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El tamaño de la verdad

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88 pages, Paperback

First published October 1, 2011

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Claudio Bertoni

35 books40 followers
Estudió en el Liceo Alemán y luego ingresó en la facultad de Filosofía de la Universidad de Chile,1 que abandonó pronto, después de conocer a la poetisa y artista Cecilia Vicuña, que se convertiría en su pareja por varios años. También realizó estudios de Música en el Conservatorio Nacional. A principios de los años setenta, se dedicó a la música (fue percusionista de Fusión, primer grupo de jazz-rock chileno), la fotografía y a la escritura.

Pasó algunas temporadas becado en Estados Unidos (1964, American Field Service en Denver; 1993, Beca Guggenheim). Vivió asimismo en Europa (adonde viajó con Vicuña en 1972), principalmente en Londres y París (1972-76). Precisamente en Gran Bretaña, en 1973, publicó su primer libro, El cansador intrabajable.1

Ha realizado importantes exposiciones fotográficas en el Museo Nacional de Bellas Artes de Santiago (1995 Peligro a medio metro; 1998 Desnudos en el Museo) y participado en muestras colectivas en Alemania, Colombia, Ecuador, España, Estados Unidos, Gran Bretaña, Holanda, México, Portugal y Suiza.

Es uno de los primeros chilenos que tradujo a Charles Bukowski.2

Vive en Concón desde que regresó a Chile, en 1976.3 Hoy graba sus creaciones, y continúa escribiendo en su diario.

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Profile Image for Rodrigo Fernández.
111 reviews25 followers
July 30, 2015
Dejo aquí el único poema que me gustó mucho de este libro:


LOS QUE NO SE ATREVEN
Los que no se atreven a pedirle al chofer que baje
el volumen de la radio
que la cumbia nos está matando
que el regaetton nos está matando
los que no se atreven a abrir la ventanilla de la micro
por temor a que no se abra y las niñas piensen que uno
es un debilucho malo para la cama un impotente un
mariquita que no tiene fuerzas ni para abrir la ventana
de una micro
los que no se atreven a cerrarla por la misma razón o
por temor a que algún otro pasajero se oponga y lo
insulte o le ofrezca incluso puñetes
los que no se atreven a negarle una moneda o dos
al trovador criollo que aporrea una guitarra que dan
ganas de partírsela en la cabeza o precisamente porque
canta y toca como las pelotas entonces hay que darle
con mayor razón
los que no se atreven a negar una propina por miedo a
pasar por avaro pobre ave o muerto de hambre
los que no se atreven a decirle al chofer que no corra
tanto
que chante la moto
que no somos animales
somos seres humanos y viejitas y viejitos y señoras
embarzadas
los que no se bajan inmediatamenmte de una micro a
la que se subieron por equivocación por miedo a que
los pasajeros se den cuenta y se rían y lo indiquen con
el dedo pensando que uno es un pobre imbécil que ni
sioquiera sabe subirse a la micro que corresponde
los que no se atreven a mirar a una mujer por miedo a
ensuciarla con el deseo de la mirada
los que no se atreven a mirar a una mujer por temor a
ofenderla
los que no se atreven a sentarse a su lado por temor
a que ella y los demás también piensen que uno se
aptovecha del asiento vacío a su lado
los que no se atreven a negar una limosna por miedo a
que Dios lo vea y se lo cobre el Dia del Juicio Final
los que no se atreven a pedir que apaguen la
calefacción del bus
los que no se atreven a pedir que apaguen el aire
acondicionado del bus
los que no se atreven a pedir la moneda de a cinco que
falta en el vuelto
los que no se atreven a decir que le aprieta el zapato
que el vendedor dice que le queda tan bien
los que no se atreven a llevarle la contra a ningún vendedor
los que consideran a los cajeros y cajeras a los
inspectores de micro y cualquiera que cobre
algo detrás de una ventanilla como a seres
inobjtablemente superiores
los que no se atreven a mostrar dolor cuando se pegan
en las canillas o se dan un cabezazo en público en
cualquier parte
los que no se atreven a estar en franco desacuerdo con
su interlocutor acerca de nada
los que no se atreven a decir no bajo ninguna
circscunstancia
los que no se atreven a orinar en el bus por miedo a que
los pasajeros piensen que uno es un cerdo antiestético
capaz de protagonizar semejante cochinada
los que no se atrecven a reprohcarle a un amigo que les
devuelve un libro en mal estado
los que no se atreven a reprocharle a un amigo que les
devuelve un libro suibrayado
los que no se atreven a reporcharle a un amigo que no
les devuelve un libro
los que no se atreven a entrar en un recinto en que
están todos esperando que uno entre para mirarlo
los que no se atreven a contar un cvhiste por miedo a
que se les olvide el desenlace o se les trabe la lengua o
se lo encuentren fome
y los que no se atreven a escribir poemas como este por
miedo a que se lo encuentren fome también.
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