Edición crítica completa con una nueva introducción.
Autor fundamental de la literatura occidental, Esquilo culmina el asentamiento de todo un gé el teatro. Con él se constituyen las líneas maestras de la tragedia, que se había gestado apenas unas décadas antes. Escribió en torno a ochenta obras teatrales, de las cuales solo se conservan completas siete, recogidas en este Los persas, Los siete contra Tebas, Las suplicantes, Agamenón, Lascoéforas, Las euménides y Prometeo encadenado.
En esta edición, además de una extraordinaria nueva introducción, a cargo de Marta González (Universidad de Málaga), especialista en Esquilo, se recupera la canónica traducción de Bernardo Perea Morales, que conjuga la fidelidad al texto griego con la comprensión en castellano de unos textos escritos hace 2.500 años.
Aeschylus (c. 525/524 BC – c. 456 BC) was an ancient Greek tragedian often described as the father of tragedy. Academic knowledge of the genre begins with his work, and understanding of earlier Greek tragedy is largely based on inferences made from reading his surviving plays. According to Aristotle, he expanded the number of characters in the theatre and allowed conflict among them. Formerly, characters interacted only with the chorus. Only seven of Aeschylus's estimated 70 to 90 plays have survived. There is a long-standing debate regarding the authorship of one of them, Prometheus Bound, with some scholars arguing that it may be the work of his son Euphorion. Fragments from other plays have survived in quotations, and more continue to be discovered on Egyptian papyri. These fragments often give further insights into Aeschylus' work. He was likely the first dramatist to present plays as a trilogy. His Oresteia is the only extant ancient example. At least one of his plays was influenced by the Persians' second invasion of Greece (480–479 BC). This work, The Persians, is one of very few classical Greek tragedies concerned with contemporary events, and the only one extant. The significance of the war with Persia was so great to Aeschylus and the Greeks that his epitaph commemorates his participation in the Greek victory at Marathon while making no mention of his success as a playwright.
Esquilo, a juzgar por su producción poética, fue un hombre profundamente religioso y en su obra el mundo no es nunca absolutamente trágico, a pesar de que el sufrimiento es ineludible (A. Lesky, La Tragedia Griega). El dolor no es absurdo, sino que obedece a un plan superior, divino:
"En Esquilo la acción de los personajes es una parte orgánica de un designio más amplio [...] El sufrimiento humano, en esta visión que abarca todo, tiene un sentido incluso una sugerencia benéfica: es el precio pagado por el progreso humano. La violencia, canta el coro de Esquilo, es en cierto modo la gracia de Dios (Bernard M. W. Knox, The Heroic Temper. Studies in Sophoclean Tragedy)".
Esquilo lo pone en boca del coro de ancianos argivos de su "Agamenón":
"Porque Zeus puso a los mortales en el camino del Saber, cuando estableció con fuerza de ley que se adquiera la sabiduria con el sufrimiento. Del corazón gotea en el suelo una pena dolorosa de recordar e, incluso a quienes no lo quieren, les llega el momento de ser prudentes. En cierto modo es un favor que nos imponen con violencia los dioses desde su sede en el augusto puente de mando"