Un magnífico ensayo. Claro, contundente, bien soportado, premio Jvellanos de Ensayo 2024, nada menos. No gustará a todos, y mucho menos a los amigos de la postverdad pero es lo que hay, y alguien lo debe decir así de claro. Por mi parte, lo suscribo íntegramente. Dice todo lo que a mí me gustaría explicar a la gente que me ve como políticamente abyecto, provocador, cuando menos, y siempre bajo la sospecha de una etiqueta de algo que no soy pero que les encantaría ponerme con alguna razón si la tuvieran, todos aquellos que no se ven respaldados en lo que ellos creen porque para eso se lo han inventado, su realidad sentida. Yo simplemente detesto el postureo, el embuste y el absurdo juego de la corrección política, que tiene vicio en las dos palabras del sintagma, pues ni es correcto, de hecho está a tomar por saco de serlo se mire por donde se mire, pues es un invento y un atropello a la razón, y, bueno, político sí que es, politizado mejor. Si viene de un calco del bárbaro “polite”, no me resulta educado tampoco todo el trampantojo de esa generación que, ora por ignorancia y creerse megainclusivos, inclusivas e inclusives, o de esa paranoia identitaria de no sé cuántos géneros, no admitiendo que en la vida real hay dos sexos y listo, sea cual sea la orientación de cada cual, no sé cuántas nacionailidades, como la catalana y otros adoctrinamientos, etc., U ora por el afán de imponer, censurar y cancelar, al más puro estilo del Gran Hermano orwelliano, usando y abusando del prójimo, de la buena persona que cree que eso es lo que toca, e inventando una realidad para después, si no estás con ellos, tildarte de intolerante y no sé cuántas patrañas más surgidas de esa cultura Woke tan estúpida como impuesta. Porque esto va de populismos y extremos, de radicalismos, en los que una supuesta izquierda radicalizada y supuestamente progre salida del 15 eme se iguala en valores a una ultraderecha igual de populista e insulsa. Los extremos, como casi siempre, se tocan.
En fin, que el ensayo lo define muy bien y yo lo suscribo punto por punto. Además, finaliza en un tono conciliador que deja resquicios para alguna suerte de esperanza que nos redima de tanta estupidez.