Qué difícil es crear un buen verso y el poeta nos regala un buen puñado, otros más cotidianos y unos cuantos que ni fu ni fa. (Es quizá el coste de invertir e ilusionar con una línea clara, y pasar después a oscurecer el verbo, a alambicar el sustantivo y el adjetivo).
Tal vez es un libro de más a menos en cuanto a intensidad y belleza: del tierno desamor revelado, a la cotidianidad de los días.