4,5. La narradora y protagonista de “Sobre mi hija” es una mujer viuda que ya ha pasado la barrera de los sesenta y que se gana la vida trabajando en una residencia de ancianos. Allí cuida de Jen, una mujer famosa por luchar por los derechos de los demás en el pasado, y que ahora que la enfermedad la ha atrapado y sufre demencia, se halla sola, únicamente cuidada por esta otra mujer. Por otro lado, la narradora nos habla de su hija, de la falta de entendimiento entre ambas y de la “amiga especial” que desearía que nunca hubiera conocido, cuya existencia trata de ignorar lo máximo posible. Sin embargo, por cosas de la vida, acabarán viviendo las tres bajo el mismo techo, y el conflicto no tardará en aparecer.
“Sobre mi hija” es un libro breve en tamaño pero enorme en profundidad, uno de esos en los que se puede subrayar cada frase, cada palabra, que logra hablar sobre muchísimos temas, todos ellos entrelazados, y lo hace con tanto acierto que consigue agitar irremediablemente al lector. Entre los temas que toca, podemos destacar la homofobia, la precariedad laboral, el edadismo, la falta de empatía o las relaciones familiares y la dificultad para comunicarse y entenderse entre los miembros de una familia.
El retrato que mi Kim Hye-jin hace de su protagonista, de la hija de esta y del choque que ambas tienen, transmite verdad por todas partes. Rara vez me pasa que empatice tantísimo con personajes que defienden ideales anticuados o que tienen pensamientos o comentarios intolerantes tan brutales como los que muestra la protagonista, y que pese a todo, sea imposible sentir rechazo hacia ella, y que como lector estés deseando que aprenda, que comprenda. Casi como si quisieras que te comprendiera a ti mismo. Es increíble lo bien construida que está la protagonista.
Pese a que tiene muchos temas principales, que ahora tocaré, creo que el más importante es el que hace relación a la homofobia de la madre hacia la hija, y creo que es el tema que más destaca, no porque sea el único central, porque lo son varios, sino porque es el único que se toca de manera diferente. Mientras que temas como el desprecio a las personas de cierta edad o el esclavitud laboral reciben una crítica directa a través de su protagonista, de sus reflexiones y sus quejas, la homofobia es criticada a través de la intolerancia e ignorancia de ella misma, fruto de su educación y de una cultura que enseña a vivir dando más importancia a la opinión social, que a la felicidad propia o de los seres queridos. Por eso choca la cantidad de comentarios horribles que la madre suelta sobre su hija, sobre su nuera o sobre la homosexualidad en general, pero la autora sabe crear bien ese personaje, para que el lector, aún horrorizándose de lo que piensa, pueda entender su circunstancia e ir asistiendo poco a poco al avance y a la apertura de su mente. No de forma tan rápida como nos gustaría y llena de contradicciones, eso sí, pero demostrando perfectamente la confusión mental por la que está pasando la madre.
La parte más emotiva de la historia la vivimos con la relación entre la protagonista y Jen, la anciana de la residencia. Son constantes las reflexiones sobre como la sociedad aparta a las personas mayores, considerándolos inservibles, sobre como los hijos olvidan en ocasiones a sus padres, siendo estos, muchas veces, dejados en malas condiciones y sin nadie que los defienda. Esto no es algo que pase solo en Corea del Sur, creo que en mayor o en menor medida en todas partes se dan circunstancias similares, por lo cual es muy fácil empatizar con la unión de estas dos mujeres. Hay muchísimos momentos tristes que te llenan de impotencia y que han hecho que derrame algunas lagrimillas en más de una ocasión.
Además de estos dos pilares tan importantes, también nos encontramos ante una crítica brutal a la precariedad laboral, a como personas muy mayores, incluso enfermas, deben trabajar por un sueldo indigno para subsistir, a sabiendas de que tendrán que hacerlo hasta que mueran, destrozando su salud por el camino, otra cosa fácilmente reconocible en cualquier lugar. También se habla mucho, de la que para mí puede ser la razón principal de la mayoría de los conflictos de la protagonista, la incapacidad para expresarse delante de los demás, abrirse a otros y tratar de llegar a un entendimiento común. Esto último, sí que es algo cultural y que se encuentra mucho en la literatura asiática.
“Sobre mi hija” es un libro impecable, una historia dura que te crea impotencia, pero que también te hace empatizar, que consigue entristecerte, mostrándote lo mucho que aún queda por hacer, pero también intentando trazar un camino a seguir. Es un libro que me ha perturbado muchas veces durante la lectura, ya que tenía la habilidad de hacerme sentir todo este revoltijo de emociones en una sola página. No quisiera yo aventurarme demasiado pero, salvando las distancias, tuve una conexión parecida con este libro a la que tuve cuando leí “La vegetariana” de Han Kang. Asi que necesito ya más obras de Kim Hye-jin, por favor.