«A mi hija, si yo no le enseño, llega muy justa a saber leer. En clase no practican ni les mandan deberes para casa. Han desaparecido libros, exámenes… Todo es vivencial». Esta es la queja de una madre que no entiende lo que se hace en muchas escuelas, y esa incomprensión parece generalizarse. ¿Qué está pasando? Está pasando que mientras se baja la exigencia y el rendimiento, se inflan los resultados (las notas). Está pasando que la docencia es cada vez una profesión menos atractiva, que los estudiantes se han convertido en consumidores y los profesores en proveedores de servicios, y que pretendemos lograr el bienestar de los estudiantes a expensas del éxito académico, cuando debería ser al revés. Está pasando que nunca ha habido más pedagogos, psicopedagogos y terapeutas por metro cuadrado. Y, sin embargo, no sabemos garantizar la calidad de nuestros sistemas educativos. Hoy día, por ejemplo, la palabra repetición evoca enseguida daños emocionales en el repetidor, ignorando los perjuicios a los que se condena de por vida a aquellos que finalizan su enseñanza obligatoria con dificultades severas a la hora de comprender un texto mínimamente complejo. Estos son algunos de los muchos temas que plantea Gregorio Luri en este completo recorrido por todos los aspectos de la educación. Nada se queda fuera en esta crítica pero a la vez optimista obra, porque el autor tiene claro que la escuela no puede sobrevivir sin confianza en sí misma… Y ese es el reto.
Gregorio Luri Medrano nació en Azagra (Navarra) en 1955, pero reside en El Masnou (Barcelona) desde 1979. Está casado y tiene dos hijos y nieto y medio. Estudió magisterio en Pamplona y en la Universidad de Barcelona se licenció en Ciencias de la Educación y doctoró en Filosofía. Obtuvo el Premio de Licenciatura en Ciencias de la Educación y el Premio Extraordinario Fin de Carrera en Filosofía. Es un buen conocedor del mundo educativo, en el que ha trabajado como docente en todos los niveles, de la escuela a la universidad.
Un libro que contiene ideas argumentadas sobre la educació. Se habla de personas referentes (pedagogos, psicólogos, teóricos...) y de diversos países que reflexionan y describen actuaciones referente a la educación actual. Gregorio Luri reflexiona sobre los conocimientos, la neurociencia, la educación emocional, la atención, los exámenes, los deberes, la memoria, la autoestima, el pensamiento crítico, la repetición... Una lectura para reflexionar y hacerse preguntas.
Aunque el libro contiene alguna reflexión e idea interesante sobre la educación y su situación actual, es una queja constante sin propuestas de mejora que me hayan llamado la atención.
Quan s'ajunten criteris. rigor, dades i argumentacions fonamentades no només aprens. T'obliguen a pensar -i repensar- la teva feina de cada dia. Sort de tenir mestres com @GregorioLuri que no et deixen conformar-te amb les teves idees prèvies. Moltes gràcies (i més llibres).
Imprescindible para cualquier docente. Gregorio Luri es un referente en el análisis de la Educación y este libro complemente muy bien su "La escuela no es un parque de atracciones".
Los profesores, creo, le debemos mucho a Gregorio Luri. Especialmente los progresistas. Empezaré por una clásica andanada del maestro Luri: en un capítulo del final, arremete con sorna e ironía, propia de su escritura digital desde hace al menos dos décadas, contra el venerable profesor Michael J. Sandel. ¡Pero tú no has renunciado a Harvard, Sandel! le viene a decir Luri y luego pasa a dar argumentos positivos para la meritocracia.
Como Platón, y bien consciente de las mismas ironías, Luri llama corrupciones a las desigualdades del sistema que Sandel considera naturales o consustanciales de la meritocracia. Pero es que a diferencia de Sandel, que le preocupa la relación entre los iguales, a Luri le preocupa las educaciones de aquellos que percibe como esencialmente desiguales. Luego, es comprensible que tienda a pensar en la meritocracia, pese a su argumentación llena de represalia irónica, como esencialmente una virtud del carácter....
¿Pero podemos dejar al amparo de la corrupción, bonita y católica palabra, lo extraordinariamente desigual del tacto humano? Esa es una pregunta que no responden, comprensiblemente, Luri y Sandel, y sí lo hacen, por ejemplo, Aristóteles o Hannah Arendt o toda la escuela de neoaristotélicos. De forma muy razonable, Luri deja fuera de su edificio clásico al autor de la Metafísica puesto que Luri está más ocupado con Suares, San Agustín. Balmes y Ortega, todos legítimamente preocupados por cuestiones que aparecen ya en los diálogos platónicos, de una u otra forma.
Pero Luri es también alguien que escucha y se duele. Porque este libro es básicamente una advertencia contra el PISA y su argumentación concierne a los problemas de pérdida de competencia, habilidad o democratización. Tensa el pensamiento y nos hace mejores. Me he centrado en su argumentación central, pero en pocas palabras, Luri advierte de los límites interpretativos de la estadística, argumenta a favor de la memoria y de paso, se declara humanista en el sentido de preservar una cierta tradición intelectual. No es poca cosa, es buen ejemplo. Seguiré discutiendo con él.
Gregorio Luri és, sense cap dubte, un dels pensadors conservadors preferits. No perquè hi estigui sempre d’acord sinó perquè m’obliga a pensar millor allò que faig a l’aula.
Luri escriu des d’una tradició clàssica assumida sense complexos. Defensa la memòria, el coneixement acumulat, la transmissió cultural, i ho fa amb una ironia que no busca destruir l’adversari sinó provocar-lo i encetar un diàleg d'arrels socràtiques. Quan discuteix la meritocràcia no ho fa des d’un moralisme abstracte, sinó des de la preocupació molt concreta pels alumnes reals, desiguals, fràgils, que no encaixen bé en els relats optimistes sobre la igualtat d’oportunitats.
El llibre és també una crítica severa a l’ús acrític de l’estadística educativa, especialment del PISA, i als seus efectes perversos sobre l’escola. En aquest sentit, Luri es declara obertament humanista: no per nostàlgia, sinó per responsabilitat. Preservar una tradició no és repetir-la mecànicament, sinó saber què val la pena transmetre. Fa temps que el progressisme li té pànic a la idea de tradició i és incapaç de recuperar-la com a pròpia. Aquest tema m'obsessiona bastant, oimés a Catalunya, que tenim la tradició pedagògica anarquista que va abraçar l'humanisme com la tradició que cal situar al bell mig de les pràctiques socials, educatives i conversacionals.
Discrepo amb Luri en moltes coses. Però el llegeixo perquè tensa el pensament, em fa desconfiar de les meves pròpies certeses pedagògiques i, sobretot, perquè em fa millor professor. I això, en educació, en la vida, no és poca cosa.