La crisis económica de 2002, que afectó profundamente a las sociedades rioplatenses, es el marco de esta novela, que transcurre entre Uruguay y España. En ese ambiente de bancos que quiebran, inestabilidad y tensiones, Zeta, un hombre desesperado por conseguir dinero, atraviesa límites que nunca soñó cruzar y usa para alcanzar sus objetivos a las personas que encuentra en su camino, incluso a Marina, una mujer difícil de olvidar. En una trama ágil y atrapante, con sorpresas, engaños y acontecimientos imprevistos, Marina enfrentará este juego inquietante mediante la liberación y la catarsis de un final inesperado.
En la contratapa de este libro, Renzo Rossello propone que es "un gran tributo al género negro". No suelo leer novela negra y de hecho, tuve que hacer una pequeña búsqueda online para tener más claro qué significado tenía el término. Hecho esto, puedo decir que La trama violeta es una excelente novela negra. No solo porque es divertidísima de leer, con una propuesta narrativa impecable y muy atrapante, sino porque a su vez trae aspectos novedosos o poco comunes para el género, que enriquecen la obra y la hacen destacar. El primero de esos elementos es la ambientación: Montevideo y Madrid, durante la historia reciente. El segundo el crimen elegido, el financiero, que no suele ser lo común en lo que respecta a este tipo de propuestas. Creo que la lectura se ve ampliamente favorecida si, como es mi caso, el lector es local y conoce Montevideo, conoce las referencias geográficas, culturales, si vivió la crisis del 2002. Aún así está bien retratada para aquellos lectores que sean de fuera. Me saco el sombrero con la propuesta narrativa de Escardó. Hace gala de múltiples recursos, siempre en ese juego de lo dicho y lo no dicho, de crear pequeños suspensos y tensiones, de que todo en la trama tenga sentido. La estructura es rígida, quizá un poco clásica en tres actos, pero le permite focalizar en diferentes actores y dar dinamismo a la obra, así como un inicio, desarrollo y síntesis a la historia. Intercala a ello un breve relato en segunda persona, imponiendo aún más ese juego de lo velado, lo misterioso, dándole más profundidad y trasfondo a los protagonistas y al significado de sus historias y a cómo se entrelazan. Para mí lo más destacable es que, además de ser una lectura muy divertida y entretenida, amena, con un lenguaje sencillo y claro, la autora va deslizando sutiles planteos que ponen sobre el tapete temáticas importantes para nuestra realidad social, que también tenían su impacto en aquel momento en que se ambienta el libro: la complicidad de los poderosos a nivel político y económico y como hacían (y hacen) miserable, sin importarles ni un poco, la vida de otras personas. Las heridas de la memoria, ya sea de la última dictadura uruguaya o del franquismo. La lucha contra la homofobia (en la figura de Antonia), la adicción y sus consecuencias (en especial a través de la ludopatía de la madre de Zeta), los complejos entramados y problemáticas familiares (tanto en Zeta como en Marina). La crisis económica del 2002 y cómo para muchos resultó expulsiva empujando a la emigración. Los atentados del 11M en Madrid y sus consecuencias políticas y sociales; del mismo modo la relevancia (o no) del triunfo de la izquierda en Uruguay años después y la pregunta de si de verdad significó un cambio o fue más de lo mismo. Se podría llegar a pensar que Escardó eligió en el desarrollo de los personajes ciertos lugares comunes. En especial tuve esa sensación con Zeta. Pero creo que la gran propuesta narrativa compensa con creces cualquier posible detalle que pudiera verse como un paso en falso. No sé qué tan memorable va a ser esta historia, qué tanto la recordaré años más tarde, qué tan profunda huella me dejó. Pero en este momento y a modo de primeras impresiones, siento que leerla ha sido una gran satisfacción.