Una lectura que desafía en muchos ámbitos. Desde la literatura, propone aproximarse a lecturas canónicas (Pablo Palacio, Juan Gelman) y otras que han estado en los márgenes o abandonadas por parte de los hombres que construyen el canon literario de su país (Dolores Veintimilla, Camila Sosa Villada), con un enfoque contemporáneo con respecto al género y a lo político. En cuanto al Derecho, está la invitación a pensar sobre la sexualidad y las sexodisidencias en el ámbito público, con especial detenimiento en las infancias lesbianas y los testimonios de las personas trans. Me pareció significativo que, siendo un análisis que se centra en la persona como sujeto de derecho atravesada por distintas violencias (familiar, estatal, machista), el autor se refiere a ella como "cuerpos". Construye la tesis de su perspectiva desde una nueva forma de nombrar a las personas que se ven acechadas por un ordenamiento jurídico y una educación que las precariza. También hay que rescatar el atrevimiento a utilizar lenguaje inclusivo, con todas las implicaciones que eso conlleva, en el mundo de la academia.