Estamos ante una de esas obras que convierten en arte lo que en cualquier otro relato sería un defecto: el no pasar nada. La novela de Dino Buzzati, aquí magníficamente adaptada al cómic, se construye sobre la espera, sobre el tedio convertido en protagonista absoluto. Los militares de la fortaleza Bastiani vigilan un desierto que nunca trae la guerra que esperan, un acontecimiento capaz de dar sentido a su sacrificio. Esa promesa difusa, encarnada en los tártaros que jamás aparecen, simboliza todos esos ideales vitales que imaginamos como salvación, como ese ascenso, ese amor, esos hijos que devolverán ilusiones, y que rara vez se cumplen.
El guion transmite con fidelidad esa monotonía que vacía las vidas de los personajes y las condena a una obediencia ciega, absurda, hasta que ya es demasiado tarde para recuperar el tiempo perdido. El dibujo acompaña con acierto: sobrio, sombrío, detallista en uniformes, paisajes y decorados, acentúa la sensación de vacío, desolación y absurdo. El lector se ve atrapado en el mismo tedio que ahoga a los protagonistas, un aburrimiento que se transforma en angustia existencial.
Esta adaptación reafirma la fuerza simbólica de la obra original y demuestra que el cómic puede ser un medio idóneo para transmitir esa atmósfera opresiva. Una lectura que refleja como un espejo de arena la condición humana: esperar siempre algo que no llega, desperdiciando la vida en esa espera.