“Un murciélago blanco revolotea en mi oscuridad y yo creo que alguien debería poner nombre a las pesadillas que son a la vez magníficos sueños, como la vida de la gente” ~ Murciélagos blancos de Óscar Montoya.
Pueblo pequeño, infierno grande. Es el resumen de Murciélagos blancos, una historia que me ha tenido atrapada desde principio a fin y que es de esas que quieres terminar pero a la vez no ya que la tensión va en aumento.
Contada a través de varias voces, pero teniendo como principales protagonistas a tres adolescentes: Maria Celeste, una joven del pueblo; su amiga Gloria y el primo de esta última, Lucas que solo viene al pueblo en determinadas ocasiones.
Ahora, a las puertas de la Navidad, los jóvenes se reúnen para inventar historias ya que sueño común es ser escritores. Sin embargo, la realidad supera la ficción y las historias que se cuentan en el pueblo tienen más trasfondo del que se cree. Sobre todo cuando sale a colación la venta de los terrenos hace años y que ahora, ante la próxima construcción de una presa, han adquirido más valor y todos se sienten estafados; todos menos uno a quien no quisieron comprárselas.
Me ha encantado, tanto la historia, como la forma de contarla. El autor va dando pistas poco a poco, las migas de pan de Pulgarcito que al final se unen. Cada capítulo está narrado por un protagonista en primera persona y se va enlazando con la voz del siguiente. Totalmente recomendable.
En el trasfondo muchos temas: desde la especulación al machismo pasando por las inseguridades de la adolescencia que los adultos rápidamente olvidamos y no ayudamos, sobre todo en el caso de las chicas.
Es una historia en la que te sumerges sin darte cuenta; vas cayendo en el pozo de amargura, rencor y abandono de un pueblo rural granadino en 1987.
Es una novela en la que apenas hay diálogos y, lejos de alejarme, me ha mantenido enganchada a la historia. Va de menos a más; así se desarrollan sus capítulos. La primera parte es más introductoria y algo densa, pero a partir de la segunda se añaden nuevos narradores que aportan una visión distinta de lo que sucede.
Principalmente, tres adolescentes narran parte de la historia, pero ¡ojo! Hay sorpresas y salseo.
Tiene misterio, integrado en muchos otros temas: la adolescencia, esa etapa en la que descubres todo con intensidad; la corrupción que afecta a los pueblos pequeños, mezclada con el qué dirán y las apariencias. Está el personaje que emigra y regresa sintiéndose más fuerte, más moderno/a, valiente por haber dejado atrás lo que tanto detestaba. Y también la nueva era, esa que muchos desean y otros miran con amargura.
Es una novela diferente, profundamente arraigada, y me ha encantado descubrirla.
De esta novela me atrajo su título (no me diréis que no es original) luego supe que transcurría en mi tierra y, con esos dos motivos, ya tuve suficiente para querer leerla.
Nos encontramos en Cuevas del Rio (nombre ficticio de un pueblo de Granada) en 1987. Tres amigos:
- Lucas, vive en Valencia, pero vuelve los veranos. - Gloria: vive en el pueblo y es prima de Lucas - María Celeste: es amiga y vecina de Gloria, sus casas-cuevas se comunican.
Desde pequeños se reunían por las noches a contarse historias de miedo, aún lo siguen haciendo, pero la inocencia, al ser adolescentes, se ha perdido y no volverán a hacerlo. La noche siguiente a la de los cuentos vivirán su propia pesadilla y, hasta aquí puedo contar.
Está novela es un rural Noir que cuenta con un montón de ingredientes para gustar: amistad de adolescentes a finales de los ochenta (me ha llevado a mí niñez), venta de terrenos y negocio con información privilegiada, corrupción, emigración, rencillas de gente que se conoce de toda la vida, los motes que se ponen en los pueblos y una noche de la que algunos no escaparán, y, hasta ahí puedo narrar.
La novela está contada, sobre todo, desde el punto de vista de los tres adolescentes, no faltará emoción, humor y reflexión, porque la historia trae muchos temas pero muy bien hilados. No descarto leer de nuevo a Óscar porque el libro me ha encantado.