Estudió en el Liceo Alemán y luego ingresó en la facultad de Filosofía de la Universidad de Chile,1 que abandonó pronto, después de conocer a la poetisa y artista Cecilia Vicuña, que se convertiría en su pareja por varios años. También realizó estudios de Música en el Conservatorio Nacional. A principios de los años setenta, se dedicó a la música (fue percusionista de Fusión, primer grupo de jazz-rock chileno), la fotografía y a la escritura.
Pasó algunas temporadas becado en Estados Unidos (1964, American Field Service en Denver; 1993, Beca Guggenheim). Vivió asimismo en Europa (adonde viajó con Vicuña en 1972), principalmente en Londres y París (1972-76). Precisamente en Gran Bretaña, en 1973, publicó su primer libro, El cansador intrabajable.1
Ha realizado importantes exposiciones fotográficas en el Museo Nacional de Bellas Artes de Santiago (1995 Peligro a medio metro; 1998 Desnudos en el Museo) y participado en muestras colectivas en Alemania, Colombia, Ecuador, España, Estados Unidos, Gran Bretaña, Holanda, México, Portugal y Suiza.
Es uno de los primeros chilenos que tradujo a Charles Bukowski.2
Vive en Concón desde que regresó a Chile, en 1976.3 Hoy graba sus creaciones, y continúa escribiendo en su diario.
Dejo aquí el único poema que me gustó mucho de este libro:
LOS QUE NO SE ATREVEN Los que no se atreven a pedirle al chofer que baje el volumen de la radio que la cumbia nos está matando que el regaetton nos está matando los que no se atreven a abrir la ventanilla de la micro por temor a que no se abra y las niñas piensen que uno es un debilucho malo para la cama un impotente un mariquita que no tiene fuerzas ni para abrir la ventana de una micro los que no se atreven a cerrarla por la misma razón o por temor a que algún otro pasajero se oponga y lo insulte o le ofrezca incluso puñetes los que no se atreven a negarle una moneda o dos al trovador criollo que aporrea una guitarra que dan ganas de partírsela en la cabeza o precisamente porque canta y toca como las pelotas entonces hay que darle con mayor razón los que no se atreven a negar una propina por miedo a pasar por avaro pobre ave o muerto de hambre los que no se atreven a decirle al chofer que no corra tanto que chante la moto que no somos animales somos seres humanos y viejitas y viejitos y señoras embarzadas los que no se bajan inmediatamenmte de una micro a la que se subieron por equivocación por miedo a que los pasajeros se den cuenta y se rían y lo indiquen con el dedo pensando que uno es un pobre imbécil que ni sioquiera sabe subirse a la micro que corresponde los que no se atreven a mirar a una mujer por miedo a ensuciarla con el deseo de la mirada los que no se atreven a mirar a una mujer por temor a ofenderla los que no se atreven a sentarse a su lado por temor a que ella y los demás también piensen que uno se aptovecha del asiento vacío a su lado los que no se atreven a negar una limosna por miedo a que Dios lo vea y se lo cobre el Dia del Juicio Final los que no se atreven a pedir que apaguen la calefacción del bus los que no se atreven a pedir que apaguen el aire acondicionado del bus los que no se atreven a pedir la moneda de a cinco que falta en el vuelto los que no se atreven a decir que le aprieta el zapato que el vendedor dice que le queda tan bien los que no se atreven a llevarle la contra a ningún vendedor los que consideran a los cajeros y cajeras a los inspectores de micro y cualquiera que cobre algo detrás de una ventanilla como a seres inobjtablemente superiores los que no se atreven a mostrar dolor cuando se pegan en las canillas o se dan un cabezazo en público en cualquier parte los que no se atreven a estar en franco desacuerdo con su interlocutor acerca de nada los que no se atreven a decir no bajo ninguna circscunstancia los que no se atreven a orinar en el bus por miedo a que los pasajeros piensen que uno es un cerdo antiestético capaz de protagonizar semejante cochinada los que no se atrecven a reprohcarle a un amigo que les devuelve un libro en mal estado los que no se atreven a reprocharle a un amigo que les devuelve un libro suibrayado los que no se atreven a reporcharle a un amigo que no les devuelve un libro los que no se atreven a entrar en un recinto en que están todos esperando que uno entre para mirarlo los que no se atreven a contar un cvhiste por miedo a que se les olvide el desenlace o se les trabe la lengua o se lo encuentren fome y los que no se atreven a escribir poemas como este por miedo a que se lo encuentren fome también.