El amor es, sobre todo, una pregunta, un hueco. Un vacío que el amado deja en el amante. En este ensayo NMK, Begoña Méndez toca con las yemas de los dedos ciento veinticuatro de esos huecos. De la mano de Anne Carson y Simone Weil, deja que hablen las palabras y los cuerpos, las grietas y los deseos; las presencias, las ausencias, las huellas de los recuerdos y de los olvidos. Guiada por los designios de Dante, atraviesa versos, imágenes y desiertos. Porque ¿no es el amor también un cuento?
El estilo lírico y certero de Begoña Méndez es un deleite. Su tema principal: incandescente, inagotable. Las referencias (literarias, fílmicas y musicales) son idóneas y enriquecedoras; las emplea de forma inteligente para reflexionar, ampliar o matizar su texto e ideas.
La mayoría de lo que publica H&O es oro. Muy sugerente esta colección NMK.
Un fragmento de este delicioso ensayo:
«Entonces, igual que la serpiente escapó del paraíso para encontrar en su cuerpo su cuerpo desconocido, la mujer cogió un avión y aterrizó en el desierto. Interpuso un horizonte entre el dragón y su miedo, abrió una distancia eterna entre la culpa y su esposo. Se perdió en el silencio, se fundió con el vacío, eludió su nombre propio: fue el zumbido del aire, fue el polvo y la tierra. Halló algo de consuelo».
Deberíamos tener menos miedo a ser insoportables, de verdad insoportables, a no saber qué queremos, a no desear nada o a desearlo todo. A sentirnos muy perdidos y hacer las cosas mal y que nadie nos perdone. A andar rompiendo cosas que no puedan repararse. A amar con devo- ción o a sentirnos vacios. A follar con toda el alma o a morirnos de asco. A estar muy confundidos, a no querer claudicar y también a decir basta. En general, deberíamos tener menos miedo.
Un ensayo acerca del amor como hueco, como herida y como grieta. A raíz de distintas referencias intertextuales de películas, canciones y otras obras literarias, la autora construye el relato de un matrimonio de fuego y agua, de un hombre y una mujer que, a pesar de la culpa, deciden amarse porque el amor es "hacer juntos la colada".
No sé si es que no he sido capaz de ver lo que el resto ha visto en este libro. Tiene buenos destellos pero no llega a encender una llama que dure y en ocasiones me parece pretencioso, buscando encadenar palabras de forma efectista, dejándolas vacías de significado. Yo, defensora de lo fragmentario, he visto el límite con este libro.
«Preguntémosle ahora qué cosa ama. Pensará en su marido y en chocolates azules y después responderá “todo lo que se pierde”. Preguntémosle después qué cosa desea. Pensará en el dragón y en chocolatinas rojas. Contestará, igualmente, “todo lo que se pierde”».
«Un fantasma es un recuerdo que lucha por convertirse en memoria material, en historia que perdura. La memoria es un tejido que junta y que ordena las hilachas de una vida y las transforma en tiempo».
«El cuerpo, de repente, es un espejo de luz en un ojo ajeno».
«El sujeto real de las historias de amor no es el amado, sino el hueco que el amado deja en el amante».
«Para que haya relato algo tiene que romperse, algo tiene que entrar, algo tiene que salir (…) Por ejemplo, una fisura en la pared de un hogar, una grieta en una casa».
“«¿Quién está tocando a quién en este momento?», se pregunta la mujer en una cama de hotel mientras palpa las ausencias con las puntas de los dedos”
«En el amor, se llega a la sed por abrasamiento».
«la pasión por la literatura, la dulce melancolía que provocan los fantasmas».
Esperaba algo totalmente distinto de este ensayo, pero es absolutamente brillante. El hilo conductor de la protagonista te va conduciendo hacia cada una de sus reflexiones.
El amor y el deseo se construyen a través de dudas y preguntas, ahondan, talan, avanzan, renuevan las inseguridades y alimentan la autoestima. Se hacen inexplicables, inhóspitos, atrayentes y aterradores. Si los huecos se llenan y desaparecen las preguntas, el amor se asienta, deja de ser poroso, pesa, se vuelve lápida.
Ciento veinticuatro huecos, de Begoña Méndez y editado por H&O editores , es un viaje en ciento veinticuatro reflexiones a través de lo inexplicable. Begoña Méndez cuida el fondo y la forma, la poética, y nada en los textos de otras que reflexionaron sobre el amor y el deseo antes: Anne Carson, Annie Ernaux, Simone Weil…
Ciento veinticuatro huecos es un libro poético y vulnerable, un diario emocional pensado para ser leído, una justificación de algo que no puede ser justificado, una traducción a literatura de elevar los hombros y decir: dejémonos llevar, sigamos adelante.
¿Siente todo el mundo los ciento veinticuatro huecos? Seguramente no, porque a veces es más fácil acomodarse a lo que nos sienta bien, la sentaba bien el matrimonio, que entender que se transformó en una bella lápida que es mejor solo recordar y llevarle flores. Nunca sentirás los huecos si no te asomas, alguna vez, a los límites como un pie que se escapa de la cama en un verano caluroso.
“Nunca en ningún sitio ha pensado: «Estoy en casa». Nunca, en ninguna de sus múltiples versiones, se ha sentido propietaria del cuerpo con el que carga. Desde que tiene memoria, se ha visto como una extraña, espectadora de un rostro que le resulta ajeno y de acciones azarosas dentro de una filmación sin tema ni argumento. Solo una colección de imágenes sin hilar. Ni siquiera los afectos le han servido para anclarse a un sitio definitivo, ningún techo, ningún cuerpo es del todo para ella. Se ha esforzado en pertenecer, ser de algo, ser de alguien, habitarse sin conflicto; sin embargo, cuantas veces lo ha intentado ha acabado por huir.”
¡Qué maravilla de libro! Cada uno de estos huecos es una muestra de la sensibilidad y el talento para la concentración de emociones de Begoña Méndez. Puede pensarse como un recorrido por las etapas de una relación, pero va más allá. Muestra las heridas, las glorias no solo del amor sino también de sus alrededores…
Iba a la librería a por otro: no lo encontré. Al darme la vuelta en la estantería de enfrente estaba éste, solo, mirando hacia afuera. Me lo he llevado casi por azar y me lo guardo como tesoro para toda la vida. Me ha encantado.
«un cuerpo que se define por el modo en que se extiende » // «porque yo mido mi amor por una mujer por el hecho de que amo tanto sus manos como sus ojos ».
Este es un libro inmaculado, de una precisión difícil de comprender, una claridad que deslumbra. No es fácil asumir sus palabras, ni tener aliento suficiente para adentrarse en sus huecos, tan breves y concretos. Esta podría ser la primera obra maestra, al menos en España, del recién fundado género del fragmento.
En la primera lectura me pareció una prosa fácil de reflexiones sencillas; en tanto me superaba este texto en elevación, profundidad, novedad y arcaísmo. Este libro circunda un misterio que se remonta a los oscuros orígenes de los tiempos y se proyecta hacia el futuro infinito del cosmos, y en el centro del misterio hay un sacrificio, un cuerpo, dolor, es un texto sagrado y sacrílego, hecho de carne y levedad. Este texto abre el camino a la literatura del siglo XXII y no sólo lo abre sino que lo deja pavimentado.