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416 pages, Paperback
First published February 15, 2021
Anoche soñé que me lavaba la cara y, después de pasarme la toalla por los párpados cerrados, los abría de nuevo y se me caía un ojo; el izquierdo. ¿El derecho? No, el izquierdo, seguro; el siniestro, con todo lo que eso implica. Y, debajo de donde antes estuviera el ojo, había otro ojo, el ojo de otra persona. Así que ahí estaba yo, como una gilipollas, y ahí estaba eso, mirándome desde el espejo del baño. Y lo peor era que podía verme. Y yo no quería que me viera.
Porque la soledad es la verdadera enfermedad de este siglo, mientras que los demás problemas no dejan de ser un síntoma de ella.
Cuando me preguntan qué hago para divertirme, por afición, esto es lo que a menudo me gustaría decir: que hay un grito que mueve el mundo y yo me dedico a seguirlo. Que siempre ha estado ahí, enterrado bajo todo lo demás, bajo la estática, el ruido y el caos de la vida ordinaria, volando alto y tenue, un viento que el resto de la gente que me rodea parece no oír. Pero, claro, de vez en cuando, alguien lo hace.
Durante un siglo, aproximadamente, el mundo fue lo bastante pequeño como para no tenerle miedo. Se hacía más pequeño y veloz, más veloz y pequeño, hasta que era posible sostenerlo en la palma de la mano. Hasta que podías pasarte el día y la noche viéndolo sin tener que ir a ninguna parte. Nunca más volverá a ser así.
Pronto, la oscuridad se abrirá de par en par. Te alzarás para reunirte con ella, emergerás de este traje de carne que te obligaron a vestir, tan resbaladizo y sucio. Lo vomitarás al fin. Te consumarás.