Más que un libro de noventa capítulos dedicados a noventa discos, ¡Lo tengo en vinilo! es una banda sonora. La de la vida de su autor, músico y fan que, desde su infancia, recuerda haber estado rodeado de discos. Discos que han trazado una cartografía musical y emocional a lo largo de sus cincuenta años de existencia y cuyos estilos fluctúan tanto como cualquier trayectoria vital. Discos tristes, alegres, salvajes, intimistas o juerguistas que le han acompañado durante momentos tan importantes como sus primeros pasos profesionales, sus amores y desamores, el fallecimiento de sus padres o incluso una pandemia mundial. Y es que, a entender de Oscar Avendaño, miembro del grupo Siniestro Total durante 21 años, el rock n roll es la música perfecta para acompañar éxitos y fracasos.
Gritar «¡Lo tengo en vinilo!» es una de las mayores demostraciones de poder que alguien puede exhibir frente a sus congéneres. Mayor que tener una inmensa fortuna o un cuerpo cincelado.
Porque a ver, Brad Pitt, ¿tú tienes en vinilo The Very Special World Of Lee Hazlewood? ¡Ah!, ¿que sí lo tienes? Qué cabrón, yo no…
El periodismo musical no suele ser mi rollo y rara vez me suelen entrar ganas de escuchar un grupo/disco/single a raíz de leer sobre él. Creo que la música llega y ya está.
Dicho esto, la única manera lícita de que alguien me hable de la música que le mola y que me den ganas de escucharla es cuando la acompaña de alguna historia personal o la contextualiza un poco en su universo.
Eso es todo lo que me gusta de este libro: recomendaciones musicales acompañadas de la historia de una vida. No es una selección de discos tanto como la radiografía de una vida estándar de alguien.
Conocer a Oscar y a casi todos los personajes secundarios del libro es un plus también, por supuesto. Todos me sacan 20 años pero no puedo evitar sentirme un poquito identificado con todo lo que pasa.
Libro con buen fondo en una no tan buena estructura narrativa. El libro está desequilibrado entre la parte humana y la que pretende motivar al libro (su colección de discos). Llega un momento en que lo que importa al lector es saber qué pasa con los personajes y no qué disco viene después.
El problema principal es que cada capítulo es una repetición estructural del anterior. Para que un músico me entienda: sería como dar un concierto con La Bamba, Wild Thing, Twist and Shout, Louie Louie, Wooly Bully y cerrar con Bailaré sobre tu tumba.
Pese a ello, es un dignísimo debut literario.
Mis consejos para su segundo (que debería haberlo) es trabajar mucho la narratología. No escribir ni una sola línea antes de saber qué quieres contar y cómo lo quieres contar.
Me ha servido para descubrir artistas que tenía fuera de mi radar, o revisitar otros que tenía olvidados.
Está bien unir el relato vivencial de la vida del autor con aquellos discos que le resultaron un buen acompañamiento, pero no va mucho más allá. Ni profundizando en los artistas ni en esos episodios vitales.
A ver, no me han entrado ganas de escuchar a Siniestro Total (ni honestamente casi ninguno de los discos mencionados), pero por lo demás un libro con bonitas anécdotas y lecciones de vida.