Un 3,5 para esta segunda novela negra de Anita Blackmon.
Como en Asesinato en el Hotel Richelieu, el leitmotiv es un "quien es el asesino?" donde la acción transcurre en un hotel con la misma protagonista/detective, además la metodología de las pesquisas también son muy similares repitiendo esquemas, cosa que le resta cierta sorpresa. A pesar de ello la autora consigue engancharte en la trama y crear una ambientación hasta inquietante en ciertos momentos puesto que introduce toques de espiritismo. Así que por lo adictiva que es y la narrativa tan dinámica de la autora aunque la pongo un poquito menos que la anterior novela por lo de la repetición de patrones lo cierto es que me lo he pasado muy bien con su lectura.