Llevas un mes viviendo en el departamento que fue de tu padre, aquel que siempre vivió distante de ti, a quien pocas veces viste, ahora que ha muerto te vas a vivir quizá ilegalmente al departamento, sin tener la certeza que te lo haya heredado, porque no has visto testamento alguno. Tú eres una asaliarada que hace home office de lunes a domingo por lo que no logras percatar en qué día vives. Al ser nueva en el edificio y no tener el mínimo interés de entablar conversación con nadie vives encerrada en esa burbuja, en ese espacio de escasos metros cuadrados. Mishima mishimiau, el gato que ahora tienes que cuidar juega con la enredadera que poco a poco ha invadido tu espacio, esa que viene de la gente de arriba. Si no les importa poner su ruido a altas horas de la noche, al no saber que mañana trabajas a las 7 de la mañana, no les preocupará podarla. Aún sin conocerte esos vecinos invaden tu vida. Aunque tú no quieras, así como el edificio completo contiene y existe por cada uno de los departamentos, tú tendrás que interactuar con ellos porque al otro día hay una junta vecinal en la que se hablará de un tema delicado. Pero esa hoja impresa con wordart que te remonta a tus trabajos escolares que contiene el aviso de dicha reunión, no será vista por ti hasta que conozcas a tu vecino Serguéi, aquel a quien Mishima mishimiau corre a festejar que ha llegado. Y por intentar meter a tu gato, tendrás que entablar conversación con él.
¿Quieres saber que más ocurre en esta historia llena de secretos, en esta metáfora urbana que logra transmitir lo podrida que está la sociedad a través de la alegoría de un edificio de departamentos?
Te invito a leer este maravilloso relato contado en segunda persona y lleno de tanta crítica, que te moverá emociones, te hará reír y te hará empatizar al grado de experimentar sensorialmente lo que estás leyendo.