¿Cuál es la distancia que separa una obra de arte valiosa de la que no lo es? ¿Acaso es una mera cuestión de gusto, de bagaje, de canon, de accesibilidad, de marketing? Juan Cárdenas aventura en este libro una teoría: «Todo gran arte trae consigo la marca de la ligereza». No es tan fácil distinguir lo ligero de lo pesado, pero hay algo que está claro: la fuente primordial de la ligereza es el placer. El arte da placer no porque imite a la vida, sino porque es capaz de traducir sus leyes secretas al lenguaje de las formas sensibles. Y la vida es ligera, fugaz, esquiva, grácil, vulnerable y resistente de un modo inexplicable.
En su afán por desentrañar este concepto, el autor nos lleva de la mano por una serie de cuestiones esenciales para reflexionar sobre lo que hoy consideramos digno de admiración, ya sean las modas, lo militante, las inercias del mercado, la posibilidad de la utopía o el lado oscuro de uno de los mantras de la sensibilidad contemporánea: la búsqueda de la autenticidad. Un recorrido original que acaba por ser, además, una manera de esclarecer los mecanismos de su propia escritura.
La precisión y la afabilidad de su prosa, la plasticidad de sus ideas y su deslumbrante capacidad para exponerlas de una forma tan sencilla como profunda hacen de La ligereza un ensayo estimulante y fértil, una grieta luminosa en el imperturbable territorio de lo mayoritario.
Juan Sebastián Cárdenas Cerón (Popayán, Cauca, 1978) es un escritor colombiano, autor de las novelas Zumbido (451 editores, 2010. Reeditada por Periférica, 2017), Los estratos (Periférica, 2013, Premio Otras Voces, Otros Ámbitos), Ornamento (Periférica, 2015) y El diablo de las provincias (Periférica, 2017, Premio de Narrativa José María Arguedas, 2019).
Publicó también el libro de relatos Carreras delictivas (Editorial Universidad de Antioquia, 2006/ reeditado por 451 editores, 2008). Asimismo es autor de numerosas traducciones.
Entre sus traducciones más notables se encuentran autores como William Faulkner, Thomas Wolfe, Gordon Lish, David Ohle, J. M. Machado de Assis y Eça de Queirós.
Lo he llevado varios días en el bolso, leyéndolo entre cafés. Seguiré releyéndolo, pero desde ya tengo que rendirme a la evidencia: envidio profundamente el cerebro de Cárdenas. Sí a todo.
Extrañamente, me ha gustado mucho la combinación de ensayo con autobiografía. No he sentido que la parte autobiográfico fuera una manera de legitimar su voz sobre ciertos temas. El libro trata varias cosas, pero me quedo con el concepto de ligereza que propone (duh se llama así el libro) y las herramientas y necesidad de construir un arte revolucionario y con fe
Entre los ires y venires de una búsqueda exhaustiva de identidad, de lo dejado y encontrado en el territorio adornado por el paisaje, de la impotencia (o el absurdo) de la fundación, de la utopía y lo atávico, hasta los esfuerzos (¿en vano?) de reducir la masa del arte para que no sucumba a la gravedad, y flote. Así se siente este libro.
Un mestizaje de géneros que combina ensayo, relatos y autobiografía, dando sentido tanto a la estructura como al contenido de la obra.
Cárdenas, con su magistral capacidad narrativa, desarrolla puntos concretos que nos llevan flotando, ligeros como una pluma, a través de hipótesis que a ratos acordamos y en otras ocasiones debatimos con intensidad. Una lectura muy recomendable
Este libro tiene varios ensayos donde uno ve la variedad de temas, lecturas y registros de los que es capaz Cárdenas. Es de esos libros que dan ganas de leer más libros, lo que es bueno. Y cuando a uno ya se le olvidó, de repente se acuerda de que, cuando se lo propone, Cárdenas es capaz de escribir tan pero tan bonito. Los ensayos sobre Bárbara y Lorenzo García Vega hacen que el volumen no solo sea interesante, sino también conmovedor. Creo que eso lo hace ligero. O tal vez no, no me acuerdo, pero me gustó.
Señor Juan Cárdenas, le pido disculpas por apresurarme a calificar esta obra, recién en la última parte pude apreciar como un todo el profundo y enriquecedor análisis que hace sobre el arte contemporáneo, con sus logros y fallas. Este libro me resultó muy interesante y aprendí varias cosas, tanto en el análisis de autores latinoamericanos (sus ideologias y el planteamiento de las mismas en la estructura de sus obras), como en herramientas de construcción de lo revolucionario en una época opresiva. GRACIAS! Me fascinó, ahora necesito más ✨️💸🙏🏻💸✨️
Lo que más me gusta de Cárdenas, esté de acuerdo con él o no, es que su literatura, como sus obsesiones, siempre apunta a la fuga, a la rebaba, a la inconclusión. Encontré este librito estimulante y, por ocasiones, bastante divertido. El sentido del humor de la escritura de Juan es una característica que siempre me ha fascinado. Y, aunque se sintió un poco extraño, tal vez por la novedad, tanta autobiografía al final, de sus dos últimas publicaciones este librito es, sin lugar a dudas, mi favorito.
Comencé fascinada con su escritura y he terminado agotada y con cierto desconcierto. Si en vez de incluir 4 ensayos hubieran publicado el libro con uno solo, con las 25 páginas que ocupan "La Ligereza" (el primero) habría puesto 5 estrellas y recomendado este hermoso y atípico ensayo. Pero el resto del libro, a mi parecer, no contiene esa esencia y se transforma en algo muy contrario, pesado y alejado. ¡Cuánto siento que haya tanto contraste!
Divagaciones escritas de una manera muy bella, casi poética, con conexiones inesperadas e interesantes. El libro comienza con mucho ingenio hablando sobre la capacidad del arte para ser ligero, narrado hábilmente como una historia de esas que mantienen 100% atención, con ideas de aquí y de allá sabiamente enlazadas. "Todo gran arte trae consigo la marca de la ligereza [...] El gran arte siempre parece flotar". ¡Fantástico!
Pero en cuanto deja el tema de la ligereza del primer ensayo, los siguientes se me han hecho tremendamente pesados e insulsos, y sobre todo, muy alejados de este concepto de la ligereza. No he encontrado esta magia en el resto del libro...
No se trataba de una cuestión de paisaje como de territorio, que es una cosa bien distinta. El paisaje es una invención romántica y, por tanto, una fantasía bucólica que sublima y disfraza un proyecto de dominación. El territorio, por su parte, es una sedimentación de experiencias y saberes dentro de una geografía concreta. El territorio es una creación colectiva; el paisaje es el resultado de una perspectiva individual, incluso en términos puramente técnicos y pictóricos, el paisaje es un único punto de vista. El territorio, en cambio, sólo sucede gracias a la simultaneidad de muchas perspectivas.
Cada vez me gustan más estos libros híbridos entre el ensayo, la biografía y la autoficción. La ligereza de Cárdenas es una colección de reflexiones acerca del arte y de la literatura, adobadas con historietas propias y ajenas. La intención es quizá no tenerla, simplemente escribir; la tesis no hay que buscarla, basta con dejarse llevar a través de un diálogo peripatético sugerente y muy entretenido. Tiene este libro mucho de divagante, pero, oiga, cómo divaga Cárdenas, como los propios ángeles.
Su lectura me ancló al sitio, luego me obligó a preparar otro café para seguir viajando con el autor por los países a los que nos lleva su teoría y su práctica, y luego llegué tarde a trabajar porque tenía que venir aquí a recomendarlo.
Chévere. Me gusta la idea de obra de arte como ligereza, aunque el ensayo se hizo pesado a ratos. Es inevitable en Cárdenas cierta inclinación al cinismo también: cómo que se queda corto y juega esa carta y pierde. El último escrito me pareció medio sentimentaloide.
Es un libro de ensayos interesante, siento una suerte de juegos entre el uno y el otro que no termino de entender por completo. me gustó el último eso sí.
Cuando habla de sí mismo cae en el exotismo vanidoso que tanto desprecia en sus ficciones. Por momentos, suena como a Serrat romantizando un linaje, en este caso el africano. En una improbable autoetnografía de las condiciones materiales de producción del autor, podríamos ver que solo el privilegio académico o profesional permitiría esa aspiración. Por eso la errancia de Cárdenas, por la selva o las turbias genealogías familiares, como refugiado político (posiblemente un formalismo) o académico becado con "cara de italiano promedio", es una aventura sin consecuencias. Nunca se pone en riesgo un lugar social ni artístico, al contrario, se cimenta.