Después de su debut en ficción con Azul salado, vuelve Marta Simonet con una novela feel good ambientada en un pequeño pueblo de la montaña alicantina. Entre el mar mediterráneo y la meseta.
Clara, agotada a sus treinta y siete años, encuentra una oportunidad para no pagar los desorbitados alquileres de vivir en un pueblo de la sierra de Alicante con todos los gastos pagados. Allí conocerá a Ángela, una querida vieja de setenta y nueve años que le hará cuestionarse la forma en la que ve la vida. Pero nada es gratis, a cambio tendrá que pensar en maneras de conseguir repoblarlo. Es el contrato que ha firmado.
Ojos color limón es un pueblo. Es una vieja. Una oportunidad. Es una amiga. Y es escapar del ruido. Es masa de pizza. Es volver a empezar. Ojos color limón es Ángela y también es Clara. Y todos los años que tienen entre medias. Este libro es tiempo. Una novela para volver al pueblo. (Y respirar).
Me tincó ene el tema: una mujer que se acerca a los 40 a quien el arriendo en Madrid se le hace demasiado caro, así que se va a vivir a un pueblo donde son todos adultos mayores. Me tincó porque encontré que era una premisa interesante y también porque siempre me han dado curiosidad esos pueblos españoles tipo pelis de Almodóvar que no existen tanto en latinoamérica (o en Chile, al menos).
Pero lo encontré lo más cliché del mundo y además poco realista. La velocidad en que la protagonista cambia su mentalidad... he tenido comida en el refri (y no freezer) que me ha durado más, aunque no fue eso lo que más me molestó, sino que la manera en que se refiere a las personas del pueblo. Creo que usa la palabra vieja por lo menos 100 veces (no estoy exagerando) en el libro, y la manera en que describe sus olores y sus pieles y sus arrugas... me imagino que trata de pintar, "reconciliar", algo no tan aceptado en esta sociedad actual tan edadista pero le queda de lo más irrespetuoso.
Además, me parece que romantiza demasiado la tercera edad y los pueblos y... el final. Más cliché todavía, más innecesario. Aparte, cuesta empatizar con la protagonista, puras quejas y también dice por lo menos 10 veces a lo largo del libro que tiene treinta y siete años. La persona más obsesionada con la edad en la vida, y no de buena manera, es ella (y/o la autora).
Dos estrellas porque, pese a todo esto, lo leí entero. Y no me arrepiento de haberlo hecho. Lo disfruté, tomándolo tal como era, pero me pasaron también todas esas cosas que ya dije.
Este no es un libro para todo el mundo. Ojos de color limón es una novela distinta. Pone el foco en el ruido de las grandes ciudades y, al otro extremo, el silencio de los pueblos abandonados, en decadencia. Marta Simonet teje una historia que invita a detenerse, a mirar con otros ojos y a reconectar con lo esencial. A mí me ha encantado. Siempre he soñado con hacer algo así, y por eso me he sentido completamente identificada con Clara. Su "journal" es como si hubiera puesto en palabras muchos de mis propios pensamientos. Es un libro necesario. Una llamada a despertar, a reaccionar a tiempo. Un recordatorio de que volver al presente, a lo simple, es también volver a lo importante. 💚
Resulta complicado escribir un libro así sin caer en la romantización de los pueblos y de la vejez y aquí la autora, en mi opinión, no lo consigue. Siempre se agradece leer personajes amables e historias que te devuelvan un poco la fe en el ser humano, pero si vamos a hablar de la vuelta a los pueblos, hay que hacerlo con responsabilidad y no describiendo a todos los ancianos como seres de luz que rezuman sabiduría infinita en cada frase y la vida en el pueblo como unas vacaciones sin fin en las que no hay que trabajar y a los que se va a hacer journaling (ese queso de cabra tan rico que Clara pone a las pizzas supone trabajo, dinero y esfuerzo).
Por otro lado, la crítica al capitalismo siempre tiene que ser radical, algo que consigue muy bien Marta Simonet con frases demoledoras y pasajes que invitan a reflexionar, pero el viraje que da la protagonista es un solo mes no resulta creíble. Cuatro semanas en el pueblo y Clara se convierte en una déspota que menosprecia a su amiga por no salir de la "rueda de hámster" y que no muestra ningún tipo de empatía por su situación y sufrimiento.
El final ha sido totalmente gratuito. Ha estado feo.
Otra novela de escape más de esta generación. Queremos volver a lo tradicional, al pueblo, dejar de lado las prisas, la rueda del capitalismo, queremos volver a respirar.
No quería que acabara...🥺. Esta mujer podría haber escrito 200 páginas más contándome más de lo mismo que yo me las hubiera leído encantada 🥰.
Es un libro en el que aparentemente "no pasa nada". Se trata de una historia de personajes y reflexiones, en la que la trama en sí no es el eje principal. Tal cómo promete, es "una novela para volver al pueblo y respirar", y es justo así cómo la he sentido, como un respiro. Una lectura para leer a cachitos y coger bocanadas de aire en medio de la rutina y el ajetreo diario.
No sé en qué momento vital te encuentras pero te recomiendo que la leas. Si la coges en el momento adecuado puede ser una experiencia muy gratificante y reveladora, y, si no es así, puede sencillamente resultar una novela muy agradable de la que disfrutar.
Una urbanita estresada al máximo, se traslada a un pueblo como parte de un programa de repoblación. Allí se encuentra con unos pocos habitantes, cada vez menos, totalmente envejecidos. Describe de un modo irreverente, pero no ofensivo a los "viejos del lugar", con gracia y con ternura. El personaje de Ángela me encanta, tan amable, tan cotilla...aunque debo decir que el final me ha dejado sabor agridulce.
Al principio me interesaba descubrir la aventura de ella al ir a ese pueblo, y ver qué iba a hacer allí. Después me sorprendí con tantas reflexiones que jamás me había planteado sobre el estilo de vida que uno lleva y lo mal que nos hacemos sin darnos cuenta. Por último, la dualidad entre ciudad y pueblo y qué es mejor hacer o no en ciertos lugares, me encantó. Un libro ideal para debatir y leerlo en lectura conjunta para sacarle más provecho.
Creo que esta es una novela que deberíamos leer todos los que, como Paula, uno de los personajes de la novela, vivimos en la rueda de hámster. Es un homenaje a los pueblos, a la vida tranquila, a las personas mayores. Y donde algunos ven ofensa, yo veo cariño, y la muestra de un cambio de perspectiva de quien llega de la ciudad y necesita tiempo para bajar las marchas. Es una hermosa reivindicación de “la vida lenta”, y una reclamación del papel de los ancianos en la sociedad.
Me ha encantando, aunque a veces sientes q sus palabras no son las mas correctas hacia una etapa de la vida, la vejez, siento que la autora ha dejado ver cómo podemos ser cuando no tenemos ese contacto con personas de su edad, pero poco a poco vamos viendo la evolución de ese personaje, haciendo de sus pensamientos y su vida una auténtica complicidad con ellos, en un pueblo como muchos otros perdidos y abandonados, disfrutando y frenando la vida que nos absorbe y destruye. Me ha gustado mucho
Su escritura y su manera de expresar lo rápido que va esta sociedad está muy bien reflejada. El desarrollo de la protagonista a través de las páginas han sido determinantes para el desarrollo de la historia. Sin duda, de las mejores narraciones que he leído.
Libro perfecto para cuando la vida actual tan llena de checklist y distracciones te sobrepasa. La experiencia de pasar de vivir de una gran ciudad a un pueblo pequeño contada desde un proyecto de repoblación rural.
És un llibre que t’ensenya a viure lentament, a assaborir les petites coses quotidianes. Un llibre bell que et fa pensar molt. M’he comprat el seu segon llibre.
6/5 ⭐️ (Físico). Ojos color limón es un domingo lluvioso preparando masa para hacer pizza, mientras una “vieja” adorable, en un pueblo sin cobertura, te recuerda lo importante de la vida y hace que el ruido de paso al silencio.