Rodolfo Llinás es una de las mentes más brillantes, si es que no es la más, que ha producido Colombia. Este señor es un bogotano nacido en 1934 y es una de las personas más influyentes y reconocidas en el campo de la neurociencia a nivel mundial. Ha recibido infinidad de premios y reconocimientos por su trabajo científico, como el Ragnar Granit de 2013 otorgado por el instituto Nobel y la medalla Einstein de 1991 otorgada por la Unesco, para solo mencionar dos de ellos. Desde hace ya varios años el Doctor Llinás ejerce como director del departamento de neurociencia del hospital de la Universidad de Nueva York y tiene en su haber más de 400 publicaciones, incluyendo libros de divulgación científica.
¿Qué es la conciencia? ¿Qué es eso que me hace único? ¿Qué es el yo? Estas son las preguntas que el Doctor Llinás intenta responder en este libro con un abordaje eminentemente científico, fisiológico, neurológico y evolutivo, pero también pretende hacerlo de una manera simple con conceptos al alcance de cualquier persona.
El punto de partida del Dr. Llinás es que el cerebro y la mente son inseparables, siendo la mente consecuencia del cerebro.
El segundo punto a tener en consideración es que solo los organismos con movimiento activo y organizado tienen cerebro. Las plantas no tienen un movimiento activo, consecuentemente carecen él.
El movimiento activo funciona como una exitosa estrategia de adaptación y supervivencia pues permite buscar alimento, buscar refugio y evitar peligros y depredadores. Sin embargo para que el movimiento activo sea exitoso como estrategia de supervivencia debe ir acompañado por la capacidad de anticipar hechos futuros: si no comienzo a correr el león me va a atrapar y me voy a convertir en su cena...
Es en este punto donde surge el concepto de sí mismo, concepto que es diferente al de la autoconciencia. El sí mismo es la capacidad que tiene el cerebro de centralizar todas las funciones anticipatorias del organismo, pudiendo coordinar oportunamente las respuestas requeridas sin importar el órgano que sea necesario movilizar, para asegurar así la supervivencia. La forma más sencilla de entender este concepto es retomando el ejemplo del león. Si usted está en la selva y entiende que un león va a atacarlo, usted de inmediato comenzará a correr en busca de refugio para protegerse a sí mismo, usted será consciente de la situación, pero mientras que está en esa carrera con seguridad usted no estará para reflexiones filosóficas del corte: heme aquí huyendo del león.
Ahora, para poder anticipar es necesario comprender el contexto en el cual el organismo se desenvuelve y para ello es necesario poder conocer y/o aprender dicho contexto. Por tanto la cognición es también una consecuencia del movimiento activo de los organismos. Pero la cognición es un conocimiento apriori del cerebro, en otras palabras no hay que aprender a aprender, solo hay que aprender los contenidos del entorno (vale la pena mencionar que este punto daría la razón a la escuela apriorista como respuesta a cómo conocemos). Sobre este tema conversamos bastante en la revisión del libro la Teoría del Conocimiento de Johannes Hesen).
Entonces, para moverse activamente como estrategia exitosa de supervivencia usted necesita un cerebro que viene con la capacidad preinstalada de aprender, y usted necesita aprender acerca del contexto en el que se desenvuelve y luego a partir de ese aprendizaje ser capaz de formar ideas y percepciones que le permitan anticipar eventos, en otras palabras usted necesita pensar.
Pero si el sí mismo tan solo es la capacidad de integrar la capacidad predictiva de los diferentes órganos que constituyen al organismo, ¿qué es la consciencia?
Como vimos, para que el sí mismo pueda predecir necesita aprender y la forma en la que el cerebro aprende es a través de los órganos y sentidos que le permiten obtener información sensorial acerca del entorno del organismo. Entonces el cerebro ve, escucha, toca, huele, saborea y además siente emociones y otro tipo de sensaciones como el dolor. Y así como unifica las capacidades predictivas de los diferentes elementos del organismo, necesita unificar toda esta información que recibe del exterior, de forma que pueda coordinar su realidad interna con la externa y la mejor forma de hacerlo es a través de la consciencia. Cuando el organismo no solo tiene la capacidad de actuar como un todo sino que además tiene una imagen de sí mismo como un todo y sabe que es un todo, la unificación de lo aprendido, con las predicciones y las consecuentes acciones funciona de manera espectacular permitiéndole adaptarse y sobrevivir exitosamente.
No obstante, es importante mencionar que la consciencia requiere de dos elementos: uno externo que como ya vimos es tomado del contexto a través de los órganos sensoriales y los sentidos y uno interno que consiste básicamente en atención o foco. Usando la misma pregunta que el Dr. Llinás pone en su libro: ¿cuántos de ustedes sienten sus zapatos? ¿Cuántos de ustedes los sentían antes de que yo hiciera esta pregunta? La cognición requiere de atención.
Esto nos muestra también que no somos capaces de procesar toda la información que nos rodea. Por tanto la consciencia funciona como una herramienta que nos permite enfocarnos en aquello que realmente merece atención para tomar así las mejores decisiones para nuestra supervivencia.
Finalmente nos encontramos con un último concepto, el de cualias o sentimientos. La visión mecanicista proponía que los animales no eran otra cosa que máquinas biológicas, carentes de alma y consecuentemente de sentimientos, por lo que su vida era la de autómatas. En el cerebro y el mito del yo, nos encontramos con una postura diferente que nos enseña que las cualias o sentimientos son quizás el gran truco final con el que el cerebro corona el desarrollo del sí mismo y la autoconciencia. Las cualias permiten sentir y contextualizar lo que sentimos, lo que a su vez permite que al enfrentarnos a una situación u objeto semejante en el futuro nuestra reacción sea más rápida o más adecuada, incluso que podamos tomar ventaja de dicha situación o evento.
Todo esto nos lleva a la conclusión de que no hay trascendencia en el yo, al final no importa quiénes somos y esta parece ser la confirmación de que nuestra existencia es un fenómeno meramente biológico carente de trascendentalidad o misticismo, pues el sí mismo, el yo, nuestra autoconciencia no son más que un truco del sistema nervioso que le permite asegurar que los diferentes grupos de células que decidieron especializarse (perdiendo otras capacidades) y agruparse (para que otros grupos de células suplan aquellas capacidades que perdieron) actúen como un ente unificado que toma cuidado de cada una y todas sus partes con el fin de garantizar su supervivencia. En otras palabras el yo no es más que una estrategia de adaptación al medio.
"Nuestro aprendizaje surge, aunque sin planear, a causa de la selección natural. El contenido de lo que aprendemos, sin embargo, es producto de innumerables necesidades y eventos experimentados durante nuestro desarrollo, un resplandeciente sueño llamado nuestras vidas personales, que se desvanece sin dejar ningún legado biológico inmediato. Nuestros recuerdos mueren con nosotros"
El doctor Llinás concluye su libro con una breve disertación acerca de la inteligencia artificial y la posibilidad de que las máquinas desarrollen algún tipo de consciencia. Lo que propone en esta breve disertación es interesantísimo porque nos dice que la posibilidad existe, porque al final de cuentas diferentes arquitecturas, pueden generar consciencia, es decir, la consciencia no es exclusiva de una estructura biológica como el cerebro, pero para que ello ocurra es necesario que la máquina tenga movimiento activo, de forma que al igual que ha ocurrido con los vertebrados superiores tenga la capacidad de explorar y aprender de su entorno y recorrer todo el camino que nosotros hemos recorrido para desarrollar nuestra percepción de nosotros mismos.
En mi opinión personal este es uno de los mejores libros que he leído en mi vida, es un libro que confirma la insignificancia de nuestra existencia en un plano místico y en el universo. Pero de manera simultanea es un libro que tiene la capacidad de ayudarnos a dejar atrás nuestras creencias supersticiosas y a hacer a un lado nuestro ego. Es un libro que confirma la tesis de Kierkeegard que plantea que el propósito de nuestra existencia es tan solo aquel que nosotros mismos seamos capaces de imprimirle. El cerebro y el mito del yo nos hace dejar de pensar en un plano inexistente para concentrarnos en el aquí y ahora.
Este es un libro que vale la pena leer, no importa cuáles sean sus creencias, léalo, ya sea para corroborar lo que usted cree o para entender que tiene que decir la otra parte al respecto.