A menudo ocurre no encontrar la palabra justa, quizás tenerla en la punta de la lengua pero que se escape, perder el hilo. A menudo les ocurre a nuestros padres, ahora ancianos, y nosotros, ahora adultos se los devolvemos o nos volvemos locos y buscamos. Podemos encontrar el camino de regreso, transitamos las pistas del contexto, del idioma e incluso del léxico familiar.
Pero La lengua rota se pregunta cómo lo conseguiría una niña. Qué ocurre cuando quien creemos que debería enseñarnos el mundo y explicarlo pierde la capacidad de hacerlo.
En esta novela hay una madre que despierta de una operación sin poder narrar ni contarse. A la confusión familiar que provoca la afasia le sucede el desorden de una familia que intenta recolectar, trazar nuevos circuitos posibles para volver a hablar todos un mismo idioma.
Majo Moirón escribió una novela rota, como la lengua que la titula, donde la intimidad, la clase y el fracaso se unen para contar el momento determinante en toda vida: la primera pérdida de la inocencia y el afán de conservar un refugio, la piedra preciosa de la esperanza que sigue iluminando.