¿Se puede narrar la tragedia que nos funda? ¿Existe el verbo que pueda articular su condición de verdad? Un accidente en una ruta uruguaya es el centro de gravedad alrededor del cual giran los sobrevivientes de esta novela fragmentaria, vibrante, ectoplasmática. Con una sensibilidad cruda, erizada por los filos del humor y la poesía, la protagonista y narradora de El deshielo sale a la caza de ese vacío y en su intento de nombrarlo, de, al menos, trazar una silueta que lo contenga, se desensimisma para reconocer que las ruinas son siempre algo más que ruinas, y que, como decía Calvino, algo crece y hay que darle espacio. Los fantasmas nunca están donde esperamos que estén. Nosotros tampoco estamos donde creemos que estamos.
Leticia Moneta nació en Buenos Aires en 1980. Es doctora en Letras por la UBA. En 2006 Alberto Laiseca, Florencia Abbate y Silvia Hopenhayn le otorgaron el primer premio del Concurso "Las letras y el dibujo", organizado por la Fundación Deloitte y el Ministerio de Cultura de la Nación. En 2007 fue una de las finalistas del Concurso Literario Manuel Mujica Lainez, organizado por la Municipalidad de San Isidro. Desde 2022 es una de las responsables de Refucilo editora.
No es otra novela sobre el duelo. La narradora sigue el hilo de su propia historia a partir de lo que le narraron, buscando llegar a eso que nunca le respondieron: ¿cómo fue el accidente en el que murió su madre y su padre quedó cuadrapléjico? Cruda, directa, ácida. No hay forma de no simpatizar con la narradora.
El deshielo va buscando escondrijos, se pierde en hilos invisibles, se atasca y de pronto sale a borbotones por donde nadie espera, pero siempre busca salir, aunque sea lento y tortuoso el camino Siempre es mejor que quedarse anquilosado inmóvil , petrificado, eternamente anclado en un abismo de nubes Creo que darle alguna forma aunque sea brutal, despiadada,tragicómica lo nombra, lo hace visible, lo convierte en poesía Esto es para mi la novela que los autores dejaron trascender y compartir
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Es obvio que no hay pretensión de objetividad posible en esta revisión. Por lo mismo hay más picazón y rememoria, fascinación y un pelín de horror. Para el resto de las lectoras, yo creo que este episodio/ novela, en su cotidianeidad un poco resignada del “había que hacerlo” funciona un poco como una roadie a lo Wenders, pero rioplatense. Hay muchos, muchos visos de un más-allá-de-acá, que te hacen sonreir por lo metafísicos, como los tangos. Y el juego permanente con el policial que la vida misma no deja tejer
Una novela tremendamente ágil, cuyo misterio entre la realidad y la ficción te agarra intensamente. Y con mucho gusto me he dejado llevar por todos esos fragmentos de espacio y tiempo que unidos acaban por ofrecer la solución de la "no solución", precisamente porque todo lo que Leticia y Felipe proponen me lo creo, me gusta y me deja con ganas de más preguntas. Acaso porque siento que en la vida pocas son las respuestas y muchas las cuestiones, siendo precisamente este constante misterio el combustible que nos impulsa, y para el cual El deshielo actúa como un perfecto aditivo.
Gracias a ambos por esta increíble experiencia literaria (y también personal), y espero que en el futuro nos encontremos en otro de vuestros libros ;)