Regalo de Patri - he pasado el libro analizando por qué me cuesta tanto conectar con la historia. Ahora q lo he acabado, creo q lo sé: de contar lo que él cuenta, yo lo contaría d una manera muy parecida. Supongo q se siente violento q alguien ajeno describa con tanta facilidad cosas q uno aún no ha verbalizado
Alexis tiene una mirada muy personal y una escritura muy estimulante. Lo que cuenta me interesa, pero quizá hubiera agradecido más espacio para desarrollarlo. Una cosa si es clara, quiero leer lo próximo que escriba
Alex (Alexis a partir de ahora, supongo) y yo somos amigos por y a pesar de muchas cosas. Una de ellas es haber compartido piso, otra es tener que separarnos y cuidarnos desde lejos. Alex ha escrito un libro sobre la facilidad de dejar de cuidar si se ve como una imposición que te obliga a dejar de pensar también en ti mismo. Lo ha hecho desde la voz de un hijo que tiene muchos problemas y ninguno es su madre. Desde la vida de las mujeres que sostienen el resto de vidas. Me gusta mucho Leche de pantera a pesar de ser de Alex (Alexis a partir de ya, os lo prometo), a pesar de haber leído cada una de las versiones que ha escrito y de todo los que nos une. Esta última versión, la que ya se considera libro porque existe, la he leído como alguien ajeno a él, intentando entenderlo todo como si no supiera nada.
La voz del protagonista es de una elaboración bestial y es consecuente todo el rato con lo que quiere contarnos. Esa consciencia nos hace entender su ausencia como consecuencia de una sobre presencia de la familia como catedral pero nunca como casa durante un tiempo en el que todo su mundo cobra sentido y lo pierde en un mismo lugar. Siempre he pensado que una madre y un padre lloran su divorcio por la sensación de fracaso, no por la pérdida del amor. Alex (Alexis) explica esa visión del fracaso del pasado a través de las vidas presentes. La ausencia del protagonista es la ausencia de su padre en cuerpo y de su madre en todo menos cuerpo. La abuela es algo así como el centro de algo que no tiene centro. El casco antiguo en un pueblo que no tiene otra cosa que no sea casco antiguo porque todo lo demás está a medio construir.
Alex (Alexis, por dios) dice varias veces “en diez años caben” y en esa premisa está la permanencia de las amistades que mantiene su protagonista. Midiendo el tiempo en décadas sostienes la amistad y controlas lo que puedes o no contar y recordar. Las décadas sirven para entender el amor de una madre, que es una deuda porque “ser hijo es ser rehén” y podemos pasar toda la vida intentando entender, querer y perdonar a todas las versiones de nuestra madre que hemos conocido porque es lo mínimo, pero no lo único, que tenemos que hacer. Ser hijo es convencer a alguien de que no es dios, de que no lo puede ver todo, saber todo, estar en todos lados, solucionar todo, quererlo todo, serlo todo. Ser hijo es convencer a alguien de que dios no existe.
Leche de pantera es una copla como las que explica Millanes en Tan jóvenes y la pena (que tiene mucho muchísimo que ver con este libro, por eso comparten editorial y editor) donde el conflicto irresoluble viene después de que las tres voces principales cuenten su pena, sean jóvenes o no. Como siempre, todo se reduce a la herencia, que es una imposición. El provincianismo es una herencia y no hay herencia buena. Si los ricos lloran el impuesto de sucesiones, los pobres lloramos la imposición de la herencia acumulada. Alex (me rindo) habla de todo esto en un libro que se lee rápido pero llega con reverb. Además, siendo egoístas, es mi amigo y hay algún que otro párrafo en el que dice cosas nuestras y eso es precioso.