Desde la primera línea de la novela, Elena Fischer me puso en un estado de alerta emocional: “Mi madre murió este verano.” No sabemos cómo ni cuándo, solo que Billie, una adolescente de catorce años, perderá a su madre y con ella, todo lo que conoce. Esa certeza me atrapó de inmediato, generando una angustia latente que me acompañó a lo largo de la historia.
A través de una prosa sencilla pero intensa, la autora nos sumerge en la vida de Billie, una chica que, pese a vivir con pocos recursos, junto a su madre, nunca ha sentido que le faltara nada. Marika, su madre, es su pilar, su mundo, su única familia. Con ingenio y amor, le ha construido un universo en el que la falta de dinero se compensa con momentos de felicidad genuina. Pero también hay ausencias, secretos que Marika se ha negado a compartir, como la identidad del padre de Billie o el motivo por el que cortó lazos con su propia madre.
La novela se divide en tres partes muy diferenciadas, cada una con un ritmo y una carga emocional distinta, haciendo que la experiencia cambie con el desarrollo de la historia.
Al principio, nos encontramos en un escenario de felicidad contenida, con un momento de esperanza, un respiro en medio de la rutina difícil y nos dejamos llevar por la emoción de Billie, por la promesa de algo mejor.
Pero esta sensación de seguridad dura poco, cuando una presencia inesperada lo cambia todo, sabemos que algo está a punto de romperse, y la autora lo maneja con una maestría inquietante, aumentando poco a poco la sensación de que lo peor está por venir.
Y entonces sucede, la autora no necesita exageraciones ni dramatismos, es en esta segunda parte donde la novela se vuelve más oscura y dolorosa. La autora retrata el duelo con una crudeza y realismo sobrecogedores. No hay respuestas fáciles ni soluciones mágicas. Solo hay una adolescente intentando lidiar con una pérdida inconcebible, con la rabia, el miedo y la tristeza.
En la tercera parte, comienza la búsqueda de la identidad, y autora nos regala algunos de los momentos más hermosos y simbólicos de la historia. Aunque algunas situaciones pueden parecer inverosímiles para alguien de su edad, la fuerza y determinación del personaje hacen que todo se sienta creíble.
En su viaje, Billie, lo que realmente está buscando es un sentido de pertenencia. La pregunta que ha evitado toda su vida –¿Quién soy si no tengo a mi madre?– se convierte en el motor de su travesía.
Uno de los mayores aciertos de la novela es su capacidad para emocionar sin caer en el sentimentalismo barato. La voz de Billie es honesta y directa, sin adornos ni dramatismos innecesarios. La autora logra que nos sintamos dentro de su cabeza, que experimentemos su dolor, su rabia, su confusión y su esperanza.
El final es un desenlace que respeta la evolución del personaje, que nos deja con una sensación de cierre, pero también con la certeza de que la vida de Billie continúa, de que su historia no termina aquí.
Leer esta novela ha sido una experiencia intensa y conmovedora. Es una historia de pérdida, pero también de resiliencia, identidad y crecimiento.
Elena Fischer ha logrado un debut literario que deja huella. Su prosa es ágil, su narración es auténtica y su capacidad para construir personajes inolvidables es notable. Es una historia de crecimiento personal, un road trip emocional y un relato que aborda el duelo con sensibilidad y realismo, para mi ah sido una lectura imprescindible que se lleva mis 5 estrellas.