Cuando Robinson se sentó a la mesa, Jimmy se dirigió a mí:
-¡Ajá! -dijo-. Ningún hombre es una isla.
-Algunos lo son -dije-. El único suelo que comparten está sumergido en el mar. Si las palabras tienen algún sentido y si las islas existen, entonces algunas personas son islas.
Con el correr del tiempo me fui transformando en un adicto a las novelas que publica La Bestia Equilátera, una editorial distinta, fresca y por sobre todo, original.
Tiene la costumbre de editar a aquellos escritores que han sido olvidados, que son ignotos pero excelentes, que tal vez escribieron pocos libros pero de gran factura o que son casualmente lo que esta editorial pregona: la originalidad.
Cada vez que compro uno de sus libros me sorprendo y este no fue la excepción. Seguramente, muchos lectores conocen a esta interesante escritora escocesa llamada Muriel Spark. Yo reconozco que no, pero seguramente no es fácil encontrar material suyo editado. Por suerte está LBE.
Leyendo sobre la autora, descubro que es tuvo una obra fecunda que abarca novelas, comedias, libros para chicos y hasta obras de teatro y que este es su segundo libro.
Es de destacar el sorprendente despliegue que hace en la trama con una economía de personajes notable: tres náufragos que sobreviven a un avión que camino a las islas Azores, se estrella en una isla remota llamada "Robinson", cuyo propietario es un misterioso personaje que también se llama Robinson.
En primer lugar, Spark le rinde ciertos honores al más famoso rey de su isla que se llamó Robinson Crusoe, creado por Daniel Defoe, pero por otro lado también se puede asociar a Robinson con el príncipe Próspero de la novela "La tempestad" de William Shakespeare que también incluye a náufragos.
Por el otro lado, nos regala una novela que encierra suspenso y que en cierta manera se desdobla en primer lugar en las complejas relaciones humanas que se dan entre los náufragos, January Marlow (qué casualidad, el apellido de un personaje de Joseph Conrad), Tom Wells (el apellido recuerda a H. G. Wells) y Jimmie Waterford y su anfitrión, el misterioso Robinson, con una personalidad que se puede asociar a otros personajes también misteriosos de las novelas de Verne, como Robur el conquistador o el capitán Nemo, que siempre encierran un secreto inabordable.
No debemos olvidar de mencionar a Miguel, un niño al que Robinson tomó como protegido y que lo ayuda con los quehaceres de la isla. Este personaje también tendrá preponderancia en los futuros acontecimientos que se desatarán en la segunda mitad del libro.
La segunda parte de la novela se pone aún más interesante ante la supuesta desaparición de uno de los personajes principales, lo que desatará aún más sospechas entre los que quedan en la isla y es aquí en donde la autora pone más énfasis.
La posibilidad de que se haya cometido un asesinato posiciona a cada personaje en un lugar incómodo. Todos desconfían de todos y el lector no sabe con quién quedarse o a quién creerle, puesto que se disparan teorías disímiles que incluyen también el suicidio.
Seguramente leeré otros libros de Muriel Spark que tiene la "chispa" (su apellido significa chispa en español) que enciende el interés y la intriga en el lector gracias a una narrativa muy cuidada y que hace hincapié en los momentos justos para atrapar al lector.
"Todo sistema que no contemple lo inesperado y lo inoportuno es una basura." dice January.
Me quedó en la mente esa frase. El sistema narrativo que utiliza Muriel Spark se enfoca precisamente en lo opuesto y creo que allí reside el sentido de esta novela.