Esta es la historia de Juan Marín: para algunos, muchos, casi todos, la Bestia. Un hombre que quería desaparecer, y quedarse inmensamente callado se le parecía un poco.
Sus hechos, un poco extravagantes, rozan lo extraordinario. Entregó todo lo que tenía: su memoria, su libertad, su entendimiento.
Si puede perdonarlo, por favor, hágalo.
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Los hechos relatados en esta novela no ocurrieron en la realidad. Y no ocurrieron, más precisamente, en la ciudad de Valparaíso, en algún momento entre 1860 y 1899.
La imaginación del autor y su originalidad. Hacer protagonista al lenguaje en una narración que fluye como un río desde La Frontera hasta Valparaíso a fines del siglo XIX en medio de conflictos étnicos y anarquismo. El protagonista me recordó en algunos momentos al Halcón de Hernán Díaz,Håkan Söderström, otro huérfano en viaje sin idioma por la California de la fiebre del oro.
Las inquietudes teórico-discursivas podrían haberse comido el argumento, pero no fue así. Conviven de manera fluida y atrapante. Tuve una sensación similar a la lectura de la obra Manuel Rojas <3.
La historia verídica de unos hechos que nunca ocurrieron (entre 1860 y 1899) en la ciudad de Valparaíso, adonde llega Juan Marín desde la Araucanía, huyendo, autoimponiéndose un voto de silencio. Personaje de origen improbable, cuyo pasado se nos va revelando lentamente, que termina trabajando en un Banco, donde conoce a un excéntrico grupo de estudiosos, los neógrafos, que se han propuesto modificar la forma en que se escribe -su objetivo es llegar a que exista un grafema por cada fonema-, pero también hacer la Revolución (o al menos, una Revolución).
La novela, en el fondo, nos quiere sumergir en la visión de mundo -y, acaso, en la particular locura- del siglo XIX. Esto se logra no solo a través del tema, sino también del lenguaje expresado (con un toque decimonónico, aunque sin exagerar y, al mismo tiempo, bien “chileno”).
El epígrafe de Borges y las reflexiones del narrador -también hay un juego ahí, sobre lo que significa narrar y ser narrado- llevan a pensar que hay un intento de trazar una suerte de moraleja histórica. O, tal vez, se exprese así la resignación -incluso el pesimismo- de una época de clausura (la nuestra) revisitando una época de apertura, pero que hemos dejado irremediablemente atrás. Recuerdo una conversación que tuve hace muchos años con Fernando Venegas, un historiador limachino -me parece que hoy radicado en Concepción-, quien decía que sus estudios se centraban en el siglo XIX porque era un siglo “abierto”, a diferencia del siglo XX, cerrado por la tragedia. Aquí Ignacio Álvarez, profesor de literatura e investigador del siglo XX, también elige como escenario de su fábula -si es que acaso es una fábula- el siglo anterior.
Creo ver en las partes finales algún guiño a Camus (Los justos, El hombre rebelde), pero atravesado siempre por un absurdo y un humor muy chileno. Por cierto, decir el siglo XIX desde el XXI se parece mucho a traicionarlo. Pero es una traición tan inevitable como la de la traducción (tema también aludido en el libro).
En fin, es un libro que, a pesar de estar escrito en “tono menor”, suscita preguntas (o, al menos, ciertas reflexiones). Recrea muy bien una época y -como lo haría un verdadero documento histórico- fuerza en el lector sus paralelismos. Y por último: se lee con agrado, que no es poco
Me gustó mucho la historia de Marín y la manera en que está contada. Tiene de todo, aventura, traición, amor y lucha social. La realidad del siglo XIX está súper bien mostrada, se me hizo completamente verosímil, a pesar de la rapidez y soltura de la pluma, que es bastante moderna.
Una novela sólida en su planteamiento y muy entretenida de leer. El tema del lenguaje y su influencia en la construcción del personaje principal es simplemente notable. Francés, mapudungún, alemán, español, mutismo y neografía, esta última como un espacio limítrofe entre la construcción de la lengua y las estructuras sociales.
Lo más interesante de esta novela es que me pareció notar una especie de crítica o de burla con forma de homenaje a los grupos de anarquistas/idealistas que buscan reestablecer el funcionamiento de la sociedad a través de la acción directa, es decir, atentados, bombas, sabotajes, sin pensar mucho en lo que viene después de esas acciones, guiados más que nada por una pasión política que muchas veces no tiene un real sentido para la mayoría de las personas que viven dentro de esa sociedad que estos grupos intentan cambiar. Me hizo pensar mucho en lo que pasó en el estallido social chileno y en esa frase de Gabriel Salazar: "la historia no se repite, pero rima". (Curioso que haya terminado de leer esta novela justamente el 18 de octubre)
La historia es de un personaje misterioso que llega a Valparaíso a mediados del siglo xix , que quiere hacerse invisible a partir de un voto de silencio. Contar más es riesgo de spoiler. Muy entretenido, historia bien construida, generando hambre a seguir leyendo, se lee en 2 días.
Fui alumno del autor de esta novela y puedo decir que pocas personas logran transmitir como él la pasión por la crítica literaria. Cuando compré el libro temí que algo de esta pasión libresca fuese demasiado evidente en el libro, no tanto porque me desagraden los erudiautores, sino porque cuando uno les conoce la biblioteca se hace difícil no notar las costuras. Tenía razón en algo de mi temor. En efecto, la novela está salpicada de todos los pequeños vicios que le conocí: lecturas de la tradición marxista (la única que resulta inverosímil es la cita de Althusser), préstamos de Hijo de Ladrón, la reflexión obsesiva sobre la relación entre significante y significado (grafema-fonema, valor de uso-valor de cambio, teoría-práctica, palabras-cosas, etc.), rescrituras de Bouvard et Pécuchet, fascinación por el relato popular, minucioso conocimiento de nuestra historia cultural, personajes artlianos, en fin... Todo esto es cierto: las costuras están allí. Sin embargo, la historia relatada es tan entretenida y su narrador tan simpático que nada de esto importa. Lo que las referencias librescas dejan ver no es la arrogancia latera de quien se sabe culto, sino las obsesiones personales del autor, su amor por el relato , su humilde intento de hablarnos de lo que mejor sabe de la manera más atractiva que conoce. Así recuerdo sus clases. Así me alegro de haberlo reencontrado en esta novela. Recomiendo mucho.
PD: resulta muy pertinente el dilema que plantea sobre la violencia política.
Me gustan muchísimo las novelas que quieren hablarte de la historia de un país a través de un personaje singular que siempre es un poco Frankenstein (como todas las naciones). Me ha gustado mucho, aunque a veces lo he sentido un poco autoconsciente y eso ¡ay! lo vuelve poco creíble, como demasiado supeditado al deseo de su autor por esconder su visión de la historia (algo que le pasa a toda la épica nacional, hasta a la irónica). Pero lo he disfrutado un montón, insisto.
Un par de veces pensé mmmmm, tal vez porque uno cacha los intereses del autor y ciertas cuestiones parecen caprichosas o no tan sutiles pero en realidad es quejarse de lleno y también un poco culpa de uno. Me gustó mucho la historia, el subtexto, el estilo de narración fresco con un humor casi ingenuo escondiendo toda su profundidad y las mil aristas por las que se balancea a medida que uno avanza en la historia. Es una arquitectura perfecta. El final, mamita querida, qué bueno el final.
kompré y terminé el libro en el mismo día (lo akabo de terminar) i simplemente wow me enkantó la manera en la ke abla de tantos temas tan dibersos sin salirse del ilo de la istoria, en todo momento suceden kosas ke mantienen la atención en la lectura
siento ke además le da una profundidad inkreible al personaje prinsipal, su manera de pensar i prosesar todo lo que ba bibiendo (puede que me haya sentido un poco identificado con él)
simplemente increíble, una lectura muy dinámica y divertida
UN Bartleby que preferiría no hacerlo pero lo hace y no una sino un par de veces: la primera defenestrando a un monarca y la segunda desatando un estallido. Pertinente y muy bien contada, la historia de Juan Marín, el hijo de un cacique y de una cautiva, transcurre entre la Araucanía y Valparaíso, y entre otros méritos tiene el de activar un sutil mecanismo a través del cual un narrador al inicio invisible va haciéndose con el protagonismo y acaba desplazando al personaje en un cuerpo a cuerpo final emotivo e intenso. El sueño de la razón produce monstruos, en este caso una bestia que tiene mucho de ángel.
Marín es un personaje que debiera quedar en la memoria de la literatura chilena. El lenguaje y el silencio, temas que el libro me deja para reflexionar