Esta é uma sentida homenagem a Javier Marías e uma comovente reflexão sobre o luto.
Primeiro chega a morte. Depois o luto. A desolação infinita. Um tempo acompanhado de dor, perplexidade e da mais absoluta tristeza, de desconcerto, incredulidade, conselhos e opiniões. Também de tentativas de consolo, destinadas ao fracasso. Nada nos prepara para a perda, menos ainda quando esta é devastadora, por mais que a razão nos indique que é uma possibilidade. A realidade é que, quando chega, não sabemos como enfrentá-la.
Terra incognita, era assim que se denominavam nos mapas antigos os territórios desconhecidos, que, porque o eram, os cartógrafos enchiam de seres imaginários. “Para lá há dragões”, advertiam. Ou seja, monstros. Na terra incognita do luto também os encontraremos. Às vezes os que surgem de nós mesmos e outras vezes chegados de lugares estranhos e inesperados. Mas vamos ter de os enfrentar a todos, sós, sem mapa e, ao contrário do que Javier, o meu marido, dizia que guiava a sua escrita, também sem bússola.
Estou a escrever no meu terraço, que é agora só meu, mas foi nosso. O terraço a que Javier chamava Tomás Nevinson, porque mo ofereceu com esse livro.
Conforme diz na capa, “Luto sem Bússola” é “uma sentida homenagem a Javier Marías”, mas de “comovente reflexão sobre o luto” tem pouco. Não devia admirar-me: larguei “O Ano do Pensamento Mágico” logo nas primeiras páginas, sem conseguir envolver-me com a catarse de Joan Didion aquando da sua viuvez, tal como fiquei praticamente indiferente ao desabafo de Carme López Mercader dois anos após a morte inesperada do marido, devido a uma pneumonia resultante do Covid. Pode ser o facto de não conhecer a dor da perda de um companheiro de 30 anos, mas suspeito que é o tom algo arrogante e a forma de se expressar da autora que me mantêm à distância, porque, se pensar bem, também nunca perdi um filho mas já li memórias de quem passou por isso que arrasaram comigo. Para mim, uma pessoa que afirma que não chorava desde os dois anos de idade ou é mentirosa ou é sociopata.
Para quem for fã do discreto escritor espanhol e queira saber um pouco mais sobre ele, com a excepção de umas achegas aqui e ali, um pormenor pessoal ou outro, pouco acrescenta esta leitura ao que já é público, já que aqui o busílis, claro, é a forma como a sua viúva tem vivido o luto desde então.
Bem sei que se diz que quem morre continua a viver dentro de nós, que lhes sobrevivemos e lhes quisemos bem, no nosso amor, que, por desgraça para os vivos, não acaba com a morte, e na nossa recordação, feita de mil horas de companhia, de experiências vividas e de conversa. Não sou eu quem dirá que não, e para algumas pessoas que conheço isso constitui uma consolação, mas a minha experiência é que, presentes ou não, os mortos permanecem no mais absoluto silêncio.
Além de toda a falta que o marido lhe faz, Carmé queixa-se também das frases feitas e das boas intenções daqueles que a rodeiam para que supere o estado de estupor e o isolamento em que caiu, pelo que criou uma metáfora que me parece bem pensada e adequada quando se lida com qualquer tipo de desgosto que cause disrupção na nossa existência.
Há de facto aqui um aspecto fundamental, digamos que um segredo ou truque do caminhante, e é que cada um deve andar ao seu próprio ritmo, sem tentar sincronizá-lo com o de outro.
La Sra. López Mercader es muy generosa. Guarda aquello que el pudor aconseja guardar, pero da todo lo demás. Sin exhibicionismo, con elegancia, ofrece un análisis imposiblemente racional de la anatomía de un corazón arrasado. Habla de lo que es imposible hablar, de lo que no se puede contar, de lo que no se puede expresar. Lo inefable, eso que me interesa tanto.
Con este libro se despide de su marido muerto, del seu home, y cierra la maravillosa aventura que Javier Marías y ella emprendieron con Reino de Redonda. Solo cabe darles las gracias y repetir con el viejo poeta alejandrino: honor a aquellos que en su vida fijaron y defendieron unas Termópilas.
Marías fue uno de los escritores que más y mejor nos han hablado de los muertos. Ahora su mujer nos emociona con este libro que será el último de la editorial de Marias. Ride si sapis.
«Nunca sabemos lo que va a suceder ni qué día va a ser el último. La historia está acabada, te dices, y en adelante tienes que vivir con lo bueno y con lo malo que haya quedado, porque lo vivido, vivido está, y ya nada se puede hacer para cambiarlo».
Este breve libro no son solo las reflexiones y memorias del duelo de la viuda de Javier Marías, sino una carta al amado que ya no está. Al amado que sentimos que nos ha dejado demasiado pronto. Una ausencia que pesa tanto que, incluso, es presencia.
Todos los que hemos pasado por un gran duelo, ya sea de padres, abuelos, hermanos o pareja, sabemos lo difícil que es. La soledad y la tristeza que entraña, casi imposible de definir y poner en palabras porque es algo que nunca habíamos experimentado antes.
Y en este libro se explica muy bien y, quizás, de una forma que también pueda gustar a alguien que no suela leer porque parece una carta íntima de una amiga que te cuenta lo que está suponiendo la pérdida para ella. Y que se muestra lo más vulnerable que puede ante los lectores, que son meros desconocidos, pero conocidos al mismo tiempo porque la pérdida nos iguala a todos.
Y sí, dada persona vivimos un duelo diferente y único porque las relaciones que mantenemos con los otros y el contexto de cada muerte es diferente. Pero hay aspectos en común que se repiten y es justo ahí donde podemos reconocernos en el inmenso dolor del otro, que también es el nuestro.
En particular, me ha encantado cuando habla del dolor que apenas nos dejan sentir cuando muere alguien porque, en esta sociedad, la tristeza es algo que debe durar muy poco y que apenas hay que sentir para dejar paso a la tan ansiada felicidad. Y sí, por supuesto que, en la vida hay momentos felices, pero también los hay muy tristes y hay que pasar por ellos, transitarlos y superarlos. Pero, en general, nos cuesta mucho gestionarlos, tanto en nosotros mismos como en los demás.
Un libro más sobre duelo que leo y nunca son suficientes. Para mí, es uno de mis temas favoritos en literatura y este, en particular, me ha dado muchas ganas de leer y descubrir al Javier Marías escritor, ya que aquí he conocido un poquito a la persona que había detrás de él.
Desde la primera línea se desmontan todos los prejuicios que podíamos tener. Un recuerdo doloroso y bello de Javier Marías (ojo, la gran protagonisra es ella y su forma de sobrellevar un duelo inesperado)
Para algún crítico, este es un libro valiente, pero más bien creo que hay que llegar a él sin grandes expectativas. Está claro que tras la muerte de Marías, se avino para la autora el fin de un mundo. Trabajaba en la editorial de Jorge Herralde en labores no precisamente literarias cuando conoció al novelista. Fue notoria la ruptura entre Marías y Anagrama, pero de eso no hay nada aquí.
En el libro hay poco de ese mundo compartido de palabras, películas, espacios, logística, bromas repetidas y códigos privados que el crítico ha visto. Si un escritor fue celoso con su intimidad ese fue Marías (¿qué sabíamos de él?, no mucho: escribía en una máquina lettera eléctrica, era hijo de Julián Marías, no solía tener una idea concebida cuando se sentaba a escribir su próxima novela, traducía del inglés, era fumador, y alguna que otra generalidad como que vivía en Madrid, al parecer nadie sabía que se había casado con la autora dos años atrás) y su viuda respeta el secreto casi sin fisuras. Hay páginas que pueden leerse en diagonal. Muy velado todo.
Me sorprende que algunos lo comparen con El año del pensamiento mágico, uno de los monumentos de lo que podemos llamar "ensayos sobre el duelo", un testimonio de la más alta intensidad que incluye también la muerte de una hija. A todos nos sorprendió la muerte de Marías en plena posesión de sus facultades como escritor y me hubiera gustado leer sobre esos últimos días, pero tampoco nada de eso aparece aquí.
Duro, íntimo y personal testimonio de la viuda de Javier Marías. Qué delicadeza de libro. A la altura de los clásicos del duelo: Una pena en observación, C. S. Lewis o El año del pensamiento mágico de Joan Didion.
Le agradezco tanto a Carme López Mercader, esposa de Javier Marías, que haya compartido su proceso de duelo con los que somos admiradores del escritor, fallecido el 11 de septiembre de 2022. El libro es sencillo y escueto, sin embargo tiene contenida tanta emoción y tanto dolor concentrado (aunque al final también esperanza). También le agradezco los pequeños detalles de sus vidas que nos ha mostrado. Ha sido muy entrañable acercarnos a ellas y conocer a un Javier, como ella le llama, más cercano.
También sus seguidores pasamos nuestro pequeño duelo, nada que ver con el suyo por supuesto, pero todos vamos perdiendo a personas imprescindibles y podemos entender ese dolor. Cada uno pasa su proceso cuando le falta alguien que había llenado sus días de alegría; pero como la vida sigue, al final uno siempre encuentra una luz para salir y consigue vivir con esa gran ausencia que ha dejado el que se fue.
“La historia está acabada, te dices, y en adelante tendrás que vivir con lo bueno y con lo malo que haya quedado, porque lo que está vivido, vivido está, y ya nada se puede hacer para cambiarlo. Y con esa constatación avanzas hacia el vacío y hacia esa nada que va a ser tu mundo sin él.” Duelo sin brújula Este pequeño libro fue escrito por la viuda del escritor español Javier Marías. Lo escribió después de su muerte, no inmediatamente después, pasado un poco de tiempo, pero todavía sintiéndose en duelo por la pérdida de su compañero de más de treinta años. Para algunos de sus conocidos había sido un periodo de tiempo suficiente para reemprender la vida, pasar página, volver a la normalidad. Pero, cuánto dura el duelo, cómo se define el tiempo en que una persona deba empezar a olvidar o a recobrarse del dolor, a qué normalidad se vuelve cuando lo normal era compartirlo todo con alguien que ya no está ni estará. Carme López Mercader, la autora de Duelo sin brújula, dibuja con una honestidad desnuda y simple lo absoluto de su dolor y su total incapacidad de recuperarse de la pérdida de su compañero de vida, de alma, de proyectos, de trabajo, de viajes, quien fuera además el más importante escritor español, algunos dicen, después de Cervantes. Quise leer este libro porque la muerte de Marías fue tan súbita e inesperada que yo tampoco he logrado superarla como lectora. Aun no acepto el hecho que no leeré su próxima novela porque él ya no existe y no podrá escribir nunca más. La siento como una pérdida insuperable, un vacío brutal. Tomas Nevinson, su última novela, es una obra plena, total, magnífica. Merecía, merecíamos, leer la urdimbre exquisita su próxima invención literaria, conocer a nuevos y complejos personajes, reencontrarnos con los antiguos en situaciones inesperadas. Pensé encontrar en este pequeño libro, si no consuelo, al menos una explicación informada sobre qué y cómo pasó, cómo fue posible que Javier Marías se nos fuera con solo 70 años y en plenas facultades. Sin embargo, en Duelo sin brújula no hay nada de eso, solo hay dolor y afirmación de algo que se me hace obvio después de leer el libro de su viuda: nunca la vida será la misma sin Marías en ella, siempre cargaremos el peso de su vacío y el enigma de no saber cuánto más hubiéramos disfrutado si él todavía estuviera entre nosotros.
Dos años largos desde que se fue Javier Marias. Sus lectores necesitábamos este libro como el broche del autor al que tanto amábamos y echamos de menos. Nunca podremos agradecer lo suficiente a su mujer haber compartido estas páginas, la historia de la supervivencia a quien tanto amo. Un libro de duelo a la altura de “El año del pensamiento mágico” de Jean Didion, el relato de un corazón arrasado que sabe que por siempre estará incompleto.
El duelo como espejo —quebrado, necesario— del amor. El rictus de la memoria ante la posibilidad del vacío. El temple de saber que no hay consuelo posible, ni siquiera remisión del desconcierto. En fin: toda despedida es una elegía; pero toda elegía acaba por convertirse en una fiesta. La fiesta de recordar, en este caso, a J.M. a través de los ojos de Carme. Cierto es que el duelo y el recuerdo no admiten distracciones.
El dolor no desparece porque quieran, aquellos que te quieren,que desaparezca. El dolor de la ausencia no es algo ajeno a la vida. Es también parte de la vida, sobre todo de la vida que ya no vivirás con quien más querías. Precioso planto de la autora, Carme López, a su amigo, compañero, amor, Javier Marías.
Un libro emocionante y precioso, lleno de amor, que me he leído de un tirón, y que creo que ayudará a mucha gente. Un broche perfecto para cerrar la colección Reino de Redonda.
Nada nos prepara para la pérdida, menos aún para una devastadora, por más que la razón nos diga que es una posibilidad. Y la realidad es que, si llega, no sabemos cómo enfrentarla.
Manifestación de duelo...seguramente una terapia para su autora, pero interesante para todos aquellos que hemos pasado por un duelo reciente, de un tipo u otro.
EL MATRIMONIO es una institución narrativa, escribe Javier Marías en «Corazón tan blanco» y lo recuerda su viuda, Carme López Mercader, en este libro que escribió tras la muerte del novelista madrileño. Es precioso este libro sobre el dolor de la ausencia y la presencia espectral de quien se ha querido y ya no está. «Mi espíritu está dentro de ti como el tuyo en mí», dice un indio anciano y, más allá de cualquier tópico, es difícil decir mejor qué es el amor. El amor constante, más allá de la muerte.