Sófocles, uno de los tres grandes de la tragedia griega, hizo más de cien obras, hace más de dos mil años. Hoy se conservan siete, lo cual es, en sí, una tragedia 🙄. De esas siete, tres pertenecen a temas Tebanos, una a temas de Heracles y tres a temas Troyanos. Electra pertenece a éste último grupo pues aborda un momento específico en el contexto posterior a la guerra de Troya. A su regreso a Micenas, Agamenón es asesinado por su esposa Clitemnestra, y su primo, Egisto (que para entonces ya se daban cariño). Orestes, el único hijo varón, siendo un niño es enviado al exilio. En el palacio crecen las hijas, Crisótemis, que más bien está resignada, y Electra, que anhela el regreso de su hermano para vengar el asesinato de su padre. En éste contexto, Sófocles realiza un prodigio teatral maravilloso, crudo, salvaje, violento, con un ritmo extraordinario, fuerza dramática y, al mismo tiempo, una belleza chingona. Sófocles rondaba los ochenta años cuando hizo ésta chulada, que es toda contraste. La obsesión de Electra por su padre muerto y su frustración al no poder vengarlo ella misma por su situación de debilidad a base de marginación y maltrato al que fuera sometida luego de revelarse y, por otro lado, Crisótemis, resignada a seguir con su vida con lo que queda, sin apenas intervenir, es ejemplo de ternura y rabia tan real, tan actual que parece inconcebible. Clitemnestra es mostrada aquí en una situación de envilecimiento absoluto. Así, Sófocles se erige como un autor en cuya obra descansa gran parte de nuestra comprensión de la tragedia y de sus implicaciones filosóficas, religiosas y hasta psicológicas. Chulada total 🧡