietante que vive en el subte, un lugar asfixiante, agónico; un lugar donde la decadencia se vive en todos sus sentidos. Cristina lo describe de forma que hasta el olor de la podredumbre traspasa las páginas. El subte se encuentra bajo la ciudad y allí malviven o, mejor dicho, sobreviven las personas repudiadas por los de arriba. Un día, alguien se lleva a Muro a la Madriguera, donde aprende a controlar su habilidad de una forma un tanto cuestionable, pero también conoce la amistad junto a Bocas.
Muro me ha gustado mucho. Es un chico joven, pero con una fuerza y un valor extremos. Tlotlo me ha parecido una mujer extraordinaria. Sobrevive con Muro en el subte. Tlotlo habla en plural y se comunica con sus rastas igual que si fueran una persona. Además, tiene un sentimiento de protección hacia Muro maravilloso. Bocas me ha fascinado y la forma que tiene de ver el mundo, le hace ser un personaje muy especial y divertido. A lo largo de la trama también nos encontramos a Corqui o a Alpha, que regalan a la historia unos giros muy interesantes.
Aunque este libro tiene un trasfondo de actos cuestionables y nos narra la historia de un chico con una habilidad brutal que lo atormenta y que está inmerso en un mundo lleno de gente que lo repudia, pero también que lo ama, Cristina nos muestra la otra cara de la maternidad, los lazos familiares, la pena, el sufrimiento, la desesperación y la busca de identidad. Una historia que le da un giro oscuro a las típicas historias de superhéroes.
Una de las frases que más me ha gustado: “¿Qué más quieren? No hace falta ser experta en torturas para comprender por lo que ha pasado, aunque no entiendan ni por un segundo qué se siente cuando quienes tienen el control sobre tu vida te utilizan como un lienzo en blanco para sublimar sus instintos más bajos.”
En definitiva, siempre es un placer leer a Cristina. Tiene la habilidad de mostrarte la humanidad en todas sus vertientes. Te hace sufrir, pero también te hace disfrutar con cada una de sus historias. Así que solo me queda felicitarla una vez más por esta abrumadora narración, a Obscura Ediciones por tan magnifica edición y a David G. Vaquero por tan espectacular cubierta.
Limítrofes fue una de las novelas que me traje del festival Celsius 232, un trabajo al que le tenía muchas ganas desde su lanzamiento así que a penas abrió el puesto de Obscura, fue la primera compra que hice en España. Es un libro escrito en tercera persona presente, un narrador que hace mucho tiempo no leía y que, reconozco, yo personalmente aún no domino como lo hace Cristina. Cristina Jurado, bautizada en España como la reina del weird, hace gala de todo su talento y herramientas como escritora para contarnos una historia de “metahumanos” que duele con cada página que leemos, y no me refiero a que duela en el mal sentido así que me explico. La vida en el “subte” duele, una aterradora versión de los submundos presentados en mundos cyberpunk como Akira, Alita o Ghost in the Shell. Hostil, sucia, oscura, volátil, desgarradora. Adornada con el brillo ilusorio del neón que acompaña siempre al género. Los poderes duelen, porque los talentos de estos “metahumanos” les hacen daño, les causan un dolor que les impide en muchos casos desarrollarse como seres humanos, por ejemplo “Muro” uno de los personajes de la novela tiene el poder de causar una depresión tan grande a quien toca que la victima cae en el suicidio en cosa de minutos (aterrador), pero para ser efectivo, Muro debe estar bajo una depresión fulminante de manera constante (aún más aterrador) El pasado de los personajes duele, cubierto de misterio, sacrificios, sueños rotos en mil pedazos y esperanza vacía, como duele el recuerdo de Nina. El gran antagonista, la madriguera, una entidad sin rostro que da caza a los niños de extraños poderes para volverlos armas biológicas (palabras de la autora con las que concuerdo al 100%) y poner un precio elevadísimo por sus servicios, negando a los niños de toda posibilidad de tener una vida normal y ser consumidos por la bestia disfrazada de un “colegio especial”. Cristina tiene estilo para escribir, mucho estilo y no tiene miedo de saltar en el tiempo, hacernos entrar en un capítulo escondiéndonos información, jugar con lo que quiere contarnos y hacernos correr por su novela en busca de las respuestas que tanto necesitamos. Nada mas que felicitarla, invitarlos a leer la novela cargada de oscuridad que le da un giro al género de super héroes que yo no había visto nunca, me encantaría que Cristina expandiera aún más el universo que a mí me encanto.
"Limítrofes" es una novela que rompe con los esquemas clásicos de las novelas de superhéroes, planteándonos una visión muy interesante de cómo podría ser una sociedad con personas con poderes. Dejando a un lado la visión de los superhéroes como personajes todopoderosos, dándonos la oportunidad de ver cómo puede cambiar fácilmente la perspectiva de héroe a antihéroe y mostrándonos el lado oscuro que se esconde tras la responsabilidad de ostentar semejante poder, cómo afecta esto a nivel mental, y de qué manera siempre habrá personas dispuestas a aprovechar los dones de otros para sacar rédito, tanto económico como político.
Hasta la mitad del libro, más o menos, me ha resultado una lectura muy amena, con una narrativa fluida a través de la cual se nos presentan unos personajes y un mundo de lo más prometedores. Sin embargo, hacia la mitad del libro el estilo narrativo cambia, pasando de una narración contínua a que cada capítulo sea un fragmento de historia, con saltos temporales entre capítulo y capítulo y usando diferentes narradores. Algo que me ha descolocado un poco y que ha impedido que disfrutara del desenlace tanto como me hubiera gustado teniendo en cuenta el buen arranque y el gran planteamiento socio-distópico oculto entre sus páginas.
Una lectura breve que te insta a reflexionar, con un mundo tan prometedor que no me importaría volverlo a visitar para seguir desentrañando sus secretos.
Lo que le pedía al libro eran poderes chulos y un poquito de dudosa moralidad con los mismos, y en ese sentido, he tenido justo lo que quería.
La ambientación es muy chula, y me habría interesado saber mucho más de algunos escenarios (el Nido o el subte al final solo sirven de fondo de pantalla, más que de algo con lo que interaccionen de verdad los personajes), aunque el plato fuerte no deje de ser en realidad la organización en sí y cómo se va dejando calar poco a poco.
La narración de Jurado ayuda a ese goteo de información deslavazada, por estar dada desde la óptica de los personajes de forma marcada, y ha sido interesante de leer. De forma personal, no mi tipo de narración favorita, por los saltos, pero para los gustos, los colores. Eso sí, .
Esta no es la típica historia de superhéroes, ni por asomo. La autora nos muestra una sociedad algo decadente en la que ciertas personas tienen poderes. Se nos muestra sobre todo el lado oscuro de esos poderes y de lo que cuesta mantenerlos. Una fina línea entre el bien y el mal seguirá de cerca a nuestros personajes constantemente.
¿Qué sucedería en una sociedad como la nuestra si esto fuese posible? Creo que todos sabemos la respuesta a esta pregunta. Vendrán los que quieren aprovecharse de esos poderes de manera mezquina. Política como económicamente. Y está más que claro que solo serían personas dignas de estudio y experimentación, para convertirlos en monos de feria.
La primera mitad de libro está muy bien, engancha que da gusto y se nos permite seguir todos los pasos de nuestros protagonistas. Pero casi a la mitad, esto cambia y los saltos temporales y cambio de personajes sin saber cual es cual y eso ralentiza la lectura, creando una confusión un tanto complicada. Creo que de este mundo distópico se podría haber sacado algo más. Mucho más.
Cierto es que estamos ante un libro muy original, con altos y bajos, pero no puedo ponerle mala nota porque lo que cuenta no lo suelo ver en todos lados. Ni esa oscuridad, ni los poderes. Ni si quiera sus protagonistas, porque son muy únicos. Y son de las cosas que más me han gustado.
El género de los superhéroes aún no está muy tocado en el mundo de la literatura y es una pena, porque este espacio sin explorar podría dar unos frutos muy interesantes. Estaré a la espera por si la autora nos quiere regalar algo más sobre este mundo que ha creado y que seguro que es capaz de expandir.
Comienzas a leer y lo primero que te encuentras es una frase de 3 palabras. Muro es Veneno. Si con eso no te sienta el tono de la obra, no pasa nada, solo hay que seguir leyendo. Una historia muy oscura de gente con superpoderes, reclutados en una organización y vendidos como armas al mejor postor. Los poderes me parecen super originales y el hecho de que tengan una implicación para el usuario, en la mayoría de casos bastante mala, le da toda la chicha al libro. Pasas de un chaval que puede matar con tocarte a un chaval que tiene que vivir constantemente en una situación de abusos muy chunga y de vivir en un constante estado mental deplorable para poder usar ese poder.
Conforme avanza cada vez es un poco más raro y turbio y, aunque tengo bastante claro que hay muchas cosas que se me han escapado del final, me tenía enganchadísimo y me leí las últimas páginas de una sentada completamente abstraído de lo que me rodea. Ayuda mucho que su extensión es de menos de 200 páginas y que tiene un muy buen ritmo en cuanto a la exposición. Eso sí, toda la situación de los personajes se puede hacer un poco dura en algunos momentos si eres muy empático.
Si los superhéroes existiesen hoy, sus vidas se acercarían mucho más al retrato que se hace de ellas en ‘Limítrofes’ que a cualquier otra cosa que haya visto/leído sobre el tema. Cristina Jurado ha construído un universo en el que los poderes sobrenaturales traen aparejadas, principalmente, dos cosas: marginación social e interés político-económico por mercantilizar dichos poderes en beneficio de una causa concreta, sean cuales sean las consecuencias. No importan las muertes provocadas, ni siquiera el sometimiento a una esclavitud inhumana que supone para el superhéroe; solo importa inclinar el tablero a tu favor. ‘Limítrofes’ es un libro muy intimista. La narración no se sustenta en lo que pasa si no en cómo se sienten los y las protagonistas. No hay grandes peleas ni capas ondeando heroicas; hay depresión y reflexiones sobre el lugar que se ocupa en un orden social dado.
Me da pena, porque la prosa aquí es súper lírica justo como a mí me gusta y la autora tiene unas ideazas que es como si sacara de mi cabeza justo lo que quiero leer y me lo pusiera delante, pero como con Del naranja al azul, luego el desarrollo no es el que yo esperaba. Lo que más me ha gustado: la prosa y La Bocas, magnífica.
Lo que menos: que se queda muy por encima, picotea un poco de todos lados, pero siento que no termina de desarrollar ninguna trama y el final no lo he entendido. ¿Era Alpha o quién?
Pensé que este libro era una novela, pero es un fixup. De capítulo a capítulo pasan meses, años. Hay varias clases de narradores, muchos protagonistas y situaciones.
O sea, un fixup.
Me gustan especialmente el primer capítulo/cuento, y el del narrador en segunda. Creo que a la autora se le dan bien los narradores en segunda.
Al principio me he sentido un poco perdida (mi culpa, no de Cristina) pero poco a poco me he ido metiendo en la cabeza de los personajes, especialmente de Muro, y he quedado fascinada por la narración, las imágenes en mi cabeza y, cómo no, el final.