Lola Nieto alquiló una casa en Kioto. Estudió el idioma, escuchó el canto de los pájaros en el jardín abandonado del vecino y oyó el escupitajo de un anciano que cada mañana pasaba junto a su puerta. Allí, tras paredes correderas de papel y sobre los suelos de tatami, habitaba un espacio situado entre dos reinos sonoros. Se movía entre el español y el japonés al igual que las itako —las chamanas ciegas que viven en el antiguo volcán de Osorezan— van y vienen del más allá para hacer hablar a los muertos. La isla desnuda nos embarca en una travesía de ida y nos adentra en los kanjis; los santuarios del shintō y sus rituales; los daimones, las chamanas y los kami; las atrocidades que recorren la historia de Japón así como su teatro, su cine y su literatura. Y nos devuelve a una lengua materna, contaminada y extrañada, en la que de los sonidos de las palabras brotan racimos de significados impensables. En estas páginas, la escritora contorsiona el lenguaje y deshace su historia hasta invocar el origen de cada término. El resultado es un encantamiento en el que resuena el dolor por la enfermedad del padre, la ternura y el silencio. La palabra de la autora cae en la página como una piedra en un río. La reflexión, el diario y el poema se congregan aquí como las ondas concéntricas que se dibujan sobre la superficie del agua. La precisión, la plasticidad y la imaginación auditiva que Lola Nieto combina en esta obra delicadamente monstruosa la sitúan como una de las ensayistas más sugerentes de nuestra lengua.
La Isla Desnuda, de Lola Nieto, es un paisaje de soledad y redención, un lienzo donde las emociones se despliegan con una desnudez tan cruda como la propia isla que da título a la obra. A través de una prosa que se mueve entre lo poético y lo visceral, Nieto nos introduce en un territorio donde lo físico y lo emocional se funden en un mismo espacio de desamparo y búsqueda.
La autora, de manera magistral nos entrega un relato que, a pesar de su aparente minimalismo, está cargado de simbolismo y significado. Este libro es una obra que nos recuerda que, a veces, solo al enfrentarnos a nuestras propias sombras y a la soledad más absoluta, podemos encontrar la luz que nos permita volver a comenzar. La escritura de Nieto se desliza con una cadencia rítmica, donde el silencio es tan importante como la palabra. Es como si cada ola, cada ráfaga de viento, llevara consigo un fragmento de su pasado, un recuerdo que debe ser enfrentado para poder avanzar.
Nieto no pretende ofrecer un desenlace definitivo, sino una ventana hacia la transformación, hacia ese punto donde el dolor y la belleza se encuentran, donde la lucha por sobrevivir se transforma en la búsqueda de un nuevo significado.
Un assaig/diari poètic molt especial que esdevé un mapa sonor del Japó. Una experiència lingüística i de vida, que no amaga les dificultats inherents o les barreres culturals, a vegades, insalvables. També una mostra d'amor i fascinació per una llengua, una cultura i un país. L'apropament que en fa és únic i personal. L'he llegit per regalar i ara penso que és un regal preciós, un viatge fascinant.
Me pasa algo curioso con este libro. Quizá me equivoque, pero creo que la autora lo concibió para que lo degustes poco a poco. Para que mastiques y saborees sus capítulos dilatándolos en el tiempo. Para que los dejes reposar, respirar… Para que asumas su lectura como un mantra diario (o incluso semanal). Y a veces pasaba esto pero otras no podía, me atrapaba. Necesitaba ver con qué me iba a sorprender. Filosofía, mitología, etimología, literatura, cine, historia… y Japón en el epicentro de todo.
Contiene momentos muy literarios, y otros donde lo onírico-lírico se adueña de la lectura. Los episodios narrativos me encantaron; como conocer a las Itako, chamanes ciegas que viven en Entsu-ji, el llamado “final del mundo” para los japoneses. O el caso de Hellen Keller que nació ciega y sorda, por lo que su constructo del mundo y la percepción del “yo” y otros conceptos no existen per se (la vida, la muerte...).
No obstante, sería de necios negar que la parte más lírico-narrativa me costaba. Reconozco el valor de los textos de Lola Nieto para crear esa especie de poesía acústica y visual. Es un libro concebido como un diario sonoro y tiene su porqué. Pero, a veces, ese “no entender” de lo que se está hablando, del porqué se está hablando de esto, incluso del contexto de lo que se está hablando, directamente me aburría. Seguramente me faltó mayor plasticidad en mi comprensión para absorber todo lo que Nieto tenía para mí.
Como he comentado al principio, estoy seguro de que el libro está concebido en píldoras e intentaba tomármelo así. Me voy a intentar quedar con todos esos momentos que me hipnotizaron. Recuerdo algunos que me transportaron a sensaciones placenteras como cuando huyes lejos de la humanidad para encontrarte con los silencios de la naturaleza, el canto de los pájaros, el vaivén de las olas… Atesoro el regusto de esas líneas en las que la autora tenía atrapados mis sentidos, como lo hacían mis clases de historia del arte en bachillerato.
Estas tres palabras unidas significan "costumbre" en japonés, porque ensartar conchas es difícil, pero si se hace con el corazón volcado en el gesto se aprende y se logra.
Acostumbrarse es poner el corazón.
No hay costumbre sin voluntad. Sin tiempo ni empeño.
Reflexiones e imágenes bonitas pero reconozco que se me ha hecho pesado cogerlo para leer. Quizá se tenga que leer así, en pequeñas dosis y no de golpe como pensaba
“Escribir como levantar una mano ensangrentada, sin dedo”.
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El budismo zen comprende que la contradicción es el estado de reposo de la naturaleza. La isla desnuda alcanza no en pocas ocasiones la imagen que nos revela sin palabras esa paradoja, encarnada en palabras.
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“No hay alguien que habla y alguien que escucha. Sucede el discurso”.
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En el budismo todo es siempre a la vez. El yo occidental, unívoco, se angustia allí. Sin embargo, solo quien se halla en reposo en la contradicción llegará a saber algo, llegará a conocer al buda, y Lola Nieto parece haberlo comprendido tantas veces en su viaje como relatos nos presenta en este libro. El yo se dice de muchas formas, con ella nos convertimos en “puñado de arroz”.
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En La isla desnuda reposamos en contradicciones, etimologías sonoras, memorias familiares, daimones que no existen pero son, realidades reveladas por la mentira, y se hace feliz la incomprensión de algo fascinante que se nos abre a cada página, que tardaremos en comprender, que nos aterra como el monstruo y nos seduce como el monstruo. Palabras que esperan en reposo sobre la contracción a que seamos capaces de grabarlas en nuestro ser, en nuestro cuerpo, en nuestra mente. Mente, monstruo, mentira.
Es un libro muy difícil de resumir, quizá es más sencillo resumir la experiencia de la lectura del libro, lo que ya habla de que estamos ante un inclasificable y a su vez, un libro del que hablar, recomendar, al que volver.
Lola Nieto nos acerca a Japón, a su lenguaje, su historia, sus costumbres, desde su experiencia como occidental y desde su mirada de poeta, es decir, desde una observación que hace crecer aquello que mira y que nos cuenta. Es como entrar en un conjuro, a veces entendiendo a veces quedándote sólo con la sugerencia, pero aún así, mecida en la canción. Un libro que habla de cosas muy duras, pues una civilización así guarda muchas sombras y de un lenguaje otro, inaccesible pero que intenta deshilachar para trenzarnos su entendimiento, que nos hace ver las diferencias de ritmo, tiempos verbales, valores y corporalidad de oriente frente a occidente. Todo ello escrito de manera corporal, con una voz única que nos cede un ojo a su intimidad y a su duelo, por el lenguaje, por el padre, por las distancias.
Lo he leído lentísima porque no quería que se me escapase: es de una belleza brutal, con todo lo que brutal y belleza implican. Más que recomendable.
Es difícil describir lo tremendamente bello que es "La isla desnuda". Este ensayo poético recoge historias y costumbres de la cultura japonesa, al mismo tiempo que la autora intenta acercarse a la complejidad del lenguaje nipón a través de preciosas metáforas que analizan los kanjis. Pero también se detiene a reflexionar sobre su propio idioma y las reconstrucciones etimológicas que lleva a cabo de algunas palabras son de lo mejor que he leído este año. Pero "La isla desnuda" es mucho más. Habla sobre la enfermedad, la distancia y el silencio con un lenguaje preciso y conmovedor que resuena mucho más allá de la página. Un libro sorprendente que me va a acompañar ya siempre. Lo recomiendo muchísimo.
A ver. Tiene partes preciosas en las que te enseña la mitología japonesa y te quedas embobada leyéndola. Otras partes se me han hecho bola (demasiados nombres y me ha resultado lioso). Un libro muy sensorial donde el oído tiene un gran protagonismo y la vida y la muerte están muy presentes al igual que el concepto del karma (pero no dicho de esta manera). Creo que si lo hubiese leído en otro momento (ha coincidido con el aniversario de la muerte de mi padre), lo habría disfrutado más porque los capítulos en los que hablaba sobre la muerte se me hacían cuesta arriba y dolorosos. Aún así, lo recomiendo porque tiene una forma de escribir muy poética y cautivadora.
Insólita experiencia de lectura que no va solo de Japón, se interna en territorios íntimos y explora la pérdida, el duelo, la alteridad. Un libro que te invita a cruzar umbrales y a cuestionar las certezas de nuestro lenguaje y percepción del mundo. Es un ensayo y un diario, un libro narrativo y a la vez es poesía, todo en uno, fusionado. Es una lectura que te deja removido y pensando. Sin certezas, en suspenso, ya nada volverá a ser igual. Fragmentos de gran crudeza y otros muy delicados se suceden. Muy recomendable.
Es un libro que es difícil catalogar. A mitad de camino entre el diario, el ensayo, la poesía... El texto es una auténtica belleza pero a pesar de ello no era lo que estaba buscando y por momentos me he desconectado un poco de la lectura. Merece la pena intentarlo.