Tengo admiración por Javier Reverte. He leído muchos de sus libros, visto muchas entrevistas y reportajes televisivos (recuerdo en particular unos sobre la Grecia Clásica basado en su obra El corazón de Ulises), asistido a conferencias y firmas de libros. En definitiva, le tengo mucho aprecio, y esto lo podéis comprobar con los libros del autor que tengo referenciados en Goodreads.
Desconocía este libro, y veo que los derechos de autor pertenecen a los herederos de Reverte. Quizás esto lo explique.
En el prólogo está la reflexión del autor sobre el libro, y los conceptos de imaginación e invención. El primero es convertir en creíble lo posible, mientras que inventar es extraer de la nada lo improbable. Hasta ese momento no sabía que se tratara de una obra de ficción. Sinceramente, pensaba que era una biografía sobre Francisco de Orellana como la de Pedro Páez quien descubrió las fuentes del Nilo, y que también lo escribió en su libro Dios, el diablo y la aventura.
Lamentablemente, este intento de biografía novelada a mí no me ha gustado, y no porque se haya inventado nada o haya habido un exceso de imaginación, sino porque no tiene profundidad, le falta alma a la historia.
Nos cuenta cómo podría haber sido la vida de Orellana, el descubridor del río Amazonas que lo recorrió hasta llegar al océano, quien nació en Trujillo, en Extremadura. Aparecen y desaparecen personajes que en muchas ocasiones mantienen con el protagonista Orellana unos diálogos muy ingenuos y sencillos. Demasiado simples. No hay reflexiones ni pensamientos elevados. Tengo la sensación de una linealidad en la historia que evita cualquier atisbo de sorpresa o emoción.
Creo que el libro es un borrador no acabado, quizás porque faltaba rematar el estilo, a caballo entre Alberto Vázquez Figueroa y Juan Eslava Galán, pero sin alcanzar las cotas literarias de estos. Hay errores lamentables como decir que Francisco de Orellana comió patatas asadas en la España de 1524 (imposible sin más). Así, he detectado varios errores más pequeños, pero fallos al fin y al cabo.
En su momento, me enteré de la manera en que se liquidó la biblioteca personal de Reverte, desmantelada, malvendida y destrozada, y pensé que su familia es quien tiene que decidir qué hacer con la herencia. Tras leer este libro, he cambiado de opinión. Prefiero que su familia no saque a la luz más borradores u obras inacabadas porque mancillan la calidad de los trabajos publicados en vida.
Nota: 3