Aromada de fábula y con el gancho de la gran literatura, esta arrebatadora novela gráfica basada en Memorias de una vaca, de Bernardo Atxaga, se aleja felizmente de cualquier discurso de superación para hablarnos de las poderosas razones del corazón, de las tinieblas del hombre y del lugar que nos corresponde en este mundo.
Conocía el libro original (el cual no he leído), del cual es una adaptación en novela gráfica. Lo primero decir que el dibujo y el color son muy bonitos, y hay bastantes viñetas sin texto, solo escenas que transmiten todo lo necesario.
Si bien son las memorias de Mo, una simpática vaca (me encantan las vacas también), creo que también retrata un cruel mundo de guerra. Hecha por los humanos, tal y como intentan expresar las vacas entre ellas: son irracionales, y solo son los humanos las que las hacen.
Lo que también me gusta es la relación de amistad que surge entre Mo y Vache. Ambas no se sienten parte del rebaño, sino más bien fuera de él, en el bosque, o explorando. Y al final, lo que les salva de acabar en la carnicería es que ambas eran diferentes al resto.
Mo acaba en un convento con una chica llamada Pauline, pero tras un largo tiempo, decide volver a su caserío de origen, aunque creo que no he comprendido el final (salvo que volvía a estar lleno de vacas, quien sabe si como lo mismo, para la carnicería, para la leche, o para que vivan felices...).
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