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Educación universal: Por qué el proyecto más exitoso de la Historia genera malestar y nuevas desigualdades

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280 pages, Paperback

Published September 5, 2024

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November 1, 2024
Calificación: 2.5/5
Excesivamente genérico, etéreo e, incluso, falto tanto de fundamentos prácticos (a pie de trinchera) como filosóficos. Y, con todo, ofrece píldoras para pensar y, de vez en cuando, uno se puede encontrar con datos y toques de atención interesantes. Pera, posteriormente, todo se diluye en una buena intención brumosa.

Los problemas son diversos. Los autores se mueven entre el blanco y el negro, obviando escalas de grises ("o descontentos o desencantados"), incluso caricaturizando superficialmente (la posición de Pierre Bourdieu, por ejemplo) o exagerando problemas locales (considerar que el moralismo identitario "woke" angloamericano es propio de la izquierda universal y podría arramblar con el mundo). No son capaces nunca de poner pie en el aula ni de elaborar una mínima conceptualización acerca de la intersección entre aula, sociedad, familias economía y tecnología (sólo, a veces, consiguen ofrecer algún brochazo tecnológico): las relaciones entre democracia y educación son de un simplismo rampante. Bueno, para ser justos, sí que son capaces de matizar, pero se acaban disolviendo en el corpus general.

Tratan temas espinosos con cierta gracia, sí. PISA es un ejemplo, pero en ningún momento se les ocurre desentrañar cuál es su funcionamiento, quién la financia y cuáles son sus parámetros de evaluación. De este modo, los autores aceptan acríticamente cualquier sistema de evaluación (¡Ni siquiera ponen en duda los "extraordinarios resultados" del Intensive Partnerships for Effective Teaching de los Gates en EEUU!). ¿Quién evalúa y el qué? ¿Cuáles son sus intenciones? ¿A costa de qué? Se echan de menos estas preguntas en el ensayo. Pronto deja de sorprender, pues también asumen que los "saberes competenciales" son buenos de por sí sin definirlos ni hacer crítica alguna.

Los autores una y otra vez enarbolan la bandera de la Ilustración, citando precisamente el ensayo más flojo de Steven Pinker (donde "culpabiliza" de los males de la sociedad a todo autor que no comulgue con su visión cientifista de las cosas, sea Nietzsche o Foucault). Sí, claro que hay que defender la libertad, la igualdad y el saber, pero lo que no parecen entender este raza de pinkerianos es que hay que cuestionar qué es lo que falla en dicho proyecto. Considerar, como ellos hacen, que criticar (en ciertos ámbitos al menos) la existencia de una "realidad objetiva que pueda ser explorada, entendida y explicada", es directamente ser los malos de la película, es de un maniqueísmo total (de nuevo, o blancos o negros). A este paso, los saberes humanísticos quedarán etiquetados de irracionales (o se confundirán con las fake news, los negacionistas o cualquier tipo de populismo...). A los autores les cuesta diferenciar.

Esta mediocridad filosófica se hace evidente cuando critican que en la educación penetren ideologías (y que estas estén en liza). Sí, claro que hay ideologías nefastas y claro que sobre-ideologizar es siempre un problema (máxime cuando sean posturas absurdas que atentan a los Derechos Humanos), pero...¿Acaso creen que existe una educación verdadera, objetiva y desideologizada? ¿Volvemos a los faraones egipcios? ¿Al Dios verdadero? ¿O lo reducimos todo a matemáticas aplicadas y tiramos a la basura las humanidades? Ante estas preguntas los autores se refugian en la Ilustración y la meritocracia (que debe ser "más y mejor"). ¿No hay nada que criticar en la tradición ilustrada? ¿O es que hacerlo supone situarse en el lugar del "mal"? Tamaña ingenuidad negar que un proyecto educativo no tendrá ingredientes ideológicos y políticos: la clave será cuáles son los que debe defender un proyecto de igualdad, libertad, enriquecimiento y creatividad...

Y, sobre la meritocracia, otro de sus caballos de batalla...¿Dónde hay un capítulo explicando cuáles han sido sus fallos y fracasos, donde el término está vacío y dónde sí que aplica? ¿Dónde están las propuestas para fortalecer sus puntos fuertes y paliar sus puntos débiles? ¿O insinúan que, como los asiáticos originarios de dictaduras son entrenados desde niños para disciplinas propias de una sociedad dictatorial a lo "1984", y son altamente competitivos en EEUU, esa es la meritocracia buena? No lo sabemos. Sólo sé que, como si fuera un mantra tibetano, para estos dos autores la meritocracia es sinónimo de beldad, por lo que seguiremos sin saber cómo paliar las diferencias entre el alumno que viene de una familia desestructurada y violenta en un arrabal y el que viene de una familia cuyos padres son propietarios de minas de diamantes en el Congo. Esto último no es una broma, en tanto que los autores, de pasada, vienen a decir que Elon Musk es un multimillonario debido a su excelente educación, y no a la herencia de una empresa familiar...

En conclusión: desfocalización, falta de profundización, carencia de crítica con cuestiones centrales (Pisa, evaluación del profesorado, competencias, meritocracia...), excesivo sentido común (de estar por casa, me refiero) pero con escasa fundamentación filosófica, maniqueísmo, tufillo economicista...¿Cuál es la finalidad de la educación? Los autores lo reducen a igualdad y libertad (como mucho): demasiado abstracto. Se nota que los autores no han estado en la trinchera educativa.... Pero seamos justos: tocan cuestiones importantes, lo hacen de forma entretenida y, lo que es más, no estoy tan en desacuerdo con lo que enuncian: estoy en contra de lo woke, acepto su diagnóstico acerca de la tecnología y defiendo la escuela no segregacionista. El problema es el cómo lo dicen y el bosque paradójico, ambivalente y brumoso que se come las buenas intenciones.
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