Los muertos a veces insisten, pueden seguir actuando, activando relaciones y transformando nuestro presente, que era un futuro que les importaba. Para hacerlo, necesitan que prolonguemos su existencia de otra manera. En las cinco historias que narra con inteligencia y sensibilidad la filósofa Vinciane Despret, esa otra manera son las obras de arte. Con la particularidad de que son obras por encargo y en espacios públicos, en las cuales los difuntos devienen "nuestros muertos en común". Un grupo de adolescentes desorientados, sus amigos accidentados, y dos obeliscos en una plaza; o un profesor de historia apasionado, dos víctimas políticas de un crimen judicial, y un monumento al final de un paseo público; o las cenizas esparcidas de un doctor, excombatientes, unos comandos asaltados por la espalda por el ejército alemán en 1944, y un puente en un barrio pobre de inmigrantes… En todas estas historias el protagonista es el proceso a través del cual los vivos, los muertos, y una obra de arte, se transforman y se apropian mutuamente creando una comunidad no reaccionaria, cosmopolítica, una "democracia de iniciativa" en la cual, como afirma Despret, lo común se vuelve un verbo.
Vinciane Despret is a Belgian philosopher of science, associate professor, at the University of Liège, Belgium. First graduated in philosophy, she studied psychology and graduated in 1991. She is most known for having provided a reflexive account on ethologists, observing babblers in the Negev desert and the way they would interpret those birds' complex dance moves. She is considered to be a foundational thinker in what has now become the field of animal studies. More generally, at the heart of her work lies the question of the relationship between observers and the observed during the conduct of scientific research. Despret affiliates herself to such critical thinkers in philosophy and anthropology of science as Isabelle Stengers, Donna Haraway and Bruno Latour. She undertakes a critical understanding of how science is fabricated, following scientists doing fieldwork and the way they actively create links and specific relationships to their objects of study.
"«De un modo que sume»: cuando el gesto de dicha apropiación enriquece la obra o, como propone Bruno Latour, cuando 'suma a su belleza'. Esta es la razón por la cual me he apegado tanto a estos actos de apropiación. Me tocan por su sabiduría y su imaginación. Hacen perceptible el hechode que esas obras, por efecto del encargo que las hace existir, devienen 'cosas que habitar'. Vuelven la obra más interesante debido a esos intereses que se agregan. Hacen historia por los relatos que suscitan. Había escrito en otro momento que los muertos nos convierten en fabricantes de relatos. En efecto, es a menudo con esos relatos que los instauramos, que los mantenemos junto a nosotros, que los honramos, que se perpetúa la conversación —con los gestos también, por supuesto, desde el más banal hasta el más imaginativo, como volver a ver fotos, escribirles cartas, rasguear una guitarra que les perteneció, ir de pesca por ellos, hacer que se esparzan las propias cenizas en el lugar donde uno perdió a sus compañeros, retomar por cuenta propia un conflicto que unos muertos no habían terminado, o incluso citarse con un difunto en una pequeña aldea toscana...—. Pero los relatos que convocan a los muertos hacen mucho más de lo que yo imaginaba entonces —y los gestos también. Hacen existir otras cosas, vínculos inéditos, relaciones entre heterogéneos a través de la creación de alianzas y afinidades, apegos nuevos".
Entre con unas expectativas que rápidamente se derrumbaron. Esperaba un libro con un énfasis más fuerte en los aspectos misteriosos, medio mágicos, de los encargos, de los momentos en que los muertos los hacen. En su lugar es una narración muy práctica, protocolaria incluso, del proceso de llevarlos a cabo, de construir sus significados, ampliarlos y derrumbarlos.
A pesar de que no fue lo que esperaba, hay algo muy hermoso en las formas en estos procesos devienen, se profundizan y hacen comunión con el mundo. Es muy reconfortante, y a su vez muy comprometedor, que el trabajo jamás termina, que no puede hacerlo, y que, justamente, ese es el punto.