Después de todo, el libro que necesitaba llegó y, en este caso, nada más y nada menos que de la mano de Chantal Maillard. Hace 4 años que me leí, a tientas, su ya clásico Matar a Platón (delicioso caramelo al que, por cierto, me gustaría volver pronto).
Este breve escrito nace de una pregunta sencilla: ¿Puede la violencia ser transformadora? Maillard, enorme conocedora de culturas no occidentales y activista por la afirmación de la vida, no duda en responder: No. La violencia solo engendra violencia, por lo que no hay transformación más que para la destrucción. Sin embargo, hay matices. Acude a Medea y a Khali para dar cuenta de dos aspectos: (1) «no hay distinciones entre víctimas y culpables en un mundo en el que la violencia —el hambre, como lo llama— es ley», y (2) urge «superar las dualidades que nos lastran y nos mantienen sujetos a viejos enfrentamientos».
Un regalo precioso de las manos más cercanas.