Si de algo se ha escrito en abundancia en libros e Internet, es sobre nutrición, salud y dietas. Desgraciadamente cualquiera puede hablar de ello o sentirse experto y casi todo lo que abunda en Internet carece de evidencias sólidas y bases científicas por decir poco, pues uno encuentra en abundancia charlatanes y jugosos negocios a base de mentiras o verdades a medias.
En este libro, con su particular sentido del humor, J.M. Mulet desmonta una serie de mitos sobre la alimentación, algunos tan viejos como los tiempos de "nuestros abuelos" y otros mucho más recientes. En un mundo donde la gente se decanta por lo "natural", "sin químicos" o "no artificial", pese a lo vago de los términos, donde se intenta tratar de regresar a lo antiguo, lo "milenario" como sinónimo de mejor, Mulet revindica los avances de la ciencia y tecnología en materia de alimentación donde los logros son contundentes y dignos de presumirse.
Gozamos de comida en abundancia y en tanta variedad que podemos darnos el lujo de elegirla, de desperdiciarla, de ser obesos o de ignorar que aún mil millones de personas pasan hambre. Enfermedades como la obesidad, algunos cánceres, diabetes o problemas cardiovasculares estan asociadas más a los excesos y una mala dieta, que a una serie de ingredientes que se han demonizado, todo esto a favor de otros intereses publicitarios y finalmente económicos. Irónicamente son muchos de estos pseudoespecialistas, en realidad los vendedores de productos milagrosos, los que con frecuencia acusan a Mulet de estar vendido a las farmacéuticas y empresas. Claro que a él eso le tiene sin cuidado.
No es que la lección que da Mulet sea: coma lo que quiera, al contrario, afirma que "es responsabilidad nuestra elegir bien y seguir una dieta equilibrada", y eso exige estar bien informados y aprender a distinguir la información fidedigna. Es justo eso el mayor logro del libro y sin embargo, a pesar de estar redactado en un tono muy agradable y accesible, no es para todos. En momentos algunas explicaciones requerirán algo de concentración, no demasiada, pero me imagino que quizá la suficiente para que algunos abandonen la misión y decidan que prefieren vivir con los cuentos que les dice la vecina, que son mucho más bonitos y mágicos.