Estas historias ambientadas en el pasado me llaman muchísimo la atención, pero tengo que reconocer que esta me ha encantado. ❤️
Una historia que rinde homenaje a tantas mujeres valientes de las zonas rurales a las que les tocó luchar y salir adelante en los difíciles años de la posguerra.
Candela es la hija de los guardeses de una finca. Los propietarios tienen un hijo, Ramón, y entre ellos surgirá una historia de amor que, por las circunstancias y las diferencias sociales de la época, no podrá ser. Candela será expulsada de la finca y comenzará a trabajar como interna en diferentes casas.
A partir de ahí, acompañaremos a una mujer que tendrá que enfrentarse una y otra vez a las dificultades de una época muy dura, demostrando su fortaleza y luchando por abrirse camino y construir su propia vida.
Una historia basada en testimonios reales, en la que encontramos amor, secretos familiares, desigualdad y, sobre todo, supervivencia.
La ambientación me ha parecido magnífica. La autora consigue que puedas sentir el calor, respirar el olor de los olivos y acercarte a la dureza de la vida de aquellos años.
Los personajes son muy humanos y creíbles, pero sin duda me quedo con Candela. Una mujer fuerte, valiente, luchadora y fiel a sus principios, de esas protagonistas que terminan dejando huella.
Además, me sorprendió encontrar entre los capítulos unos preciosos dibujos realizados a carboncillo, un detalle que aporta todavía más personalidad a la novela.
La historia está narrada en dos tiempos, permitiéndonos conocer poco a poco qué ocurrió en el pasado. Y la pluma de la autora me ha encantado: sentida, cercana y capaz de transmitir muchísimo.
Y llegamos al final… ¡qué final! 😭 No podía parar de leer y terminé robándole horas al sueño porque necesitaba saber cómo acababa. Un final triste, especialmente después de haber llegado a querer tanto a sus personajes.
De esos libros que te aprietan un poquito el corazón, que terminas y necesitas unos días para asimilar todo lo que te han hecho sentir.
10/10