Durante ciento cincuenta años, un duelo interminable ha presidido la más paradójica e infatigable búsqueda de armonía intelectual que ha visto el mundo.
En Un duelo interminable, José Enrique Ruiz-Domènec describe con magistral precisión y exhaustividad el combate de ideas y la pugna entre corrientes historiográficas que viene produciéndose durante el último siglo y medio, y lo hace respondiendo a la obligación moral e intelectual de rasgar el velo tras el que persisten algunas de las lacras más dañinas de nuestro la injusticia social, el colonialismo, el antisemitismo y la visión sesgada de la realidad. ¿Qué separa al espíritu crítico de la mentira? El primero es una necesidad social de entender el curso de los acontecimientos. La segunda, un síntoma de la flaqueza humana ante las muecas del poder. La batalla cultural surgida entre ambos es inseparable de una penetrante atención a las peculiaridades de la sociedad de nuestro tiempo, así como de una elección de las maneras de hacer historia en medio de la discordia creada entre el capitalismo y el socialismo.
El reto consiste en evitar los errores cometidos en el pasado. Tras analizar en su contexto intelectual, social y económico las propuestas más relevantes de las escuelas de historia, el prestigioso historiador granadino ha comprendido que las maneras que adoptan sus distinguidos miembros responden fundamentalmente a la precisión y elegancia del estilo, tanto en el fondo como en la forma. El arte de exponer la complejidad de un suceso o de una época supone, en efecto, un fino discernimiento de las diferencias que separan puntos de vista enfrentados. Conviene conocerlo y respetarlo para no caer en el dogmatismo de quien se cree dueño de una verdad inamovible.
Lo que podría servir de complemento a lecturas más generales, pero magistrales, como "Ideas: historia intelectual de la humanidad" o "Historia intelectual del siglo XX" se convierte en un libro donde pesa más la impronta del autor (estilo, visión personal, etc.), formado en una tradición historiográfica concreta (la francesa, que quiere ser literatura), que el propio objeto de la obra. El resultado es una madeja de nombres, títulos de obras y comentarios (muy alla maniera posmodernista francesa) reunidos por capítulos que en nada facilitan seguir el hilo del tema.
Un repaso intelectual a las distintas corrientes de la historia y de la cultura europea desde 1871 a la actualidad. La primera parte me pareció apasionante, pero a partir de los años setenta me resultó una lectura muy ardua, con excepción del capítulo dedicado a Tony Judt y a Eric Hobsbawm, que me ha encantado. A tener muy en cuenta su bibliografía comentada por capítulos.