Durante sus épocas de desesperanza creativa, Nico escribía. Mientras hacíamos un podcast dedicado a las excusas para no escribir, Nico escribía. A lo largo de sus preguntas, cambios y migraciones, Nico escribía. Escribía cuentos para viajar al pasado, para entender, para conservar, para transformar, para soltar. Y un día entendió lo que había hecho y me dijo: “Creo que escribí un libro”. Y Luces estuvo listo.
Aniko Villalba
Nicolás Verni nos transporta de inmediato a un universo muy parecido al nuestro, donde lo extraño convive con lo cotidiano. A veces se revela de forma sutil, casi imperceptible; otras, aparece de forma explosiva y disruptiva. Los diez cuentos que componen Luces encuentran el equilibrio justo entre realidad y ficción, manteniendo la tensión y la expectativa hasta la última página.
Con una prosa efectiva, sutil e incisiva, el autor conforma un libro de cuentos potente, atrapante y sobre todo sorprendente. Y no es poca cosa, en momentos en que la obra se suele relegar a la figura del autor, como una parte que compone un todo, Verni escribe un libro que no necesita de él para ser leído. Apuesta a la ficción, al oficio trabajoso, duro y obsesivo, de encontrar la palabra justa, de no soltar ni una frase que no apunte al corazón del relato; apuesta a las historias atrapantes, lúdicas con finales que, como diría Arlt, dan un cross a la mandíbula. Luces es el primer libro que publica Verni, y eso es una de las cosas que más sorprende: la voz narrativa parece de un escritor de oficio, alguien con una madurez y un aplomo para no dejarse distraer del punto al que va el cuento. Hay algo de Carver en esa manera de escribir, también algo de Hemingway: la explosión dramática no ocurre en la historia, sino que lo que se narra es o bien lo que sucede justo antes o justo después de un evento intenso. El 80% del iceberg oculto en las historias de Verni, como en Carver, es el eje sobre el cual gira toda la acción, es el vacío que se potencia y se consolida como un agujero negro simbólico, un condensador de sentidos. Y eso permite una lectura activa, nos invita a completar lo que falta. Luces es un gran libro, quizás uno de los mejores que haya leído de narrativa contemporánea. La estructura de los relatos deja la sensación de un gran disco, y nos tienta cada vez a volver a entrar a la tensión sutil de sus ambientes, la frescura de sus personajes, las frases breves, sutiles, que corren el sentido sin forzar el verosímil, la apertura en cada tercio final que permite la imaginación activa de quien lee.
Cada historia es un mundo entero, lleno de vida, con un toque de melancolía y misterio. Está muy bien escrito. La última historia, “Luces”, se va a quedar conmigo por mucho tiempo.