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El gusto

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Se ofrece ahora la edición española de Il gusto, publicado en italiano, en 1996, dentro de la serie Lessico dell’estetica, dirigida por Remo Bodei. La edición actual ha sido considerablemente ampliada y corregida, y, aunque conserva la estructura inicial, puede ser considerada como un libro nuevo. Bozal plantea en su estudio sobre el gusto algunos de los problemas fundamentales de la estética contemporánea, las posibles relaciones entre estética e historia del arte y las categorías básicas en el desarrollo de nuestra sensibilidad.

170 pages, Paperback

First published January 1, 1996

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Valeriano Bozal

77 books5 followers
Valeriano Bozal Fernández (24 November 1940 – 2 July 2023) was a Spanish historian and philosopher.

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Profile Image for Pablo Del.
156 reviews9 followers
January 27, 2022
Valeriano Bozal, catedrático de Historia del Arte, analiza y expone en este ensayo diferentes cuestiones al respecto del gusto y su papel en la modernidad, pues será con el nacimiento de esta era cuando florezca «un sujeto autónomo que tiene en el gusto uno de sus rasgos centrales» (p. 44).

El ensayo se estructura en cinco capítulos, el primero AUTONOMÍA, analiza el asunto del gusto de forma generalista, advierte como hay gustos particulares tales pueden ser los de un determinado grupo o los de una época. Después desarrollará su propia teoría del gusto (artístico fundamentalmente), abordando cuestiones tales la percepción sobre el gusto que tuvieron los filósofos del pasado, especialmente en el siglo XVIII. Porque precisamente a partir de tal siglo, y gracias a los empiristas británicos, empezando por Joseph Adisson, y luego filósofos alemanes, sobre todo, se fueron definiendo y estableciendo ciertas directrices que todavía perduran. Véase la idea del gusto y el placer estéticos totalmente autónomos de cualquier exigencia moral, política, etc. (p. 31-32), así como también una suerte de categorías para poder dotar al juicio estético, o del gusto, de herramientas, véase algunas positivas tales la distinción entre lo bello, lo sublime o lo pintoresco, sin olvidar otras negativas como lo grotesco y lo patético.

Además no pasará por alto Bozal otros factores claves que incentivarán la «progresiva autonomía que lo artístico y lo estético adquieren en el siglo XVIII» (p. 40). Por ejemplo la irrupción de los Salones celebrados con periodizad fija —dos años en el caso del de París desde 1746— donde los artistas podían exponer sus obras y cuyas reseñas se compilaban en un catálogo: con lo que por vez primera se pudo hablar ya de «público» al sacar el arte de los palacios y lugares sacros. Pero es que junto a los salones se desarrolló también la crítica especializada que empezaría a publicar artículos en la incipiente prensa especializada, y con ello, además, el mercado del coleccionismo y la subsiguiente consolidación de los estados de opinión y, por eso mismo, “del buen gusto”.

En el segundo capítulo, FACULTAD, Bozal plantea tres cuestiones a resolver para comprender las facultades que permiten explicar la experiencia estética: 1º) Sobre la inmediatez, es decir la relación entre el sujeto y el objeto ya sea natural o artístico. 2º) Sobre la índole de las cualidades emitidas en el juicio del gusto y cuyas representaciones permitirían «entenderse como formas de conocimiento de los mismos» (p. 54). 3º) Sobre la tendencia universal de los juicios del gusto, ya que pese a resultar particulares con ellos se busca asentir o disentir con la comunidad.

Volverá Bozal a incidir en la historia para ver cómo con algunos pensadores tales el Conde Shaftesbury y su “Characteristics of Men, Manners, Opinion and Times” (1711); Baumgarten y la publicación de su “Aesthetica” (1750), entre otros, se asentaron las bases para buscar una explicación y comprensión de la experiencia estética moderna. Otra cuestión relacionada con ello será el de la imaginación y su papel en la experiencia estética o del gusto. Para Bozal será en la centuria dieciochesca donde «la imaginación empieza a sustituir a la imitación en la explicación de la creación poética» (p. 58), interpretándose así como término medio «de la sensación y el sentimiento» (p. 60). Porque algo tan importante como el placer estético necesita precisamente de la imaginación para experimentarse, por ejemplo Kant se dio cuenta de que «el placer no se refiere ni a una cualidad del objeto ni a un capricho arbitrario del sujeto», sino que se trata de una característica propia del sujeto siempre y cuando este sea capaz, o tenga capacidad de desarrollarla, es decir de establecer el «libre juego de imaginación y entendimiento» (p. 74).

Interesante aquí es la observación de su síntesis final en la que el autor advierte que el sujeto del gusto es también un sujeto histórico, por lo tanto no puede solo pensarse en clave de sujeto de sensaciones y sentidos como instrumentos de transmisión, como algo absoluto de la experiencia, ya que factores colectivos, y no solo individuales, son determinantes tales la educación, la cultura, ideología, valores morales, etc., influyendo así de una u otra forma en la condición histórica del sujeto del gusto.

En capítulo tres, PLACER, aborda la condición de los juicios del gusto de manera diferente y complementaria al capítulo anterior. Es decir, desde el placer que la experiencia presenta en el sujeto. Para ello cabe tener en cuenta primero que el placer se produce porque sucede una conformidad inmediata entre el objeto-naturaleza apreciado y el sujeto, independientemente de que esto sea por las sensaciones, la imaginación, la totalidad espiritual del sujeto, etc. Lo segundo a tener en cuenta es que no se trata de un mero encuentro, sino de la creación de una figura en el curso de una experiencia (p. 80). Por tanto la experiencia estética para Bozal pasa por la creación de una figura que suponga la desaparición de lo fragmentario. Por ello «dar figura es tarea del juicio estético» (Ib.).

Otro concepto que trata y merece la pena reseñar es el de el placer en relación con la verosimilitud, ya que en el arte, por ejemplo una pintura, no hay nada verdadero como tal salvo el modelo o la figura pintada, lo que hay son motivos verosímiles (p. 103) —o inverosimilitud verosímil en el caso de los surrealistas—, y cuanto mayor sea esta mayor será el placer, o la experiencia estética captada, lo que a la postre será «prueba de su condición o, si se quiere, de su calidad» (104).

En el cuarto capítulo, REPRESENTACIONES, Bozal pone en solfa cuestiones como la interpretación de las representaciones subrayando que la ley de los juicios estéticos sobre lo bello, lo pintoresco o lo sublime no surgen del sujeto o del objeto en sí, sino «en la experiencia en la que ambos se configuran como tales (p. 123). Por ejemplo el juicio del gusto sublime solo se cumple en determinadas condiciones del objeto, su grandeza por ejemplo, pero también en la capacidad del sujeto para percibirlo bajo tal principio. Así, la unidad que el juicio del gusto sanciona se convierte en mediadora del mundo que contemplamos, y ello nos permitirá hablar de lo bello, lo pintoresco, lo grotesco, etc. (124).

Otro apartado lo reserva para tratar sobre la intersubjetividad de la representación, a saber, aunque el gusto sea al final un fenómeno individual, no es menos cierto que este se perfila e incluso sanciona o desaprueba en el marco de una comunidad. La novedad con la irrupción de la modernidad y la autonomía del arte, es que el sujeto puede identificarse ahora «en la asunción de valores propiamente estéticos como valores de identidad» (p. 129). Por ejemplo cuando las Academias creaban sus ortodoxias estableciendo normas, también se sucedieron al cabo las heterodoxias de los que se salieron de tales configurando sus propios grupos de identidad, véase los impresionistas.

El tema quinto y último, CATEGORÍAS, incide sobre los principios de las representaciones propias de la experiencia estética. Se centrará aquí primero en la categoría de la Belleza, señalando su carácter metafísico que no comparten el resto, así como su relación con una percepción del ser humano afín. Por ello «el placer producido por la percepción de objetos armoniosos encontrará su último fundamento en la armonía propia del ser humano, base de la correspondencia entre sujeto y objeto» (p. 141). Asimismo, aprender a contemplar artísticamente nuestra existencia cotidiana, a armonizar el desorden que nos rodea, captar sus aspectos equilibrados y serenos, y poner en concordancia los sentidos y la razón, nos ayudará a ser más sensibles y mejorar el espíritu humano, contribuyendo con ello al bienestar de la sociedad.

Por último Valeriano Bozal pondrá el foco en cómo con la sociedad contemporánea la categoría de la belleza ideal ha ido perdiendo su hegemonía. Se explica esto en el contexto de que ciertas escuelas como el dadaísmo, expresionismo, surrealismo, etc., incidieron en enfrentarse al ‘buen gusto’ como forma de protesta o reacción frente a los postulados de la clase burguesa tradicional decimonónica. En este sentido quizá sea el ‘kitsch’ una de las más altas victorias de cómo el tradicional ‘mal gusto’ se ha incorporado a los valores estéticos aceptados. Porque el kitsch junto al resto de categorías se han ido asimilado a la cultura contemporánea hasta el punto que en la actualidad el buen gusto y el kitsch pueden coincidir.

En conclusión, y para cerrar su ensayo, Bozal considera que el gusto, independientemente de los senderos por los que discurra, constituye el medio por los que el sujeto existe, y tal es así que hoy supone «un medio que configura su existir» (p. 162).
Profile Image for Iris .
3 reviews
January 8, 2026
Me ha servido para los deberes del cole. A ver si apruebo conocimiento del medio.
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