Cuando terminé la novela anterior: La Red Púrpura, me entraron ganas de saber de qué iría el siguiente libro de la serie. En vista de que la brutalidad iba en aumento no sabía qué esperar. La curiosidad no mató a la gata pero casi. Me quedé estupefacta. ¿Se podía ser más cruenta? Se podía. ¿Más atroz? También. Pues así. Y sólo en las primeras páginas. Tela. De nuevo las víctimas son mujeres. (Teniendo en cuenta que es más verosímil que las mujeres muramos a manos de personas conocidas: maridos, ex-parejas, tíos, whatever, que lo que pasa en esta historia...). Todo OK. Da igual. Compro el argumento. Fantasía.
Terminé el libro relativamente rápido, la estructura de capítulos cortos modo libro-clip. Low-cost-reading y pasmo ante el filón de LOL'es FTW. Incluso diría (he aquí el masoquismo) que si hubiera más, los leería, solo por ver hasta dónde se puede llegar; bueno, igual no. JA.
¿Qué me ha gustado?
El ritmo de lectura, como pasapáginas es fenomenal si tienes buen estomágo. Y que con lo truculento de la historia aún acertó en un capítulo describiendo la disociación que sufre una mujer después de ser violentada aunque creo que fue de chiripa, porque en los primeros capítulos hay un nosense después de una tortura. Pero se ve que el mejor momento de tranquilidad mental es estando atada de pies y manos, en bolingas, recién violada y drogada en un sótano desconocido con dudosa limpieza. Aham.
¿Qué no me ha gustado? Vamos allá.
No me gusta, ni en ficción, que el correctivo a las mujeres por parte de hombres sea a través de la violencia sexual. Es díficil tratar a las mujeres de tú a tú eh! Lo digo porque si es ficción podríamos soñar en esta parte.
No me gusta que a los hombres se les dibuje figuradamente o no, como bestias sexuales, juro que por momentos pensaba que estaba leyendo al Marqués de Sade. No me gusta ni por los hombres, ni por los animales. Estos últimos no van violando hembras de su especie a troche y moche. Aunque según se ve, hay cierta correlación comportamental que no me explico en algunos personajes macrofalósomos de esta novela.
No me gusta el personaje de Reyes. Si ser mujer u hombre dependiera de una esencia, que no, de si te pones pantalones, o llevas este o aquel peinado, que tampoco, para empezar, esta novela ni existiría. En vez de mujeres violadas serian varones no? Venga ya.
No me gusta que a través de este personaje se frivolice con la prostitución. Para ella es un algo, normal, apetecible, divertido, elegible, cuando se sabe que más del 90% de mujeres prostituídas vienen de la trata.
Lo mejor es que cuando leía el libro escuchaba un podcast sobre la vida de Billie Holiday que fue abusada, violada, marginada, maltratada, encarcelada, acusada, ada, ada, ada. Y pensé, ¿como se puede hacer en el mismo libro tal ejercicio de equilibrismo?, por un lado, la visión pijiprogre de la prostitución como un trabajo y por el otro, la manera de torturar a una mujer es violándola. De hecho describe las violaciones con cierta crudeza, diría que hasta con morbo. Repugnante.
Tampoco me gusta la evolución del resto de personajes, aunque para mi, esto, con todo lo anterior, me de ya igual. Me he pasado la novela entera con ojos de inverosimilitud, no lo he podido evitar. La trama, si hay más libros, no sé hasta donde va a llegar, porque la escalada de violencia es brutal. Y ya lo dejo con esta frase de Dworkin:
"La pornografía es la sexualidad del poder masculino: odio, sadismo, propiedad, jerarquía, dominación."
Esta novela no es pornografía, pero tiene mucho de lo que la define.
PD1: Las mujeres no somos un colectivo, somos un pelín más de la mitad de la población.
PD2: Sigo diciendo que quien escribe esta novela es un señor. No me lo explico si no.
Chis-pum!