C. C. Bergius spent most of his youth rumbling around in airports, until he became a pilot. He did numerous missions during the last war that made him an expert on Luftwaffe.
It was after the WWII that Bergius started to write and he is the author of five books.
Uno de los llamados "Bestsellers de fantasía" no por el género fantástico, sino por obra en sí, el producto resultante de la editorial que la publica, en este caso, Planeta, muy dada a esos trucos baratos para mal propulsar autores que no se dedican a escribir al 100% y atraer lectores en la época de los 80 a la que pertenece esta edición. Veamos, su autor, un alemán oscuro literariamente (no se encuentra nada sobre él en la red, si acaso en alemán) profesor de vuelo y piloto de avión meteorológico, creó una historia personal, de entrada, o sea, más bien escrita por y para él exclusivamente. La investigación sería algo para hacer notar, de no ser por la soporífera narración, básica y que no conlleva ningún interés en seguir leyendo: personajes planos y predecibles, descritos desde la primer línea, y con exhaustiva descripción de su guardarropía, me obligaron a abandonar esta novela en la página 110 (lo siento, señor Bergius, mi tiempo es más valioso ahora) pero me di una vueltecita por el final, y no me arrepentí: es una historia terrible, que seguro decepcionará al lector que se haya chutado las 382 páginas (de esta edición, en el acomodo de uno de bolsillo serían más de 500) un libro extenso que no lleva, literalmente, a ninguna parte. No fue la época (es una de las que más me apasionan, la Conquista y el encuentro de los dos mundos) pero los personajes navegan continuamente con el Deus ex machina, lo que es en extremo irritante. No daré spoilers, pero el final hace que nada de lo que haya ocurrido, desde el principio, haya tenido algún sentido, y eso desvirtúa enormemente la obra de Bergius y lo exhibe como muy mal narrador, sea cual fuere su intención al darnos este batidillo de Historia cruda con una historia que quizá funcionara para los niños. El libro llegó a mis manos por accidente, así que por fortuna me ahorré algún dinero.