Qué libro tan tan bonito y tan tan interesante. Para personas como yo —que nos deleitamos a veces mirando, simplemente, a una abeja dar saltitos alrededor de una flor— esto ha sido lo más cercano, entre páginas, que he podido estar de dicha experiencia.
Un libro precioso y vitalista que conmueve bastante. Pensar que todos formamos parte de este ciclo que llamamos vida, que lo que nos rodea es real, que estamos vivos, es motivo de agradecimiento. Ésta es la principal premisa de este libro.
Al terminarlo me sentí abrumada y, me ensimismé al contemplar las olas romper. Los cangrejos y burgados sobre los rompeolas...y la extensión de agua en sí misma...el océano es hermoso. Así que: gracias. Gracias a la mar, pues de su fitoplancton se produce el oxígeno que respiro y convierto en el CO2 usado durante la fase oscura de la fotosíntesis. Gracias a las lombrices de tierra y a las micorrizas, por mejorar la calidad del suelo y sustentar la vida vegetal de la que dependemos. Gracias a los insectos, por polinizar las flores que se convierten en los frutos de los que nos alimentamos. Gracias a las bacterias que viven dentro de mí, por procesar alimentos que sóla no podría, por influir en mi sistema inmune desde bebé. Gracias. Porque gracias a detritívoros y carroñeros...incluso la muerte es capaz de sostener más vida.
Ésta sensación de interconexión trasciende palabras.
Un último gracias a mi tío por enseñarme éste libro. Tienes razón: Todos somos todo :)
Muy ilustrativo de las funciones claves que cumplen en el ecosistema seres vivos a los que apenas damos crédito en el día a día. Invita a reflexionar sobre su importancia y la consecuencia de su desaparición.