Un episodio del melodrama político vernáculo, el brote de rebeldía de una empleada de una corpo o la codicia que anida en el corazón de toda familia o consorcio… estas tres historias en verso estallan la risa y la sintaxis.
Liberada de la breve cárcel de la oración erudita y los personajes solemnes, Ana Ojeda enardece en Mujer peor su asalto literario-feminista-anticapitalista anunciado ya en Furor fulgor. En la primera de estas tres nouvelles, "Lograr los logros", un trío de monjas busca reconvertir su convento, mancillado por una embarazosa irrupción nocturna, en un emprendimiento lucrativo; en "Urara", una oficinista —¡HARTA! de una multinacional— dinamita el rito pavote y bienintencionado de los deseos navideños, brindando a la muerte de su jefe; por último, en "Alcanfor", una anciana vuelve milagrosamente del alzhéimer para descubrir oscuro contubernio entre vecinos y sobrinos, que han aprovechado el impasse para despojarla del departamento en el que vive. En Ojeda, el canon literario deviene reprogramación política. Ya no se trata solo de desacatarse contra la absurda prohibición del uso del lenguaje inclusivo. Se trata de romper la unidad básica del castellano. Y de reírse de todo. ¡Viva la literatura!
La crítica
«Cada una de estas obras evidencia la maestría de Ojeda en el manejo del lenguaje y una capacidad descomunal en el tratamiento de temas que van de la cotidianidad hasta fenómenos emocionales y naturales». Carlos Aletto. Radar Libros, Página/12
«Nada más atractivo que repensar el canon literario y el feminismo y el trabajo y tantas otras cosas según lo propone Mujer sacándonos el sombrero por su solidez, deleitándonos con sus magníficas operaciones de lenguaje y riéndonos a carcajadas por su senido del humor. Uno de esos libros sísmicos, fundamentales». María Sonia Cristof
«Ana Ojeda para la oreja y saca la lengua. Extrae de un tupper supuestamente limpio los restos de alguna lengua apenas bífida (¿castellano/argenta?) y los deja que se contagien de cualquier dialecto o bifurcación que su orejota musical vaya escuchando. La promiscuidad de géneros y hablas es poética y política. En Mujer peor, para colmo, hace cantar al engendro en rima. El resultado es desopilante». Analía Couceyro
«Lo que Ana Ojeda está haciendo con el lenguaje en los sucesivos libros que va escribiendo es deslumbrante. No está escribiendo una obra; inventó una sintaxis. Es formidable». Martín Kohan
«El español/castellano es, para Ana Ojeda, una zona franca a través de la cual evade los controles aduaneros de la RAE y le da rienda suelta a tropelías lingüísticas nutridas de militancia.» Pablo Díaz Marenghi, Revista Ñ
Ana Ojeda nació en Buenos Aires en 1979. Se recibió de Licenciada en Letras con Diploma de Honor por la Universidad de Buenos Aires. Es escritora y editora.
Leer a Ojeda es revivir siempre las mismas obsesiones e ideas pero siempre con una vuelta de tuerca fascinante. “Mujer peor” son tres “nouvelles” protagonizadas por mujeres. De las tres, la que menos se parece a sus obras anteriores es la primera, que transcurre en un convento de clausura. Quizá lo más interesante de ella es que su deriva en el relato (se transforma en un Think Tank libertario) muestra que ese mecanismo tan aparentemente actual de difusión de ideas no es más que una adaptación de ese antiguo espacio cultural (¿no son los conventos, acaso, modos de conservar la cultura, es decir, las ideas y esparcirlas por el mundo a través de la tecnología de la época?). De las obsesiones e ideas de sus novelas anteriores se pueden reconocer tres cosas a las que le da una vuelta de tuerca. Primero, recurrir a situaciones cotidianas (particularmente femeninas) extremadamente actuales (imposible no sentirse identificado con alguna: ¿quién no tuvo un problema con el consorcio, o tiene que ocuparse de un familiar mayor, o trabaja en una empresa en la que un grupo en “managment” reorganiza la planta?) siempre para exponer su dimensión ideológica, mostrando sistemas de dominación. En este caso, lo novelesco de esas situaciones aparece desde una comicidad que tiene algo de la vieja comedia greco-latina en sus personajes estereotipados (a los que Ojeda le agrega esa capacidad increíble de ponerles un nombre que revele su esencia) y fijos y en la que una situación cotidiana queda interrumpida absurdamente y todo va complicándose generando un efecto cómico y a la vez revelador de la condición de las mujeres: monjas que son abusadas, mujeres que son explotadas a través del trabajo doméstico, trabajadoras que no pueden pasar el techo de cristal. Siempre está en juego la representación de la lógica patriarcal. De todos sus libros, éste es quizá el más pesimista en el que se exponen distintos mecanismos de sublevación, pero siempre queda trunca, impedida. Esto se ve mucho en “Urara”: todo el relato consiste en distintas estrategias para desmantelar el dominio patriarcal desde los márgenes sin que se pueda más que recuperar el estadio anterior al comienzo. Segundo, el trabajo meticuloso con la escritura, la sonoridad de las palabras que esta vez (era inevitable) recala en la rima que se mezcla, a veces, con la escena teatral (el diálogo, el coro). Esta vez, ese trabajo tiene un efecto ideológico fuerte y concreto que remarca y evidencia lo obvio de algunos razonamientos que la lógica patriarcal oculta sin necesidad de recurrir a la argumentación pesada. A la vez que te hace entrar en un sistema con facilidad, te instala en la conciencia de una injusticia sistémica incontrastable. Los juegos de palabras no son meramente estéticos sino que tienen una función reveladora, como la larga lista de maneras de nombrar el acoso o las operaciones propias del marketing que sirven para mostrar su poder falsificador de la realidad que emerge por detrás de esas palabras cuando se exagera su deformación. Es difícil leerlo desde un lugar literario que mira el procedimiento porque se cae en dejar de ver lo verdaderamente importante: lo que se expone y exhibe. En eso consiste el poder literario de esta obra: en recurrir a distintos procedimientos que, cuando se invisibilizan, emerge lo real. Por último , el uso de módulos culturales de distintos orígenes, desde el meme hasta Catulo, pasando por Lamborghini y Víctor Hugo (Morales). Al igual que con las situaciones cotidianas (y como hizo con el lenguaje inclusivo) hace entrar en la literatura a frases virales, horizontalizando la cultura: muestra su potencial poético y su capacidad de condensar significados, sin que el desconocimiento de una u otra sea excluyente: se pueden pasar por alto las referencias literarias sin dejar de entender la historia y el reclamo que está detrás. En las tres historias conviven una versión muy convencional de la literatura como un trabajo con la palabra para contar esas historias con una idea muy novedosa que encuentra literatura y poesía en la palabra circulante de la que se apropia y mezcla con total naturalidad. En el medio de ese trabajo, también acá quedan frases y definiciones que son casi una revelación, como la que da de redes sociales, de la gentifricación o de lo que significa vivir con un gato.
Entro todos los días a Facebook a ver los “recuerdos”, para ver fotos de mis sobris de chiquitos, más que nada. De tanto en tanto me salta algún posteito sentimentaloide y lleno de rabia del día después de una marcha por el "Ni una menos" o de alguna madrugada de vigilia en el congreso durante la lucha por el aborto legal, seguro y gratuito. Cada que leo mis reflexiones posnoches de lluvia y el resultado de una votación en un congreso anti-derechos busco adentro mío algo de esa bronca, de ese coraje. Me queda el recuerdo, lejano, objetivo, casi relatado, como en Facebook, pero no el fuego. Aún con el aborto legal, seguro y gratuito ganado (¿asegurado?) lo único que logran hacerme sentir las luchas pasadas es derrota. Derrota como pérdida, como desgano, como mercenaria sin batalla, como el meme de buscando a Nemo del “¿y ahora qué?”.
Y uds. dirán, “Belén, sos mujer queer pobre amiga, tenés un montón de batallas que librar todavía” y sí, es cierto, pero ¿dónde está el rugido colectivo, la ola verde, la marea, la fuerza imparable aquella de la que escribí en 2018? ¿Dónde quedó el empuje? ¿Cuáles son las consignas hoy? ¿Cuál es la agenda, cuál es hashtag?
Bueno, todo esto para decir que "Mujer peor" es un libro fresco, actual, hilarante, rítmico, adictivo, que lxs va a hacer reír en voz alta pero que por su misma actualidad siento que plantea esas mismas preguntas, y termina cada parte dejándote ese mismo sentimiento fatalista que las personas que fuimos “un placer de tener en clase” y para las que un 9 no era bueno porque “¿qué te impedía hacer la prueba perfecta y sacarte un 10?” conocemos muy bien. No sé cómo poner en palabras el sentimiento exacto. Capaz que porque no es uno solo. Es una mezcla hasta contradictoria de mirar hasta dónde llegamos y también todo lo que falta.
Mujer peor te va a hacer reír, se va a reír de vos, de tu realidad, y creo que es porque sabe que no estamos listas en este momento para hacer mucho más que reírnos. Hasta que el absurdo nos colapse nuevamente y tengamos que desempolvar los pañuelos y volver a tomar las calles.
No, no creo que haya sido la intención de la autora, pero cada parte del libro encaja con un aspecto de mi vida hoy de una forma que hace imposible separar esta sensación de impotencia con la que convivo (y que se acrecentó en noviembre) de la impresión que me causó su lectura. De verdad. Incluso en una parte dice "Mirá, yo soy de Lanús".
Agradezco que haya llegado ahora a las librerías y a mi vida; me hizo sentir acompañada, casi casi como si estuviéramos dando la misma batalla.