Separar las cosas del piso reúne un conjunto de ensayos en los que, a partir de memorias y anécdotas familiares, la autora explora la idea de la desaparición y de las catástrofes propias de la vida cotidiana. En el ejercicio de recordar, y entrelazando los diversos cuadros de cada ensayo, poco a poco se va configurando una historia sentimental plena de ironía y de agudo pesimismo. Al cabo de las páginas, la autora se va quitando las capas que recubren su nombre, exponiendo una franqueza seductora, inteligente, y dejándose ver casi completamente desnuda en sus sentimientos y emociones. Encuentra el lector entonces una figura de un patetismo hilarante y, al mismo tiempo, de una luminosidad reparadora.
lo leí en un duelo y tuve que dejarlo, lo que siempre es una buen indicador de que el libro realmentemueve y conmueve
siempre in en poetizar y reflexionar desde y para lo cotidiano, aunque a veces en el libro lo cotidiano está disperso y se abren más puertas de las que se cierran; el tono de la segunda parte es mucho más interesante, pero un poco largo para mí gusto. casi es más larga la justificación del libro que el propio libro
Entre estar sentado y estar muerto hay una diferencia de ángulo; la verticalidad es una lucha contra las dos únicas leyes que no podemos cambiar: la muerte y la gravedad.
Cuando dejamos de respirar, cuando se termina el aire entre la vida y las cosas, se acaba también el espacio entre nosotros y la tierra.
Lucia conversa como escribe y escribe como conversa. Propone un dialogo inteligente y exigente que no subestima a su lector/interlocutor. Particular y universal