La abuela-Äggma dijo a toda la familia que nadie regresara a la cueva de las lágrimas hasta que hubiéramos superado el dolor en nuestros estómagos. Que no desenterraríamos el cuerpo cubierto en sal del abuelo-Ölbö hasta que no desapareciera en nosotros la punzante sensación de pérdida que había causado su muerte.
El cazador ha muerto. Su familia, consternada por su temerario enfrentamiento en solitario contra el dios deambulante, intenta encontrar consuelo en las historias, secretos y recuerdos que ha dejado el cazador, desenterrando relatos para arrojar luz y esperanza ante un duelo que les consume.
Y en la oscuridad de la cueva de las lágrimas, Älma, la nieta del cazador, comienza a contar una historia. Iluminada por un fuego nunca antes presenciado por el valle de la sal ni por el dios deambulante. Esta es una novela fragmentada-colectiva inspirada en la prehistoria paleolítica, en el ensayo La teoría de la bolsa de la ficción de Ursula K. Le Guin, y en la vital importancia de encontrar y contar nuevas historias.
Daniel Badosa Moriyama (Madrid, 1989) es licenciado en psicología, editor y escritor de relatos y novelas. Trabaja como editor de libros en un centro cultural de Madrid y además imparte clases de escritura creativa online a través de su web https://sigue-escribiendo.com/.
Ha publicado relatos en revistas literarias como Weird Review, Mordedor, Grafografxs, Pulporama, Sofón, y en la antología «Historias Phantasticas» (El Transbordador, 2023). En 2024, también de la mano de El Transbordador, publicó su novela de fantasía inspirada en el paleolítico “Así fue la muerte del cazador.”
Ha ganado el primer premio de los certámenes de relatos “Allende Sierra VII”, “Historias de Japón” del 2023, y la 3ª edición de «El yunque literario» en la categoría de fantasía. Vive actualmente en la sierra de Madrid junto a sus mujer y sus dos hijos mellizos
El cazador ha muerto y mientras su cuerpo descansa sus familiares examinan sus recuerdos descubriendo diferentes facetas del difunto y de ellos mismos.
Directo, emocional y contundente. Un tema complicado abordado con sutileza y cariño.
Descubrí al libro y al autor en el celsius, me interesó mucho como describió el libro: fantasia prehistórica; y me lo compré sin dudarlo. Me ha gustado mucho, sobretodo como escribe el autor.
Conocí a Daniel por Twitter, gracias a la adicción que tenemos por el flavor y la narrativa del juego de cartas Magic: the gathering. Entre muchos correos y una absurda admiración de mi parte hacia su trabajo (ha escrito varias novelas y una infinidad de cuentos) Daniel me permitió la idea de hacerle algunas ilustraciones. Me emocioné mucho porque es la primera comisión que he tenido en este ámbito. Eso me llevo a devorar el libro y a ponerle máxima atención a las imágenes que crea. El libro es bellísimo. Habla de la virtud de contarnos historias a nosotros y a los demás, habla del valor de las comunidades diversas y la posibilidad de aprender de aquellos que son distintos a nosotros, encontrar fuerza en sus búsquedas. Terminé fascinado con los personajes, el world building (de fantasía prehistorica, algo muy inusual por sí mismo), la narrativa cruda y llena de mantras. Es genial y lo emocionante es que desde las primeras cincuenta páginas, ya tenía claras varias ilustraciones porque la novela tiene una identidad muy única.
Redonda historia multifrgmentada en relatos contados por varios miembros de una familia, interconectados por un hecho luctuoso en común, y ambientada en un mundo prehistórico fantástico.
Reseña completa a partir del martes 25 de febrero de 2025 en nuestro espacio web:
Me senté en una presentación de la editorial en el Celsius, iba por otro libro, que de hecho ya me había comprado, pero quería ver que más había y este me llamó bastante la atención. No sabría decir si fue el hecho de que fuera fantasía prehistórica, la explicación respecto al dios deambulante y todo el tema de los fuegos en el estómago o algo distinto lo que me hizo click, pero me gustó, así que me lo llevé. Y no podría haber tomado mejor decisión.
Son múltiples historias de como vive cada miembro de la familia el duelo por la muerte del cazador, el abuelo. Es, en algún momento, un libro que puede tocar la fibra por el tema principal sobre el que se cuentan las distintas historias. Cierra muy, muy bien y el como está estructurado invita casi a ir leyendo una por día, a ir enterándote poco a poco de lo que ocurre, lo que ocurrió y cómo los miembros de la familia lidian con la pérdida. Es una lectura ligera con muchas capas, por extraño que suene.
Este libro está hecho de fábulas, que dentro contienen fábulas, para hablar de cómo se crean fábulas. Me gusta que sea coral. Me gusta que Daniel use un lenguaje primitivo, repetitivo, casi bíblico (casi siempre, a veces se le deslizan conceptos modernos). Pero el libro no tiene una única protagonista, como me dijeron, ni versa sobre todo de la fabulación, como me dijeron, ni es fantasía en sentido estricto, como me dijeron, ni transcurre realmente en el paleolítico donde ni los oficios ni las familias estaban probablemente tan marcadas, como me dijeron.
Es un libro poético sobre el duelo. Un libro sobre el duelo, además, de una figura que he encontrado ya en alguna otra obra del autor, una figura de autoridad, benévola pero implacable, una figura que organiza la vida de los que le rodean, tanto y tan rígidamente, que aunque su orden funciona el grupo se queda perdido cuando la figura desaparece. Un libro lleno de adultos-niño, de adultos sin madurar, que lloran la pérdida de su padre-guía.
No me gusta el mensaje sobre la mentira y el duelo, pero eso es un problema personal.
En cualquier caso es un libro muy interesante en su forma. Echadle un vistazo.
Daniel Badosa inventa un nuevo género, donde conocemos a sus personajes y su universo a través de los mitos e historias transmitidos durante generaciones de una tribu prehistórica. Nos sumerge de forma íntima y tangible en un mundo que bien podría ser un retrato plausible del sentir del ser humano hace milenios. Durante el viaje de héroe, vamos acompañado a los integrantes de esta tribu mientras nos comparten su visión de la realidad filtrada a través del conocimiento compartido y sus mitos. Una visión con profundidad psicológica, cargada de ternura y pasión, que vertebra la sensación de destino compartido para toda la humanidad.
Es un libro de fantasía ambientado en una sociedad paleolítica. Ya solo que una novela se ambiente en la prehistoria permite explorar aspectos muy interesantes, pero si además está bien escrita, ya es apoteósico.
Con la ambientación presentada: un Valle de Sal que es recorrido por una deidad inmensa que es cazada, consumida y luego renace, mucha gente se habría centrado en escribir una historia sobre un cazador luchando contra este ser monumental.
Pero Daniel no ha escrito eso, ha hecho algo mucho más grande centrándose en algo que en las historias suempre ha ocupado un lugar más pequeño: el resto del grupo. ¿Qué historias tienen para contar las trenzadoras de cuerdas? ¿Quién puede entender mejor al dios deambulante que el carnicero? ¿Por qué se desprecia a las recolectoras?
Tenemos un mosaico de vidas vinculadas a través de la familia. Porque esta es una historia familiar sobre el duelo. Lidiar con la pérdida es una tarea exigente para cualquier grupo humano y aquí tenemos un panorámica abierta hacia las diferentes formas de afrontarla.
Es un libro que puede leerse rápido y pasar a otra cosa, pero estaríais cometiendo un error. Cada historia tiene su belleza y deja poso, os recomendaría que os dieseis unos minutos entre medias y explorarais vuestros sentimientos.
Vais a ver situaciones con las que es fácil empatizar, porque las habréis vivido o es posible que lo haya hecho alguien de vuestro entorno. Porque perder a alguien duele. Porque no importa que vivieses hace decenas o cientos de miles de años atrás o en el 2024, somos personas.
Por ahora es una de mis lecturas favoritas del año. Ahí lo dejo.
Una historia que nos cuenta la historia de un cazador desde las diferentes historias de otros personajes muy allegados, y que, además, gira en torno a las historias y su valor en una cultura prehistórica. Se puede hacer mejor alegato del valor de las historias? En cierta manera tiene algo de metaliterario, y también resulta muy humanístico aunque no quede claro que los personajes sean del todo humanos. Un estilo diferente, con repeticiones enfáticas que me recuerdan a la forma de contar historias del antiguo Egipcio o de Sumeria, y que dan veracidad a lo narrado, en tanto que contado de forma distinta. No piense el lector que se trata de un error estilístico, no. Está hecho adrede, a conciencia, y resulta muy eficaz. No estamos ante la estructura clásica de una novela, y hay que dejarse llevar por la propuesta del autor, muy original. Se puede leer de un tirón o, como en mi caso, poquito a poco, saboreando cada capítulo, cada relato, cada punto de vista.
Este libro me ha recordado que hay infinitas formas de contar una historia. No es una narrativa a la que esté acostumbrado pero la profundidad y el detalle que pone el autor en cada escena te mete de lleno en el duelo interior de cada personaje. Lo compré en digital porque no sabía si me iba a gustar y al final me encantó, seguramente caerá en mi estantería más adelante.
Se trata de una historia prehistórica dividida en ocho relatos, mostrando cada uno la historia de un integrante distinto de la familia del cazador.
A través de las memorias y de las confesiones de cada personaje, vamos conociendo la historia de los primeros humanos come-fuego, nos vamos adentrando en el universo que habitan, y vamos descubriendo facetas distintas del cazador, ese personaje que en vida unió a toda la familia con recuerdos de dolor y amor, de aceptación y rechazo, de alegrías y desdichas, de protección y disciplina.
Cada relato va acompañado de una receta prehistórica, por lo que también nos encontramos con historias llenas de sabores y de los recuerdos que éstos evocan.
La narración es fluida, de ritmo ligero y poético al mismo tiempo. La trama tiene momentos de acción, momentos de introspección, momentos de drama familiar, y mucha emotividad.
El hilo conductor que une a los ocho relatos es la muerte del cazador, que aún no ha sido comprendida ni aceptada por su amante, sus hijos y nietos; sin embargo, estos personajes van descubriendo nuevos caminos que los llevan a crecer, y a transformarse a sí mismos y al mundo que los rodea.
Somos testigos de cómo va quedando atrás una era en la que sólo se vive para cazar y sobrevivir, donde sólo tiene valor lo que es «útil», para ir descubriendo nuevas facetas de la vida.
“¿Cómo sobreviviríamos en esta tierra yerma si no fuera por nuestras voces e historias?”
Qué pequeños debieron sentirse los hombres y mujeres del Paleolítico al contemplar el cielo. Qué desamparados, sin conocimientos científicos a los que aferrarse. Qué vulnerables al enterrar a los suyos en posición fetal, esperando que retornasen al lugar del que procedían.
¿Y qué habría sido de ellos, de nosotros, si no se hubiesen aferrado a las historias contadas alrededor del fuego? Si no hubiesen escuchado y memorizado aquellas enseñanzas que les mantenían unidos y a salvo, aquellas leyendas que estructuraban su sociedad y avivaban las llamas de su interior.
En un entorno tan hostil e implacable, no todas las voces debían ser escuchadas. No todas las historias, atesoradas. Los cazadores, que arriesgaban sus vidas enfrentándose con sus lanzas a dioses con apariencia de bestias, eran los que gozaban de ese privilegio. Abandonaban el grupo y vivían aventuras. Traían consigo alimento físico y emocional. Eran queridos, respetados y obedecidos por el resto; su pérdida podría dejar un vacío insalvable, una herida incurable.
“Raíz en espiral, flor aplastada, guijarro azul, historia tapada”
Así fue la muerte del cazador nos habla de la forma en que las historias moldean nuestra realidad. De duelo, resiliencia y amor. De la búsqueda de la propia identidad. De cómo el Homo sapiens pudo haber dado sus primeros pasos y de que, para mirar hacia el futuro, a veces hay que “recordar mal” el pasado. Daniel Badosa Moriyama nos transporta a un Paleolítico cruel donde admirar la belleza puede poner en peligro la supervivencia. Pero lo hace con una prosa que roza la poesía, ahondando en aquello que nos define como humanos y permitiendo que cada personaje se exprese con su propia voz y nos muestre el fuego que alimenta en su interior.
El cazador, aunque fallecido, es omnipresente. En un mundo donde la valía de cada uno se mide por lo que es capaz de aportar al grupo, nadie es más importante. Toda gira en torno a él. A lo que hizo por ellos, a las historias que les contó y al vacío que dejó. Y, sin embargo, los distintos protagonistas se abren a nosotros. Nos llegan y nos tocan. Sobre todo ellas, la nieta sin brazos, la hija que nunca lo entendió, la mujer que amó… Pero también ellos, el hijo que no pudo ser como él, el nieto que querría devolverle su lanza, el muchacho al que acogió y salvó…
Ahora que el abuelo Ölbö yace cubierto de sal, es hora de llorar por el primero de los hombres. Pero también de escuchar a Älma. Acaba de encontrar su propio fuego y os contará una historia que no debéis olvidar, pero sí moldear cuando llegue el momento. Porque la vida ha de seguir, aunque no desaparezca nunca el dolor.
Una muerte inesperada, que sacude a toda una familia. El pilar de una tribu cae, afectando a todos sus familiares y conocidos, que deben aprender a enfrentar ese duelo solos o acompañados.
Así fue la muerte del cazador nos sitúa en un mundo prehistórico donde se juntan lo conocido y lo desconocido, creando un pequeño mundo de fantasía en una época en la que pocas veces se se deja ver. Al menos en mi caso, es la primera vez que he visto una construcción de mundos (con sus propias reglas, dioses, etc...) aplicado a la prehistoria. Todo ello introducido de una forma tan armónica con la historia que deja al lector con la intriga de si se tratan de metáforas... o de verdades, como lo han sido para mí.
La forma de narración de los capítulos, versando cada uno sobre un miembro distinto de la familia, te permite descubrir poco a poco este bonito (y duro) mundo que es el Valle de la Sal, mientras te presenta distintas formas de enfrentar el duelo y la pérdida, a la vez que te presentan un mundo en el que cobra una gran importancia la vocación y el sentido que cada uno da a sus vidas.
¿Qué piensa el cazador del grupo? ¿Cómo pasa el duelo una recolectora? ¿Qué ocurre cuando cuesta encontrarle un sentido a la propia existencia? Todas estas historias se entrelazan para contarnos una historia aún más grande. Muchos árboles que se juntan, para acabar formando un precioso bosque literario.
Daniel ha sido un gran descubrimiento, y estoy deseando saber más de él. Estaré al tanto de sus próximas publicaciones, porque creo que es agua fresca para el mundo de la fantasía. ¡Solo puedo felicitar al escritor por esta pequeña gran obra!
Una novela profunda, bella y original sobre el duelo y las historias. Es un libro que es mejor ir degustando y digiriendo poco a poco, sin pretender entenderlo todo al inicio, las piezas se van colocando. Algunos pedazos son más amargos, otros más dulces, todos forman una comida deliciosa.
Uno de los capítulos ha sido un tanto estresante para mí porque tenía muchas referencias explícitas al consumo de carne, quizá estaría bien que siguientes ediciones tuvieran un TW.
Una muerte inesperada, que sacude a toda una familia. El pilar de una tribu cae, afectando a todos sus familiares y conocidos, que deben aprender a enfrentar ese duelo solos o acompañados.
Así fue la muerte del cazador nos sitúa en un mundo prehistórico donde se juntan lo conocido y lo desconocido, creando un pequeño mundo de fantasía en una época en la que pocas veces se se deja ver. Al menos en mi caso, es la primera vez que he visto una construcción de mundos (con sus propias reglas, dioses, etc...) aplicado a la prehistoria. Todo ello introducido de una forma tan armónica con la historia que deja al lector con la intriga de si se tratan de metáforas... o de verdades, como lo han sido para mí.
La forma de narración de los capítulos, versando cada uno sobre un miembro distinto de la familia, te permite descubrir poco a poco este bonito (y duro) mundo que es el Valle de la Sal, mientras te presenta distintas formas de enfrentar el duelo y la pérdida, a la vez que te presentan un mundo en el que cobra una gran importancia la vocación y el sentido que cada uno da a sus vidas.
¿Qué piensa el cazador del grupo? ¿Cómo pasa el duelo una recolectora? ¿Qué ocurre cuando cuesta encontrarle un sentido a la propia existencia? Todas estas historias se entrelazan para contarnos una historia aún más grande. Muchos árboles que se juntan, para acabar formando un precioso bosque literario.
Daniel ha sido un gran descubrimiento, y estoy deseando saber más de él. Estaré al tanto de sus próximas publicaciones, porque creo que es agua fresca para el mundo de la fantasía. ¡Solo puedo felicitar al escritor por esta pequeña gran obra!