Cuando este libro llegó a mis manos, supe que me esperaba un viaje increíble pero, sin duda, Raquel superó con creces mis expectativas.
Desde el primer momento me di cuenta de que las tres protagonistas, Sabele, Rosita y Ame, no iban a actuar como en los pasados libros. La evolución de cada una de ellas es admirable, al igual que la manera en la que afrontan la terrible situación que están viviendo, decidiendo dejar de lado sus inseguridades, empoderándose. Creo que lo noté sobre todo en Rosita, que siempre se había presentado como una persona decidida y segura, pero que en este libro muestra su lado inseguro, aunque, en lugar de que eso fuera un impedimento para seguir con su misión, lo tomó como algo positivo y lo aceptó. Ame, en cambio, no abandona sus inseguridades ni pensamientos pesimistas hasta casi el final de la novela. Me encanta que sea tan entregada a su familia y amigas, porque veo que su principal motivación es cuidarlas y que jamás se rendiría, independientemente de la situación de la que se trate, si esas personas estuvieran en peligro (sobre todo cuando entrega sus sentimientos a las hadas para salvar a Matt). Y Sabele... no tengo palabras. Siento que en este libro conocimos la parte más real de Sabele, el miedo, las inseguridades y el apego emocional con Caleb son un pequeño lastre que arrastra durante la novela, pero, al igual que Rosita, no le impide superarse a sí misma y avanzar. Todos los personajes femeninos son increíbles, no dejan de sorprendernos en cada página. Jimena, Dani, Mercedes, Valeria... todas me asombran, y creo que es una de las mejores cosas de esta trilogía.
En cuanto a la trama principal... ¿Tengo derecho a llorar de la tristeza? Si bien Caleb nunca fue de mis personajes favoritos, más bien entraba en mi lista de personajes odiados, se me rompió el corazón cuando murió a manos del Caos. Sin duda es un villano complejo, merecedor de un debate largo. La manera en la que se incluían recuerdos o momentos del pasado entre los capítulos de los personajes me gustó muchísimo, por no mencionar el hecho de que vinieran a Galicia, que fue uno de los "highlights" de la novela. Cada vez que pase por el Miño, recordaré el capítulo del altar de las meigas.
Y AHORA : LUC. Estaba tardando en mencionarlo, y juro que no es una cuestión de favoritismo, pero creo que en esta entrega, Luc se supera aún más que en las anteriores. Su carisma, actitud y pasión me encandilaron, conocer un poco más el pasado de su familia fue muy interesante, creo que los Fonseca son una especie en peligro de extinción que deberíamos proteger con todo nuestro amor. Creo que sobra decir que me pasé los tres capítulos, en los que creíamos que estaba muerto, llorando. Qué manera más fácil de jugar con mis sentimientos. Además de que esa escena en la que toca con su grupo a las puertas de la mansión Saveedra... es que de verdad que no tengo palabras para describir lo feliz que me hace, por no hablar de su relación con Sabele.
Me llevo un precioso recuerdo de esta trilogía, no puedo esperar a leer más sobre este mundo y estos personajes. Raquel ha hecho un trabajo increíble, y le agradezco un montón que nos haya brindado una historia como esta. Espero volver a encontrarme en el mundo de las brujas y los nigromantes pronto.